Cuadritos, periodismo de historieta

enero 28, 2011

Que los zombies no te manden a las cavernas

Filed under: Cómic USA,Reseñas — Andrés Valenzuela @ 10:00 am
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OvniPress lanzó una miniserie de tres números (dobles) que reúne el primer arco argumental

Mientras los hombres salen de cacería, las mujeres van al río a lavar la ropa. No es una historia ambientada en la edad media, sino a un relato bien contemporáneo. Nada menos que The Walking Dead, una de las historietas de zombies más celebradas de los últimos años y que acaba de ser publicada en nuestro país por OvniPress como miniserie y pronto reaparecerá como serie regular. El clamor que la precede no es vano: desde lo historietístico se trata de un trabajo notable del guionista Robert Kirkman y su compañero en los lápices Tony Moore.

Kirkman lleva con talento la curva dramática y genera situaciones de fuerte tensión en un mundo post-apocalíptico. Lo hace, además, en un medio ya acostumbrado a esta clase de historias de mundos venidos abajo. Moore es su compañero perfecto. Logra que el lector se sumerja en la historia y, además, captura muy bien el clima del relato, sin ser 100 por ciento realista. Narrativamente, no hay una sola viñeta que sobre ni que falte. Sin embargo, el encanto de la dupla empieza a deslucirse conforme avanza la historia, pues añora un orden policíaco-militar y prácticamente propone el regreso de la mujer a un lugar de sumisión, con un espíritu fuertemente misógino.

La historia se ocupa de un grupo de sobrevivientes de una repentina plaga zombie. Un grupo de hombres y mujeres que se refugia en un campamento en las afueras de Atlanta, a la espera de una ayuda providencial. Las tensiones personales escalan mientras la seguridad y la organización de las tareas se vuelven asuntos prioritarios. Con el “orden social” deshecho por la ola de muertos que caminan (Walking Dead, justamente), los sobrevivientes se dan a sí mismos una suerte de orden natural que no cuestionan. El quid de la cuestión, entonces, es ver cuál es ese orden natural que proponen los autores.

Moore captura muy bien el clima desesperante de la serie

Tal como se analizó oportunamente en Cuadritos respecto a la adaptación televisiva, aquí el protagonista (Rick) busca volver a ponerse su uniforme. La placa como institución y orden, es “el” símbolo para el personaje que conduce el relato. El verde oliva militar lo es para su amigo (también policía), que no se atreve a moverse de su sitio mientras está a la espera de que el Ejército se haga cargo de la situación “y ponga orden”. En sus discursos, ambos lo señalan como una cuestión “práctica”. No la praxis del hacer, sino lo que es presuntamente más fácil y mejor.

No será la primera ni única vez que un personaje de la serie esgrima la “practicidad” como valor. Ese “ser práctico” (ser administrador, ser gerente) que se pretende a-ideológico, pero que en el fondo encarna el retorno a usos y costumbres antediluvianos.

La mujer, como se señaló más arriba, queda relegada en la historia a un rol subalterno. El protagonista ignora la opinión de su esposa sobre la crianza de su hijo: no sólo le enseña a manejar un arma, también le entrega una para que la lleve cargada. Su madre se opone, pero el relato (verbigracia: el guionista) justifican a Rick cuando es el mismo niño de siete años quien salva primero a su madre, luego a su padre, y siempre a los tiros y mientras a la mujer la pistola se le cae de las manos.

Mientras transcurre esta escena, la única mujer del grupo que Kirkman presenta como talentosa con un arma de fuego está en el piso, sollozando por su compañera, a quien acaban de matar a mordiscones. La joven, “evidentemente”, es débil y necesita que la defiendan.

En otro pasaje, las chicas del grupo “celebran” tener un nuevo detergente. Sólo una mujer cuestiona el rol que le asignaron sus guardianes. Es la propia esposa de Rick la quien -ahora- esgrime la “practicidad” como valor y asegura, casi con ternura, que su hombre sería incapaz de lavarse la camisa como corresponde. Paradójicamente, esta misma señora que cuestiona el machismo que gobierna el grupo, también se erige como guardiana de un “orden moral” más bien conservador, pues dos jovencitas viven con otro de los hombres. Como es de esperar, una de las chicas muere pronto en la historia. Pero además, el señor de marras explica que no se acuesta con ellas, sino que las acepta consigo porque le mantienen la casa rondante “limpia” y que, además, “huelen bien”.

Los sobrevivientes son un grupo de desharapados que se aferran al poco orden que pueden recordar

Lo paradójico del caso es que Kirkman y Moore consiguen una enorme épica de zombies a contramano de lo que el género postuló en sus mejores momentos. Los muertos vivientes, al cabo, sirvieron como notable crítica social en las distintas encarnaciones que propuso George Romero o (aunque en un plan más porno-gore) el canadiense Bruce LaBruce. Kirkman, en cambio, logra un buen relato ensalzando los valores más retrógrados y sistémicos.

***

Ficha Técnica

The Walking Dead #1-3 (como miniserie)

Guión/Dibujo: Robert Kirkman / Tony Moore

Género: zombies/postapocalíptico

Editorial: Image / OvniPress

Lanzamiento: noviembre 2010

Origen: EE.UU.

