Dos años atrás, la reseña del primer tomo de One Piece provocaba debate en este sitio. Seis números más tarde, varios de los conceptos desarrollados entonces se mantienen, otros se desvanecieron y alguno nuevo apareció. Repasemos.
One Piece es una comedia de aventuras que trata sobre un muchachito con la capacidad de estirar su cuerpo. Luffy pretende ser el “Rey de los piratas”. Así, sin más, con un botecito, sin poder nadar y sin saber colocar una vela o manejar un timón, sale al mar. Al concluir la lectura del séptimo tomo, sus cámaradas suman cuatro: una navegante, un espadachín, un tirapiedras y un cocinero. Lo elemental.
La reseña anterior apuntaba que la serie carecía de sustancia. Es lícito revisar esa afirmación, discutida por algunos comentaristas. Sin embargo, al menos por ahora es difícil reconocer en estas 1400 páginas transcurridas el debate sobre una organización social. Hasta el momento, en el mejor de los casos, la discusión que se insinúa con cierta frecuencia (sin llegar a darse efectivamente) es la del rol del líder de un grupo. Lo que no se cuestiona jamás es la supuesta necesidad de tal líder.
Por otro lado, el enemigo por antonomasia de Luffy es el payaso. No porque enfrentó ya a un pirata con apariencia de bufón, sino porque casi todos los rivales que encuentra son ridículos: un tipo atrapado en un cofre de madera, un tipo con mandíbula de hierro y un hacha en lugar de su brazo, un domador de leones demasiado peludo, un hipnotizador que se duerme a sí mismo y se parece a Michael Jackson. Los enemigos “serios” son escasos, pero al menos se adivinan de largo aliento. (más…)




