¿Alcanza una persona para imponer un estilo musical y un modo de vida? La respuesta juiciosa es que no, que hace falta mucho más: más gente, el contexto adecuado. Pero claro, a veces una persona se convierte en un punto pivotal para ciertos cambios. Bob Marley, cuentan Diego Agrimbau y Dante Ginevra en el biocómic que publicaron, fue uno de ellos para la sociedad jamaiquina y también para la expansión del credo rastafari. El título supone la tercera entrega de la colección Tragedias del rock, publicada por V&R Editoras.
En esta ocasión, la editorial abandonó el formato de tapa dura que había explorado con las dos primeras entregas y viró hacia una edicón más revisteril y enfocada en los kioscos de diarios. Desde el contenido, por otro lado, se trata del -al menos hasta el momento- trabajo más logrado de la colección. Un poco porque se nota a un guionista más entusiasta con el personaje, otro poco porque hay un dibujante puesto entero al servicio de la historia y que se colorea a sí mismo, y otro poco porque Agirmbau y Ginevra se conocen mucho y bien, y tienen aceitada su dinámica de trabajo.
En lo que al contenido dramático refiere, Agrimbau no toca ninguno de los temas potencialmente controversiales en torno Marley, esos que su esposa Rita publicó en una polémica biografía del profeta del reggae. En ninguna de las páginas se mencionan las faltas a la livity (el modo de vida), ni las comprobadas ni las supuestas. Es curioso que ni siquiera se alude a los muchos hijos que tuvo el cantante y compositor. El Bob Marley de Agrimbau no es el tipo íntimo, sino la figura pública, el militante espiritual y musical de Jamaica y el mundo. (más…)



