Cuadritos, periodismo de historieta

junio 26, 2011

“El autor no sabe qué cosas puede hacer para defenderse”

Filed under: Entrevistas — Andrés Valenzuela @ 10:00 am
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"Hay que acabar con la idea de que un contrato es un derecho de pernada"

“Lo que más me llama la atención es la necesidad de creer. Más allá de que el video parezca de Capusotto, la idea es buenísima. Nadie opinaba en contra porque no hay nada que opinar en contra, lo que se plantea es fantástico en todo sentido. Pero fijate cómo reaccionan los editores, la parte técnica de este negocio, diciendo ¿cómo se hace esto?, haciendo cuentas, ninguno entendía nada” Quien habla es Javier Doeyo, responsable de Doedytores y uno de esos mismos editores sorprendidos por el trato cerrado entre Horacio Altuna y la editorial Orsai, del periodista y escritor Hernán Casciari, para publicar un libro que dejará a su autor el 50 por ciento del precio de tapa.

La noticia, publicada en Cuadritos a modo de Pregunta abierta, causó cierto revuelo y en el debate llegaron a intervenir los propios Altuna y Casciari. El primer motivo, costos e ingresos. Normalmente del precio de tapa de un libro el autor obtiene un 10 por ciento. Los intermediarios (librería, sistema de distribución), alrededor de la mitad. Y el editor se queda con el resto para solventar la produción del libro, los gastos de su empresa y obtener su margen de ganancia. Además, varios señalaron que ciertas características del contrato (firmado sin abogados ni escribanos) ya es de uso común en Argentina, entre los sellos independientes. Finalmente, la diatriba del dibujante de Chances, El Loco Chávez y otros títulos contra los editores, también suscitó debate al asegurar que “todos mienten” y que es “imposible controlarlos”.

Con veinte años de experiencia en el mercado local, Doeyo discute esos puntos. En esta entrevista, analiza el caso Altuna-Casciari, comenta el esquema de costos de un libro y -lo más importante- explica las distintas herramientas que tienen los artistas para prevenir abusos de sus potenciales editores.

“Casciari explicó que le van a dar el 50 por ciento a Altuna porque ellos no van a ganar nada”, destaca Doeyo, “el tipo dice queremos que Altuna prestigie nuestra revista, así que las circunstancias en las que se arma este negocio editorial son medio irrepetibles, ¿qué otro autor va a prestigiar la revista Orsai para que Casciari decida hacer un libro al costo para que gane guita?”

Para el editor, incluso el dibujante “quiere creer” en lo novedoso del asunto, aunque reconoce que a Altuna “lo han recagado” y cuenta que todavía es posible conseguir “por dos mangos” la edición de Chances de la Urraca, que bajó su persiana más de una década atrás. Otros títulos, agrega, los encontró a la venta por kilo. “Lo han recagado, es totalmente entendible que el tipo esté verde, no le faltan méritos para decir que los editores le mienten, pero me extraña que aún con lo que dice Casciari, él diga que esto es bueno para todos los autores, eso me parece más bien voluntad de reivindicación”.

“¿Qué pasa?, el tema de esto es que lo dijo Altuna, que publica su obra en una multinacional líder en ventas de cómics en el mercado hispanoparlante, con 30, 40 años de carrera y actividad gremial, si el tipo dice todos te roban, no hay forma de controlarlo, no se puede hacer nada, ¿qué hace un pibe que recién empieza? Salvador Sanz se tira por la ventana. El que estaba empezando se va a buscar laburo en una oficina. Y los que ya están en el circuito, como Gustavo Sala, van a pensar que tienen la vida hipotecada. Y no es así”.

