Malagón tiene una mirada desencantada sobre la realidad. Sin espejitos de colores ni falsas ilusiones. El mundo estalla (si no lo hizo ya) y el hombre queda atrapado entre la metralla, sometido por las heridas o por el consumismo. Porque no hace muchas diferencias entre las bombas y las corporaciones, que al cabo ambas arruinan vidas lo mismo. Pero en lugar de ir mascullando bronca por lo bajo en el subte, el artista español dibuja. Propone lo que llama “activismo gráfico” que la editorial nicoleña LocoRabia recopila en nuestro país bajo el título El código Malagón.
En su concepción y en la construcción de sus ideas visuales, Malagón es heredero de El Roto. Este último, para quienes no lo conocen, es el equivalente ibérico a nuestro Quino, siguiendo la comparación que hiciera el también español Miguel Brieva. Pero, nueva generación al fin, el autor que hoy ocupa estas líneas incorpora nuevas vertientes, principalmente la del diseño gráfico, que suma a su activismo político, la ilustración y el humorismo.
El código Malagón combina todos estos elementos pero se basa, sobre todo, en los dos primeros. Tiene una mirada crítica sobre la realidad, que plasma en imágenes fuertes. Estas combinan elementos disímiles pero logrando un conjunto equilibrado que da lugar a una idea clara. Aunque el concepto que aparece puede ser intenso y complejo, la imagen trasmite cierta sensación de simpleza (esa tan difícil de lograr), acaso porque presenta sólo un elemento por página. (más…)




