
Nekrodamus revive en una miniserie publicada por Thalos
Quizás Nekrodamus no sea el personaje más conocido de Héctor Germán Oesterheld. Aquel personaje creado en 1974 en compañía de Horacio Lalia suele pasar por debajo del radar cuando se lo compara con las creaciones más populares del autor del Eternauta. Sin embargo, algo en el personaje lo mantiene vigente y eso explica que la editorial Thalos haya lanzado durante el último Animate una miniserie que recopila algunas de las historias. Se trata, eso sí, de las historias escritas por Walter Slavich en colaboración con el mismo Lalia tiempo después de que la última dictadura militar secuestrara y desapareciera a Oesterheld.
En la visión que propuso Slavich, tanto el demonio encarnado en el joven Conde Sarlo D’Averso como su asistente, el deforme Gor, son fieles a los personajes originales. Así advierte desde un prólogo cuidado el crítico Fabio Blanco. La advertencia viene acompañada de una mirada histórica del personaje y sirve para contextualizar las dos historias que se presentan.
La yapa que trae este primer número es una historia especial, guionada por los hermanos Andrés y Diego Accorsi y dibujada por el mismo Lalia, que cuenta el origen de Nekrodamus a la vez que retrata su temperamento. Lo único que se puede reprochar a la inclusión de esta historia es que ya apareció en el primer número de Pandemonium, de la misma editorial, con lo cual algunos lectores en común pueden haber sentido que compraban sólo media revista.
Demonios en un cuerpo humano y seres infernales que buscan redención hay a patadas en la historieta. Lo que distingue a esta creación de Oesterheld es, como sucedía invariablemente con sus personajes, su redondez. Nekrodamus es cualquier cosa menos un personaje chato. Tiene aristas, rugosidades, defectos y virtudes. Y no es infalible, rasgo del que Oesterheld solía privar a sus personajes con el exquisito resultado de volverlos humanos.
¿Siempre que un demonio busca la redención la historia se convierte en una metáfora del pecador volviendo al rebaño? Quizás esta sea una excepción saludable. En primer lugar porque Oesterheld y quienes le siguieron en el guión del impostado Conde Sarlo no quisieron que la redención consista en buscar el cielo o el perdón divino. En todo caso, la búsqueda del protagonista y su ayudante es la de ser dignos ante sí mismos y quienes lo rodean, un poco mejores de lo que ya son, ayudando al prójimo.

Un trazo hiper clásico de Lalia para ilustrar la Europa renacentista
El que Nekrodamus no consiga hacerse pasar efectivamente por el Conde Sarlo quizás sea un dato para ahondar en la interpretación del personaje: para el mundo sigue siendo un demonio, sigue siendo aquello que oficialmente está del lado del mal (o del “Mal” con mayúsculas) y por tanto es censurable, criticable y atacable. Pero los desesperados, los desahuciados, los desclasados de la Europa renacentista fantástica que propone la historia van a buscarlo invariablemente como una última esperanza. Una esperanza que, además, no se cobrará su alma como la propaganda querría hacerles creer.
Entonces, ¿no existe la posibilidad de que Nekrodamus funcione como metáfora de las ideologías y los personajes históricos denostados por la historia oficial? ¿No nos avisará Oesterheld que el mote de “demonio” puede ser sólo un cartel injurioso con el que quienes detentan el poder intentan aislar a quienes pueden señalar los verdaderos pecados? Quizás. Quizás no. Pero el beneficio de la duda, a la vista de la carrera comprometida y brillante del creador permite suponerlo o evaluarlo.
Comentar los dibujos que ilustran cada cuadrito es una tarea que -se supone- corresponde también a una reseña. Pero es en balde. Los trazos clásicos de Lalia presentan a la perfección lo que la historia narra. La sensación de estar ante algo que mezcla el horror tradicional con momentos de honda sensibilidad. Las viñetas dinámicas de los combates a la par de los melancólicos diálogos de Gor con sus ratas. Los fondos cuidados, los efectos de bruma que se manifiestan claramente sin opacar los códigos necesarios para cada escena.
Lo dicho: es un dibujo clásico y es fiel al estilo de la época. Vamos, que tiene unos 20 años a cuestas. Pero sigue vigente y proponiendo ideas. Sólo cabe esperar que su publicación sea regular.
Esto no es lo mismo que salió en un libro? con tapa de Olivetti o Bobillo (creo)?
Comentario por Rubén — Diciembre 30, 2008 @ 11:32 am |
O sea, esa pagina yo ya la vi,y no tengo la revista de Talos
Comentario por Rubén — Diciembre 30, 2008 @ 11:40 am |
No sabría decirte, Rubén, porque no tengo la publicación a la que hacés referencia. Pero es posible, esta miniserie de Nekrodamus es material ya publicado que ahora reaparece. Viendo el texto, creo que no lo dejé suficientemente claro. Pido disculpas.
Comentario por Andrés Valenzuela — Diciembre 30, 2008 @ 12:06 pm |
el libro con tapa de oliveti es la recopilacion de todo lo que se publico con oesterheld y lo que se atribuyo a el (osea, guiones de saccomano, trillo y de los santos -roger king-). Lo edito record mas o menos para la misma epoca que salio la tercer etapa del personaje guionado por Slavich (la segunda fue a principios de los 80 por ray collins).
espero que haya servido.
brian.
Comentario por brianjanchez — Diciembre 30, 2008 @ 1:28 pm |
Fantástico dato.
Agrego, por si sirve de algo: la imagen corresponde a la historia guionada por los hermanos Accorsi y dibujada por Lalia.
Comentario por Andrés Valenzuela — Diciembre 30, 2008 @ 2:03 pm |
[...] parte del aniversario de Cuadritos, corresponde esta reseña-balance sobre la que ya se hizo en su momento. Se trata de una publicación interesante pero que sufrió de ritmo incierto y que, por eso mismo, [...]
Pingback por Congelados « Cuadritos, periodismo de historieta — Septiembre 18, 2009 @ 9:32 am |