Cuadritos, periodismo de historieta

febrero 3, 2013

¿Cómo seguimos?

Filed under: Cómic argentino,Especiales — Andrés Valenzuela @ 10:00 am

Uno empieza a escribir un artículo y de golpe van surgiendo cosas. Se topa con otras ideas. La cabeza se va, piensa, y de pronto, ya no tiene sentido el artículo original y hay que borrar y empezar de nuevo. Eso es lo que pasó con la nota de hoy. Iba a ser un bonus track de la entrevista a Judith Gociol y José María Gutiérrez publicada el otro día en Página, en la que hablaron sobre el Archivo Nacional de Historieta y Humor Gráfico que crearon en la Biblioteca Nacional y que, de a poco, va ordenando el material disponible sobre la materia en el país. No es poca cosa. Y aquí entraban detalles tales como los ejemplares de El Zorro, o la colección de Zoppi que consiguieron, o… bueno, otro montón de detalles que a medida que se escriban estas líneas iremos viendo si entran o no.

Porque mientras pensaba el bonus track se fueron cruzando otras lecturas, como este debate en la revista digital Cultura y medios sobre el estado de la cuestión. Un debate interesante en el que se cruzan Laura Vazquez (Ojo al cuadrito, Viñetas Serias), Diego Agrimbau (La burbuja de Bertold, Cieloalto), Federico Grunaeur (Mal Tiempo, editorial Agua Negra) y Javier Doeyo (editorial Historietas Argentinas). En el medio de esa lectura sucedió la semana de parate de Cuadritos, que sirvió para pensar muchas cuestiones, incluyendo a este mismo espacio, y esas reflexiones obligaron a poner en perspectiva el camino recorrido y la compañía que se tuvo en estos cuatro años y pico, y notar (o ratificar, más bien) que muchas de esas figuras aparecieron más o menos hace cinco o seis años.

¿Cómo es esto? ¿Qué pasaba hace cinco años? Bueno, hace cinco años Cuadritos era todavía el germen de una idea, pero no le faltaba mucho para nacer. Hace cinco años Domus publicaba Odio, de Peter Bagge, y era la época en la que aún escupía libros a mansalva. Era la época de Schroter, que metía mano en la misma Domus, pero también en Deux, en Thalos y en Ex Abrupto. Del destino de la primera y de la coordinada por Rubén Meriggi ya se sabe lo suficiente. Deux sigue allí y Ex Abrupto reaparece ocasionalmente, mientras Thomas Dassance se dedica al festival internacinal Viñetas Sueltas. Pero hace un lustro empezaban a pasar toda otra serie de cosas que a la larga resultaron más importantes.

Hace cinco años aparecía OvniPress. Hace casi cinco años LocoRabia publicaba Traición, su primera antología. Poco antes, La Duendes retomaba su actividad en el sur, como revista, y al rato comenzaría su conversión en editorial y libro. Hace cinco años aparecía Viñetas Sueltas. Y para la misma época el portal Historietas Reales estaba en su apogeo. Contra todo pronóstico, hace cinco años la revista Fierro cumplía su primer aniversario. Y un grupito de enamorados de la tinta volvía a porfiar por su Día H, a la espera de que alguien más tomara nota de la efeméride.

Hace cinco años, también, lamentábamos un montón de cosas (bueno, las lamentaban quienes eran “del palo”, yo todavía no “pertenecía”): la falta de un Museo público que albergara la historia de la disciplina en el país, que toda la actividad estuviera concentrada en Buenos Aires, que casi no se publicara historieta infantil, que no hubiera un galardón reconocido por el sector para premiar su propia producción, que los medios no le daban bola las viñetas, que la información de los pocos lanzamientos no circulaba, que las mujeres no tenían espacio en los lugares más tradicionales, que… Supongo que los lectores atentos de Cuadritos no necesitan la enumeración de qué sucedió en el último tiempo para que esas penas a no estén justificadas.

Toda esta introducción (de cinco años, cinco párrafos) para rumbear para otro lado: hace rato percibo que la mayor parte de los actores claves del ambiente sienten que están en un momento de quiebre. Que la historieta argentina atraviesa un período en el que acciones comprometidas, decididas y bien orientadas pueden consolidar su crecimiento. Acciones en conjunto por parte de las editoriales más dinámicas del sector, la aparición de espacios que aglutinen esfuerzos y que permitan discutir problemas comunes. También -no menos importante- discutir realidades, cifras, números…

Aquí se puede retomar el debate mentado en el segundo párrafo. Allí Vazquez Hutnik y Agrimbau arriesgaban la posibilidad de crear “un Instituto Nacional de las Artes Gráficas”, que agrupara también a la ilustración y el humor gráfico, además de la historieta, en la misma línea que sigue el Instituto Nacional del Teatro, que fomenta la producción argentina sobre tablas. Acaso la diferencia fundamental entre una disciplina y la otra (también en el teatro, como en otras artes, son unos pocos los que viven de eso) es el volumen. Al menos, el volumen (de producción, de espectadores) del que se puede dar cuenta. Porque el teatro tiene estadísticas y mecanismos para justificar el (abundante) dinero oficial que se invierte en él. La historieta no.

Para ello tendría que haber, primero, una iniciativa del propio campo destinada a poner la producción en cifras. ¿Cuánto dinero invierten las editoriales? ¿Cuántos ejemplares se imprimen y cuántos se venden? ¿Qué volumen de billetes supone eso? ¿Cómo se reparte esa “torta” entre los distintos productores? ¿Y entre los distintos tipos de historieta?