Páginas/papel: 48, 24 x 17 cm. (cada número)

8 comentarios »

  1. ay ay ay! qué pocas ganas me dan de leerlo…

    Comentario por Lucy — enero 28, 2011 @ 12:17 pm | Responder

  2. Muy buena crítica Andrés!. Beso.

    Comentario por Laura Vazquez — enero 28, 2011 @ 12:49 pm | Responder

  3. Quizas, solo quizas, esta un poquitin exagerada la critica.
    Las mujeres a lo largo de la historia de TWD son importante y fuertes. El personaje de Michonne con su espada samurai no es para nada debil.
    A lo largo de los nuemeros habla mas de la perdida de valores, cualquiera que sean, en pos de la supervivencia, aun los valores retrogrados.

    Comentario por Julián — enero 28, 2011 @ 12:55 pm | Responder

  4. Los zombies siempre sirvieron como plataforma para que sus escritores pudieran plantear sus pensamientos para con el mundo.
    Desde el antropológico concepto de la otredad de Richard Matheson (acá son vampiros, pero para el caso viene a ser lo mismo) pasando por la misoginia de Lucio Fulci (el director se defendería de las críticas diciendo que si las mujeres quieren que las trate mejor que no envíen a sus hijos a las iglesias) hasta el antilimitarismo explícito de George Romero.
    Así, los zombies se convirtieron en una buena manera de explicar los tiempos (al menos los tiempos que atraviesa EEUU).
    No es ni bueno ni malo que Kirkman plantee las cosas del modo que lo plantea (aunque verdaderamente estoy ansioso por ver cómo evoluciona la historia). Sí, es raro que el protagonista se ponga en pleno apocalípsis su traje de policía. Y, si, es raro la utilización del arma por parte del pibe y lo relagadas que quedan las mujeres a las tareas domésticas.
    Existen otras propuestas que contaron las cosas de manera diferentes. Planet Terror, por ejemplo, nos sacó el sueño cuando nos mostró a un niño manipulando un arma y volandose la tapa de los sesos. El mismo George Romero realizó una remake de su película primigenia como modo de pedirle disculpas a su blondo y tonto personaje femenino: la vuelve la heroina absoluta de la historia.

    La historieta, sin embargo, está muy contada. Uno disfruta con su lectura. Y lo bueno que tiene es que deja lugar a que uno le discuta a los valores que vierte.

    Pero vamos a ver… a los muertos les falta mucho todavía para caminar… y la edición de OVNI PRESS es una verdadera joyita.

    Comentario por Luciano Saracino — enero 28, 2011 @ 3:49 pm | Responder

  5. “Narrativamente, no hay una sola viñeta que sobre ni que falte”

    mmmm, no estoy tan de acuerdo. “Faltan” viñetas: va a los pedos al principio, no me gustó que Rick se encuentre tan rápido con su familia…

    Comentario por George Ramero — enero 28, 2011 @ 8:46 pm | Responder

  6. Normalmente las criticas de cuadritos me parecen muy acertadas, pero esta vez estoy muy en desacuerdo.
    Me parece que es un error muy grande creer que la moral de los personajes, o del relato en sí se corresponden a la moral del autor.
    Creo que el autor lo que pretende es justamente mostrar el impacto que tiene una situacion apocaliptica en el contrato social.
    Cualquier guionista medio pelo es capaz de lograr esa distancia. Imaginense sino si Frank Miller hubiera tenido que hacer “300” con espartanos pacifistas y humanistas por miedo a que se lo acuse de fascista. Seria volver a los años de la Comics Code Authority con historias sosas y moralina barata.

    Comentario por Noid.EXE — febrero 1, 2011 @ 1:51 am | Responder

    • Lisandro, mil disculpas por la demora en responder tu comentario.

      Yo no confundo la moral de los personajes con la del autor. La posición del autor se revela no en la de sus personajes, sino en lo que él señala sobre ellos. Y todo cuanto hace Kirkman es para aplaudir esta visión retrógrada del mundo y la posición de la mujer en él. En el cómo se elige narrar una historia, el qué elementos se hacen presentes y de qué modo, es ahí donde Kirkman se revela como un misógino.

      Jamás se me ocurriría decir que Trillo añora los años del Proceso por hacer de un personaje como Guastavino su protagonista. Más bien todo lo contrario, el cómo presenta al personaje es lo que te marca que Trillo está en las antípodas del pensamiento de Guastavino.

      Y por cierto, justo justo el ejemplo de Frank Miller es poco indicado. Es conocido como uno de los tipos más reaccionarios y conservadores de la historieta norteamericana. Nuevamente, el tema no es que hiciera 300, el problema pasa por cómo presenta a esos 300. Herodoto hizo otra cosa con esos espartanos, sin por eso contar menos el drama de 300 tipos entrenados como máquinas de guerra frente a un ejército inmensamente superior.

      Ah, y el Comics Code Authority fue creado con la excusa de la moralina barata, pero básicamente para liquidar a una editorial (EC) que vendía mucho más que el resto. Me parece bastante distinta la moralina que invocaron en ese caso “pervertir la mente de los jóvenes” que lo que se señala en esta reseña, que es una posición muy fuerte contra una serie de derechos sociales. Y si algo temían quienes apoyaron el CCA no eran los valores conservadores, sino su opuesto. La “perversión” de las mentes juveniles para ellos pasaban porque se volcaran a la delincuencia juvenil, el comunismo o se volvieran “librepensadores”

      Comentario por Andrés Valenzuela — febrero 3, 2011 @ 3:12 pm | Responder

  7. >Lisandro, mil disculpas por la demora en responder tu comentario.
    Para nada, muchas gracias a vos por tomarte el tiempo de dar una respuesta clara y detallada.

    Comentario por Noid.EXE — febrero 3, 2011 @ 3:40 pm | Responder


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