Vale decirlo: no hubo mayor diferencia entre esta edición de Animate, realizada en el Centro Municipal de Exposiciones de la Capital Federal y la anterior, en el palermitano Centro Cultural El Dorrego. Algunas luces más, unas cuantas sombras que en 2007 no hubo. Pero se trata de matices. En todo caso, la convención que nuclea al mundo de la historieta y otros (presuntamente) afines, tendrá una calificación que dependerá del cristal con que se la mire.
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La pobre iluminación del viernes deslució la presencia de los autoeditados
Atención: semillero
“¿Más bola a los fanzines? Mirá el espacio choto que les dieron”, se quejaba un expositor de pago en las primeras horas del viernes, cuando la iluminación del sector que la organización había destinado para los autoeditados todavía era deficiente. Para el sábado, el item había sido subsanado pero la crítica de fondo persistía para algunos y era tolerable para otros.
Es que el problema de la zona era más complejo: la cercanía con el escenario traía potenciales interesados, pero también hacía difícil charlar con los expositores merced a los decibeles fuera de escala que proponía el sonidista del sector más concurrido del predio. Y cuando bajaba el volumen de la música, algún autoeditado se quejaba de la sala de proyecciones que tenía inmediatamente detrás, también a expulsando gritos en japonés a diestra y siniestra.
¿Era un espacio más visible que el de años anteriores? Seguramente. También más amplio y ocupado por más artistas/colectivos/fanzineros/agregue-la-denominación-que-prefiera. ¿Era óptimo? Seguramente que no, como anticiparon desde la organización a Cuadritos días antes. “Podría ser mejor, pero también es cierto que hace años que no se le da a los fanzines un espacio así en un evento de este tipo”, confiaban.
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Chicas tiernas con armas, una buena estrategia para atraer visitas
Deambulando por los pasillos
Quizás sea hora de aceptar que Animate no es (sólo) un evento de historieta. Es más, o es algo distinto. Quizás un encuentro cuasi-freak que se apoya simbólicamente en las viñetas de todo origen: nacional, norteamericanas, europeas y orientales. Reconocer que alrededor de ello se montan una serie de ¿entretenimientos? ¿espacios? que a buena parte del público les resultan afines (una peluquería, un tipo que hace body painting con chicas de muy buen ver, un armero -también con dos jovencitas de buena presencia-, sastres cosplayers y fanclubs/fansubs).
En los espacios dedicados de lleno a la historieta el balance no se había concluído al momento de cerrar esta edición de Cuadritos. Algunos proyectaban un evento rendidor, si el ritmo de ventas se mantenía estable hacia el fin del domingo. Otros acusaban falta de dinamismo.
En los stands de las escuelas de historieta había gente en casi todo momento. En una por interesados en ganarse una beca de estudios, en otra con dibujantes profesionales exponiendo.
Colgalo de la pared. Vale reconocerlo: los originales en exposición estaban mejor iluminados que el año pasado. Lamentablemente, al no tener un espacio exclusivo no se lucían tanto, excepción hecha de los ubicados entre la sala de charlas y el stand de Batmanía. El resto quedó sometido al flujo constante de gente apretujada y sin espacio -ni tiempo- para detenerse a apreciarlos.
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A los gritos
Gritar a voz de cuello hubiese sido una mejor forma de organizar el intercambio entre conferencistas y público en la sala de charlas. Un equipo de audio deficiente con micrófonos que andaban cuando mejor les venía en gana dentro de un espacio sin ningún criterio de acústica (sin puertas y con paredes que no llegaban al techo).

La buena voluntad permitió sobrellevar una ruidosa sala de charlas
Así, el espacio de charlas fue avasallado por el bullicio natural de un pasillo en el que circula gente y el (otra vez) altísimo volumen del escenario que le ponía sonido a todo el pabellón y, por supuesto, a la sala de charlas ubicada a varias decenas de metros.
Sólo la buena voluntad de moderadores, invitados y público consiguió por momentos salvar la molestia de dar charlas en esas condiciones. Y aunque se trató de un grupo minoritario si se lo compara con los que no sacaban la vista del escenario principal, la permanente concurrencia a las charlas demostró que es un item de interés para el encuentro, por lo que no se comprende tanta desidia. Este desinterés incluso provocó críticas por lo bajo en parte del staff organizador. ¿En esas condiciones iba a hablar Dave McKean?
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¿Pero hubo historietas?
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