El Eternauta (y sus secuelas), uno de los títulos más fuertes que tiene Doeyo

Para el entrevistado la situación no es tan apremiante, aunque reconoce que es muy difícil cambiar el reparto de billetes. “En España, mandar un paquete de un kilo por correo vale un €1.50.-, acá vale $47.- y, si sos socio de la Cámara Argentina del Libro, te puede salir 23”, cuenta, “¿qué posibilidades tenés de armar algo como lo de Orsai aquí? Ni idea: hoy el sistema en Argentina está planteado de tal forma que la comercialización del libro se queda con el cincuenta por ciento”. Él mismo, revela, rompió lanzas con Yenny/El Ateneo, la cadena de librerías más importante del país, cuando esta cerró su depósito para transferirle esa obligación a sus proveedores y, además, pretendió incrementar ese porcentaje. “Tengo un tope, yo al sistema de distribución no le dejo más de un 52.5 por ciento y eso si me paga contraentrega, por debajo de eso no puedo vender porque no gano plata”.

“Ponele que me pagan al contado y dejo el 52.5 por ciento en el camino. Le pago al autor y ya estoy con el 40%. Con eso le pago a la imprenta. También pago los gastos relativos al funcionamiento de la editorial, morfo y mando a mi hijo al colegio. Todo esto antes de impuestos. ¿Podría ganar más del 8 por ciento del precio de tapa el autor? No sé. Con ese 40 por ciento que te queda no sólo tenés que pagar los costos, sino también amortizar el capital, porque imprimís 2000 libros y no los vendés enseguida”. Doeyo propone un caso concreto de autor de grandes ventas que se autoedita: Ciruelo. Argentino y -como Altuna- radicado en Sitges, Barcelona, el reconocido pintor, ilustrador, grabador y escritor de temática fantástica guarda una amistad de años con el editor local.

“Él edita sus propios libros y en España no gana el 50 por ciento del precio de tapa de lo que vende, porque allá la distribuidora SD se queda con el 55”, detalla. “Su ejemplo es buenísimo porque cuando hace 15 años, en un aeropuerto, que iba a abrir su propia editorial le dije que estaba en pedo, que se buscara un buen abogado y listo”, recuerda. Ciruelo, cuenta, venía de vender una edición de 100.000 ejemplares por la que prácticamente no había visto un centavo. “Caminaba por las paredes, imaginate, él decía que tenía que tener su propia editorial no sólo para que no le pasara otra vez, sino para tener el control de su obra y de su guita, hoy reconozco que tenía razón, aunque obviamente tuvo la suerte de armar una estructura editorial familiar, porque el tipo es muy talentoso, pero una buena gestión editorial hizo que le fuera mejor”. Así y todo, señala, “con esos libros de calidad, buenos en contenido y fabricación, con una estrategia comercial muy buena… no gana tampoco el 50 por ciento del precio de tapa”.

Los cuidados del autor

“Leo una sensación por parte del autor joven de que no se puede hacer nada. Te tiran un contrato que dice cualquier batata y hay que firmar sí o sí, y después el editor te caga. No puede ser siempre así. No sé cómo será en Francia, pero acá no es así. Lo que pasa es que el autor muchas veces no sabe qué cosas puede hacer para defenderse”. Doeyo toma sus notas y cita textual una declaración de Altuna en este sitio: mientras se crea que la relación autor- editor es una relación empleado-empleador, seguro que no cambiará. “En ese sentido, estoy de acuerdo con él, pero el autor ya tendría que saber que cuando una editorial hace un contrato con él, es porque la editorial quiere publicar esa obra, porque el editor, ya sea por el nombre del autor, la temática de su trabajo, porque le viene bien para una colección o porque quiere explorar, decidió poner 10, 20 lucas en ensuciar papel con su obra”.

Para Doeyo es clave, insiste, que el autor entienda que si llega a publicar es porque hay un interés concreto del editor, y que eso le brinda fuerza y elementos de negociación.”Te doy un ejemplo. Yo me siento con Gustavo Sala para publicarle un libro. Y él me plantea esta cláusula no me convence, ¿no la podemos cambiar?, ¿le voy a decir no, andate que publico a Alberto Salinas? No es así. El autor debiera saber que cuando el editor llega al punto del contrato  le interesa por algo, y no va a perder el interés por concertar o no alguna clausula de un contrato”.

