Quien más, quien menos, casi toda la humanidad ha tenido en algún momento u otro la sensación de que hubo un instante de su vida que cambió su futuro. Algo que se hizo o se dejó de hacer. Una palabra callada o dicha de más. Un evento incontrolado y azaroso. El coletazo de una desgracia -o alegría- ajena. Un amor que no fue y caló demasiado hondo. Un padre ausente. Una incógnita en -disculpen, lectores, la vulgaridad- la ecuación de la vida. No son pocos quienes años después se siguen preguntando “¿qué hubiese pasado si…?”
Esto para empezar a hablar de El Campito, la novela gráfica de Diego Agrimbau y Hernán Gutiérrez que, además, supone la primera edición conjunta de LocoRabia y el Grupo Belerofonte. La historia transcurre en el barrio porteño de Flores y desde la tapa garantiza paisajes naturales. Ese paso a nivel, esas fachadas antiguas en las esquinas y esas baldosas son las mismas que camina el guionista cuando sale de su estudio para despejarse un rato. Son, sin dudas, aquellas donde se sometió al fotógrafo de Página/12 para su entrevista y que Gutiérrez retrató para documentarse.
“En el año 1987 yo solía ir a jugar a las vías del tren, tenía un par de amigos como los de Luis y vivía en Rivadavia y Nazca, barrio de Flores. Hasta ahí llegan las capacidades autobiográficas de esta historia”, advierte Agrimbau en un prólogo ubicado extrañamente al final del libro. Las palabras del guionista también dan cuenta de algunos otros detalles extraños de la hechura de la novela. Por ejemplo, que tardó terminarse, porque su dibujante se tomó una “pausita” de siete años para estudiar una carrera universitaria, a falta de diez páginas para concluir su trabajo.
El Campito aborda la magia de la pubertad en plenos años ‘80. Los nostálgicos de la década que hoy estalla en boliches y fiestas estarán, además, de parabienes: las páginas del libro están repletas de referencias históricas y, además, los autores incluyeron algunos juegos gráficos para que el lector se deleite buscando íconos de la infancia ochentosa.
El concepto más fuerte e interesante detrás de la novela de Agrimbau y Gutiérrez, sin embargo, es atemporal: es la idea de que quienes fuimos hace el quienes somos. Que nuestras elecciones, aciertos y errores nos convierten en los hombres y las mujeres que se miran al espejo.
Es inevitable que el libro “le hable” a los lectores de entre 25 y 35, esos que vivieron su infancia/pubertad/primera adolescencia más o menos en esa época. Pero El Campito, como buena historia atemporal, supera las limitaciones de los momentos históricos. Si se reeditara dentro de 20 años con una escenografía de comienzos del siglo XXI, seguiría llamando a esa generación. Y también a la que tendrá entre 25 y 35 de aquí a dos décadas.
En lo estrictamente historietístico, conviene prestar atención a las primeras frases de cada personaje. En dos líneas el guionista los delinea irremediablemente y ya desde la primera palabra y el primer gesto que les dibuja Gutiérrez es posible imaginar qué clase de persona es (y será) cada uno.
El dibujo, en tanto, conjuga una estética “semi-funny” de personajes estilizados y sonrisas de caballo con fondos de espectacular precisión que, claro, referencian a sus homónimos reales. De este modo, el artista consigue poner en viñetas un relato claramente realista y duro, pero con un tono definitivamente adolescente.
Por lo demás, la historia está impregnada de un tono que, si no es nihilista, al menos sí bordea en el fatalismo. Porque si no es posible volver a la adolescencia, tampoco se pueden arreglar los errores del pasado.



Dan muchas ganas de leerla…
comentario por Luis — Julio 7, 2009 @ 10:23 am |
una dupla muy efectiva,yo leí algunas páginas y está para seguirlas,quería saber cómo seguía…a algunos amigos comiqueros no le gusta el dibujante y no entienden cómo agrimbau lo eligió,sin embargo a mí me resultó muy bueno,al menos lo poco que ví.
comentario por Tito Pedraza — Julio 7, 2009 @ 2:12 pm |
Esta historieta es GENIAL, y me alegro mucho que exista un proyecto como Loco Rabia donde publicar este tipo de joyas…
comentario por Martín Casanova — Julio 10, 2009 @ 8:18 pm |
Tito, cuando uno empieza a prestarle atención a cómo Gutiérrez integra los fondos a la narración… se cae de culo. Marcales eso a tus amigos. Después, las caras, ya dependerá de su gusto por el grotesco o las mandíbulas de caballo (que le salen MUY bien, pero ya es cuestión de gustos).
comentario por Andrés Valenzuela — Julio 11, 2009 @ 2:34 pm |
Muchas gracias Andrés por tan buena reseña!
Muchas gracias también a Martín por su comentario, muy importante para mí ya que su labor editorial ha guiado nuestros pasos de algún modo.
comentario por Marcos | LocoRabia editora — Julio 12, 2009 @ 9:37 pm |
Gracias Valenzuela por hacerme ver eso,no lo tenía tan en cuenta.slds.
comentario por Tito Pedraza — Julio 13, 2009 @ 11:49 am |