La guerra entre el Cielo y el Infierno, con nuestro mundo como campo de batalla, es una idea recurrente en los cómics. La saga American Gothic, de Swamp Thing (por Alan Moore) es un buen ejemplo, pero hay muchos otros. Normalmente se trata de historias épicas en las que los sacrificios para evitar el Apocalipsis están a la orden del día y el Todo está en juego, aunque en ocasiones el guionista de turno lo hizo con altura (Moore, nuevamente, pero podemos pensar en el arco argumental Estación de Nieblas, de Neil Gaiman en Sandman). Lo que no es (tan) habitual es tomarse la temática a broma y trastocar los papeles o alterar de raíz las reglas del juego.
Eso es lo que sucede con Mercy Sparks (#0, DDP), de Josh Blaylock y Matt Merhoff; y Golly! (#1, Image), de Phil Hester y Brook Turner.
La primera, en su “número piloto”, nos presenta a la protagonista que da nombre al título: una demonia (con cuernos y cola, por cierto: el dibujante ha resuelto más que bien el detalle de cómo se pone un demonio con cola un jean). Mercy está hastiada de su vida rutinaria en She’ol, de su vida sexual, de salir con demonios (“¡como si no alcanzara con dos ojos que se les van!”, se queja tras echar a uno de su departamento) y frustrada en la relación con sus padres, contra quienes se rebela tatuándose alitas, estrellas y otros elementos de la iconografía celestial. A Mercy le “pedirá” un demonio mayor que vaya a la Tierra (“la tierra de fantasía de Adán y Eva”, lo recrimina ella) a poner orden entre ángeles díscolos (con aureolita y todo)… pero la mandará a expreso pedido de la Divinidad, porque a saber: aquí los buenos son los demonios y los malos los ángeles.
Hasta ahí se llega, porque el número piloto, puesto a la venta en EE.UU. por 99 centavos de dólar tiene 11 páginas de historieta y unas pocas más con comentarios de su creador. Con unos toques saludables de cartoon en el dibujo, Mercy Sparks confía en ser un título gracioso pero a la vez parece estar dispuesto a soltar aquí y allá algunas líneas sobre metafísica y religión (ya se verá con qué resultado). Unas fichitas por ahí.
El otro título es Golly!, en la que también el protagonista da título a la serie. Golly es un mecánico de 28 años que malvive en una feria ambulante de variedades, de esas con shows bizarros que tanto parecen abundar en EE.UU. (si uno tiene que creer al sobreconsumo de productos norteamericanos) y aquí no existen.
Medio imbécil y con pésima suerte (quizás producto de no ser la mente más lúcida del continente), Golly se encuentra de buenas a primeras con un ángel que le informa, algo displicente, que Dios pospuso el Apocalipsis indefinidamente “por falta de interés de las partes”. El problema, explica el ángel, es que algunas entidades oscuras no se dieron por enteradas (que no recibieron el memo, pareciera) y siguen planificando en pos del mentado fin del mundo. Y ahí tiene que ir el protagonista a ponerlas en autos del asunto. Hecho su trabajo, el ángel se manda a mudar, que en Australia lleva 42 años trabajando en el nacimiento de un gusano, algo que le parece bastante más relevante que el destino de la humanidad.
¿Puntos fuertes de este título? La galería de personajes promete: un montón de freaks que a primera vista parecen un anti-estereotipo andante, un dibujo decente (la tapa es muy buena) y diálogos muy, muy buenos con atractivas pinceladas de humor. La discusión entre el protagonista y el ángel, por ejemplo, es superlativa.
De modo que para quienes disfruten de las historias de ángeles y demonios, pero estén aburridos de los lugares comunes “servidor infernal buscando redención”, “ángel buscando ganarse el regreso al cielo amasijando demonios”, o similares, ahí están Golly! y Mercy Spark para echarse unas risas e invertir los papeles.






[...] algo gastadas, como que el cielo y el infierno no son lo que se nos cuenta (aquí en Cuadritos se habló al respecto) o que esas instituciones están manejadas como empresas. Algo de esto sucedía incluso en Buffy, [...]
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