Frank Arbelo podría engañar tranquilamente a todos sus lectores. Bastaría con que ocultara que el grueso de sus últimos trabajos son adaptaciones literarias y nadie lo notaría, tal es la mímesis impecable que consigue entre los cuentos que escoge y el lenguaje historietístico. Sus trabajos son –también- una suerte de ejercicio de estilo, una disciplina encaminada a sorprender al lector. Cuando salí de la Habana (y otras historietas cortas) recupera lo mejor del cuento clásico: la construcción perfecta, las palabras (los dibujos, las viñetas) imprescindibles, el final imprevisto.
Antes de ahondar en los relatos que reúne el libro, vale destacar algunos aspectos del abordaje gráfico de Arbelo. El autor es un buen dibujante. En Cuando salí… no escatima recursos para demostrarlo, pero no hace de la demostración de sus dotes una cuestión de vanidad. Al contrario, narra incluso con cierta austeridad, como quitándose protagonismo. Su buen trazo, la estética ajustada a cada ocasión, la buena composición de las viñetas, la buena secuencia, está todo al servicio de la estructura del argumento. El lector tiene que leer un cuento que lo sacuda y ya. Como si el cubano-boliviano considerara que lo otro es simple fanfarria juvenil.
Esto trae otras consecuencias sobre la experiencia de lectura. Por ejemplo, que para el vigésimo cuento leído de corrido, Arbelo aún sigue sorprendiendo. Sorprende incluso cuando transforma todo un texto en una única página o -en un extremo- en una única viñeta. Aún allí conserva su potencia. Es mérito, claro, de las obras originales, pero también de la adaptación sin fisuras del historietista, que hace parecer que esos relatos siempre hubieran sido pensados para contarse en cuadritos y globos. (más…)









