Es raro ver la obra de un guionista “directamente”. Su trabajo está mediatizado por un dibujo que como mucho podrá salir de su propia mano, pero que siempre supone una distancia entre el plan de acción que se supone es el guión y la obra concreta que significa la historieta. Por eso es interesante acercarse a la obra literaria de los grandes guionistas. Muestra otro acercamiento a la palabra escrita y permite entender desde otro ángulo el universo narrativo del autor. Es lo que pasa con Neil Gaiman -quien no es ningún ajeno a las letras- cuya prosa suele quedar opacada por su célebre labor historietística.
Por eso es interesante El cementerio sin lápidas y otras historias negras, un compilado de once cuentos agradables que constituyen una suerte de poética fantástica. Las once historias dejan la sensación de que uno se sintió transportado a otra(s) vida(s). Es cierto, nadie descubrirá el sentido de la vida en esos relatos y seguramente tampoco tendrá una epifanía con ellos. Pero sigue siendo un puñado de lindas anécdotas.
Es notable la capacidad del inglés para volver imperceptible la transición que propone entre el mundo “real” y el mágico. Los funde con una facilidad infrecuente entre sus pares. Si se presta atención, el truco está en la elección de adjetivos y en la presentación de los elementos. Gaiman no hace ninguna alharaca innecesaria con ellos. ¿Hay un troll bajo el puente? Pues bien, hay un troll, que tanto. Es la cosa más normal del mundo que haya uno bajo el puente, ¿verdad? Howard Phillip Lovecraft insistía en el carácter antinatural y extraterreno de sus criaturas. El autor de The Sandman hace exactamente lo opuesto: presenta lo fantástico como natural. (más…)