Y si lo que se quiere es dimensionar el campo para emprender otras acciones conjuntas, en principio, ni siquiera hace falta que sean cifras de carácter público. Bastaría con que un equipo cuente con la confianza del sector para recabar los datos, ordenarlos y exponerlos a los propios productores y actores interesados. Es bastante distinto acercarse a una cadena de librerías diciendo “fulanito y menganito son referentes del género, que viene reactivándose desde hace años” a decir “la historieta vendió x miles de ejemplares en 2012, lo que significó que los lectores gastaron xx miles de pesos en el sector”.

Puede parecer una pavada, pero lo cierto es que los libreros saben que no todos los títulos que exhiben venden lo que 50 sombras de Grey ni lo que un Gaturro. Los libreros saben, incluso, que pueden encargar una caja entera de libros del literato en boga y vender sólo la tercera parte. Por eso –a veces- necesitan cuantificar e imaginar cuántos ejemplares más pueden vender si hacen un huequito en la vidriera para esos libros con ilustraciones tan lindas en la tapa.

A propósito de estas acciones comunes (las estadísticas son sólo una posibilidad), hace rato han comenzado a darse reuniones entre algunos actores. En 2010, en ocasión de la Feria del Libro, varios editores se encontraron en la Cámara Argentina del Libro. Por entonces surgió el Espacio Cómic en la Feria y el Premio Solano López. Ni uno ni otro prosperaron luego, pero tampoco cuajó el impulso de crear una comisión específica del sector en la CAL. El año pasado, durante Viñetas Sueltas, hubo una reunión multipartita de la que participaron editores, distribuidores y libreros. Sucedió a puertas cerradas en la escuela Sótano Blanco y se estrecharon algunos lazos.

¿Cómo no hay aún acuerdos de cooperación entre festivales y encuentros de historieta? ¿Cómo no hay curadores de muestras consultando en el Archivo Nacional que llevan Gociol y Gutiérrez para buscar material? ¿Cómo los editores no llevan sus propios libros a ese Archivo? ¿Y cómo no se acercan a los distintos festivales para tratar de organizar en conjunto alguna muestra de sus autores?

Creo –a título enteramente personal y sin datos duros que respalden la intuición­­– que este es el camino a seguir. Que hace falta en el sector algún tipo de “jornadas profesionales” que permitan discutir y actuar sobre las aristas claves de la historieta argentina actual.

Ustedes dirán “bueno, flaco, pero vos reclamás mucho, ¿y qué hacés?”… bueno, en eso estamos. En eso estamos…

5 comentarios »

  1. Me parece que haces bastante, como por ejemplo esta nota.

    Comentario por oenlao — febrero 3, 2013 @ 11:31 am | Responder

  2. Hace unos días atrás me leí el articulo del que hablas acá. Me parece que esta mas que bien hacer los planteos que haces, yo no los leo como reclamos sino reflexiones/propuestas.

    Comentario por Arekasadaro — febrero 4, 2013 @ 3:56 am | Responder

  3. ahora que se está recuperando la historieta infantil, hay que pensar en recuperar el publico adolescente, actualmente terreno arrasado por el manga.

    Comentario por Zambrano — febrero 4, 2013 @ 9:12 pm | Responder

  4. También hay que tener en cuenta, me parece, que tanto el (pequeño) flujo de guita que mueve este negocio y la informalidad del mismo, y me explayo en esto último ¿cuántas editoriales serias hay? ¿cuántas tienen registrados a todos sus empleados? ¿cuántos de ellos cobran contra factura, es decir, que no están en relación de dependencia sino con contratos? ¿y los artistas cómo cobran? ¿Cuántas de estas editoriales pueden darse el lujo de decir “este año voy a invertir X cantidad de pesos en esta industria” como si lo pueden hacer empresas teatrales o audiovisuales?

    Como siempre con las “industrias culturales”, el gran problema es que la cultura no debería ser un negocio, pero a la vez ¿cómo sobreviviría en un sistema capitalista un artista si no cobra por su trabajo?

    Pensamientos que me surgen cuando leo esta nota.

    M.

    Comentario por Mael — febrero 5, 2013 @ 10:33 am | Responder

    • Mael, yo no recomiendo utilizar la vara de la relación de dependencia de los empleados con las editoriales. Solemos creer que las editoriales “de literatura” son super cumplidoras. Lo cierto es que esto no es siempre así. En general, cuando pensamos en este rubro pensamos en los grandes grupos o en las editoriales consolidadas. Y es normal: si no somos de ese palo, es lo que vemos. Pero lo cierto es que a veces ni siquiera las grandes editoriales tienen un equipo de correctores, sino que delegan esa tarea en freelancers.

      Otro tanto para el teatro o la industria audiovisual. El teatro, por un lado, se maneja con un grado de informalidad enorme y una abrumadora mayoría de las producciones ni sueñan con el rédito económico. El puñado de teatros comerciales de Av. Corrientes no constituyen por sí sólos todo el ecosistema teatral porteño, ni mucho menos nacional. Y las productoras… puff… hay casos aterradores. Las buenas pagan bien (MUY bien), pero también someten a sus contratados a jornadas de laburo esclavizantes.

      Comentario por Andrés Valenzuela — febrero 5, 2013 @ 8:40 pm | Responder


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