El mercado de historietas canadiense consiste, en verdad, en dos mercados. Uno para cada uno de los idiomas que habla la población: el francés y el inglés. Ambos están solapados, además, pues aproximadamente el 60 por ciento de sus habitantes domina a ambos. Thomas Louis-Côté es el director general del Festival de la bande dessinée francophone de Québec, que nació en 1988 a instancias de un coleccionista privado (Réal Fillion) quien se asoció con un shopping para darle vuelo y visibilidad al proyecto.
Desde sus orígenes, el festival apuntó a dar visibilidad a la BD escrita en la lengua de Voltaire. Tin Tin, Asterix y compañía, desde ya, eran las estrellas. “Pero alrededor de seis años atrás, el fundador murió y al mismo tiempo cambió la gente que organizaba el evento”, cuenta Louis-Côté, “ahí cambió el foco del coleccionismo de cómics y a los autores extranjeros hacia los artistas de Quebec (tanto la ciudad como la provincia)”.
El espacio que se le brinda a cada autor es siempre objeto de debate. “Siempre hay quien considera que tal no debe estar porque es demasiado comercial, o que tal otro no merece un premio porque no escribió su propia historia, aunque sus dibujos sean fantásticos”, señala el responsable del festival, “pero a medida que la comunidad de historietistas de Quebec se fortalece, esto tiende a desaparecer”.
El mercado de cómics de Quebec tiene varios paralelismos que sirven para reflexionar sobre el espacio de la historieta en Argentina. Entre los autores y amantes de las viñetas, cuenta Louis-Côté, la única disputa vigente “es la misma que en Europa: si algo es considerado comercial o de autor“. En ese choque el festival local juega un papel fundamental para acercar posiciones. “Es en eventos como el nuestro, que involucran a un montón de autores de distintos trasfondos donde inevitablemente empiezan a hablar, se conocen, y aún si no les gusta lo que el otro hace, comienzan a respetarse, de modo que es muy difícil acusar a alguien de comercial o de lo que sea cuando lo conoce”, destaca.
Como en nuestro país, también allí en los últimos diez años la novela gráfica fue ganando terreno y surgieron editores dedicados a ese nicho. Este crecimiento se dio tanto en los mercados francófonos y anglófonos de Canadá. “Desde entonces han estado publicando más y más, y creciendo mucho”, traza el panorama el director del festival. “También tratamos de integrar el manga, pero es difícil conseguir a los autores, que además son caros”, apunta y agrega que pese a todo le dan espacio a un grupo de artistas locales que intenta hacer “manga de Quebec”.
Desde hace algunos años, el Festival abandonó el shopping y tiene lugar durante la Feria del Libro de Quebec. “Allí alquilamos espacio para un escenario, exposiciones, talleres y demás. La gente que viene paga dos dólares para entrar a la Feria, pero una vez dentro, el festival es gratuito”, aclara, “también tenemos actividades fuera: conciertos, más talleres, de todo, pero siempre es gratis, la gente ya paga dos dólares por entrar a la Feria del Libro, no queremos que paguen más”.
¿Cuáles son las ventajas de ser un evento que funciona dentro de otro? “Una es que todos los libros ya están allí, de modo que no vendemos libros, sólo nos preocupamos por promover la historieta”, y reflexiona: “creo que si nos mantuvimos 22 años es porque no tenemos interés comercial, es decir que si no vendemos igual podemos estar allí al año siguiente”. Ese problema, cuenta, se vive en Montreal, otra gran ciudad de la misma provincia, donde ningún evento superó los tres o cuatro años de permanencia “porque están organizados por los editores y sólo buscan vender”.
Vender sin promocionar los libros es algo que a muchos lectores de Cuadritos les resultará familiar. El problema no es exclusivo de Argentina, advierte el entrevistado. “Invertir dinero para ganar dinero no es algo que mucha gente haga”, destaca. “En nuestro caso, ya estar en una Feria del Libro cuesta dinero, y agregar más costos invitando autores no es algo muy popular entre los editores, así que lo que hacemos con ellos es una suerte de intercambio”. ¿En qué consiste? “Si traés a tal autor, yo traigo otros dos, o nosotros pagamos el transporte y ustedes el hotel; claro que no siempre acordamos en qué artista es valioso y conviene promover”, aclara.
“A diferencia de la literatura, las historietas tienen la ventaja de ser visuales”, afirma Louis-Côté, “si hay alguien dibujando, la gente se parará a mirar, querrán saber quién es y quizás se interesen y compren el libro, pero el dibujante tiene que estar allí para promocionarlo, sino un montón de gente sencillamente seguirá de largo y no le prestará atención”.
La primera fotografía es producción de Cuadritos, mientras que la segunda y la tercera corresponden al blog Bach y al Québec Hebdo, respectivamente.



Muy interesante, da para un post más extenso si la entrevista siguió!
Otra cosa sobre la historieta canadiense que Thomás Louis me comentó al pasar es que, con respecto a la ayuda del Estado, hay distintas visiones entre francófonos y anglófonos: para unos la historieta se ve como un objeto relacionado con las artes visuales, y para otros como un producto de la industria editorial. Esto hace que las políticas desde el Estado difieran bastante, de un lado premios y exposiciones, más relacionados a lo artísticos, y del otro, incentivos a la producción. No recuerdo quién propugna cada cuál, pero me quedé con su mail para profundizar sobre esto.
Saludos!
comentario por Lucianob — Julio 5, 2009 @ 1:31 pm |
Mmmm… cómo se dirá el nombre de mi comic en francés?
Ja! Interesante el artículo.
comentario por Luis — Julio 5, 2009 @ 1:50 pm |
sin saber especificamente sobre el tema, se me hace que en quebec al hablar en frances deben estar muy influidos por la bd franco-belga, y por lo tanto deben tener una vision un poco mas artistica. y en el resto de canada, angloparlante, debe pesar mas el comic estadounidense comercial. por otra parte, la entrada a la feria del libro les cuesta 2 dolares, casi la mitad que aca. e incluye una feria de historietas! que lindo.
comentario por gonzalo — Julio 6, 2009 @ 1:05 am |
Luciano, intuyo que el lado angloparlante debe mirar más hacia lo industrial. Máxime considerando que las editoriales grandes, como DC o Marvel, imprimen en Canadá.
Gracias, Luis.
Gonzalo, efectivamente, en el Canadá francófono la BD franco-belga es la que más los influenció, mientras que el cómic USA pega más entre los anglófonos. De cualquier modo, señalaba Côté durante la entrevista que la llegada de la novela gráfica y el libro como nuevo modelo de negocios había acercado ambos mundos dentro de su país.
comentario por Andrés Valenzuela — Julio 6, 2009 @ 12:33 pm |