“¿Cómo les vas a pedir que no dibujen los ojos redondos?”, cuestionaba hace algunas semanas Agustín Graham Nakamura ante el grabador de Cuadritos. Porque, efectivamente, la influencia de la animación japonesa y el manga en la cultura gráfica local es indiscutible e ineludible. Ymir es, a la vez, confirmación del impacto de la cultura oriental entre los dibujantes más jóvenes, pero también recordatorio de cuánto le falta crecer y madurar a esta corriente en el país, tanto en sus planteos narrativos cuanto en el refinamiento de su estética y estilo.
El año pasado el sello especializado Larp lanzó un concurso que buscaba captar nuevos talentos locales. No se limitó estilísticamente el concurso y prueba de ello es que entre los ganadores hay un antiguo lápiz de Columba y un relato humorístico que no encuentra sus referentes en Japón. Ymir, entonces, reúne a los seis ganadores en un tomo, que apareció durante la última Feria del Libro de Buenos Aires. Abundan las páginas con pocas viñetas y narrativa ágil, lo mismo que los relatos trabajados con elementos sobrenaturales. De hecho, cinco de los seis trabajos premiados son historas fantásticas que incluyen ángeles, hechiceros, demonios de distinto tipo y vampiros.
Al mismo tiempo, el tomo es desparejo. Las historias son correctas en líneas generales, pero no sobresalen especialmente. Destacan por lo bien resueltos dos títulos: Na Ne Ni Love, de Samanta Niz y Fabián González, y Conociendo a Vlad, de Maximiliano Baldó. A las otras cuatro propuestas parece faltarles un pequeño golpe de horno. El problema más recurrente es cierta sobrexplicación innecesaria en los textos, pero también detalles de edición: en la primera historia del tomo, sin ir más lejos, hay varios errores gramaticales y de tipeo que juegan en contra de un planteo narrativo más bien correcto. (más…)