Los autores clásicos conforman el núcleo duro de su línea editorial

Justamente contrato es un punto a observar cuidadosamente por los artistas, advierte. “Tienen que leerlo, entenderlo, y saber que cuando llegó al punto de firmarlo, el editor ya pidió presupuestos para ver cómo lo va a hacer. El contrato es un acuerdo, no es una relación de empleador-empleado, y a los editores no les da lo mismo cualquier cosa, porque imprimir un libro cuesta cualquier mosca”.

“No te digo que vas a cambiar las condiciones comerciales, porque si ya se hablaron y acordaron, el momento de firmar el contrato quizás no es el momento de plantearlo, aunque se puede probrar, pero el editor no va a dejar de publicar una obra si el autor le pide incluir en el contrato ciertos resguardos, hay que entender lo que va a pasar, ¡cuentas claras conservan la amistad!”

Las cuentas, y por tanto las liquidaciones, suelen ser uno de los puntos más sensibles de la tirantez entre autores y editores. Es el momento en que se “reparte” la plata que deja un libro. “Una vez que fue puesta en papel, el autor tiene que pensar su obra como un elemento tocable y contable”, propone el editor de rulos canos, “yo escucho autores quejarse de que no les mandan las liquidaciones y me pregunto, ¿quién se banca que lo llamen 17 veces al día para reclamárselas? Yo sé de autores que cobraron todo de la colección Aventuras Dibujadas porque se pusieron las pilas, (Horacio) Lalia hizo ocho libros con Thalos y no le deben nada, si vos comprás una heladera y viene abollada, ¿no hacés quilombo? ¿No pedís que te la cambien? Y si no lo hacen, ¿no vas a Defensa del Consumidor, o mandás una carta documento? ¡No me digas que Altuna no puede mandar un abogado a cada editorial española que lo afanó! Por alguna razón muchos autores se quedan en y… no me mandan la liquidación“.

¿No será simple desconocimiento de las herramientas legales?

– Pero… ¡firmaste un papel! ¿Por qué no leés lo que firmaste? Si Pablo Muñoz tiene una editorial. Si Javier Doeyo la tiene. Si Liniers, que es un autor, que hablás con él y no es exactamente Martín Redrado, tiene una editorial. Si Pulido tiene una editorial. Se podría decir que todos pueden tener una editorial. No es ningún misterio. Es una decisión. Yo conozco dibujantes que dicen “no pongo una editorial porque estoy para dibujar”, pero se les rompe un cuerito en la casa y no llaman a un plomero. Yo no te cambio un cuerito ni que me maten. Ni herramientas tengo.

¿Qué pasa con los saldos?

– El contrato tiene que decir la política de saldos. Es fundamental. No te digo que el autor imponga nada, pero sí al menos preguntarle al editor qué hace con ellos. Yo no saldo los libros. ¿Por qué? Porque no. Porque los quiero mucho. Me parece una política coemrcial malísima. Si lo saldo le quemo. El Loco Chávez, a ocho pesos en todas las librerías de Corrientes, queman una edición. Queman al autor que no puede hacer otra cosa. Porque cuando se saldaron los libros de Clarín los Oesterheld fueron con un abogado. Y terminaron saliendo del diario en una donación a los colegios de Buenos Aires. Porque te queman un negocio. El autor le puede decir al editor de poner algo. Por ejemplo: se cae todo el imperio Thalos y los libros aparecen en Libertador a dos pesos. Te querés matar. Los podrían tener los autores. ¿Pero estaba previsto en el contrato qué se hacía con esos libros? No, no estaba previsto. Otra cosa importante. ¿Cuál es el recorrido del libro? Es novedad, es fondo de catálogo, es reimpresión o saldo. No sale del circuito y no tiene una alternativa diferente. Los autores pueden decir “no hagamos una renovación automática del contrato”. Si dice que dura 5 años y se renueva automáticamente si no hay una denuncia de parte del autor. Entonces, el autor no va a dejar de firmarlo, pero se anota en un calendario que en tal fecha tiene que mandar una carta documento al editor diciéndole que el contrato queda clausurado porque no le gustó cómo trabajó.

Quino ilustraba "el depósito que marca la ley" en cada tomito recopilatorio de Mafalda, en De la Flor

Y agrega. “Al editor, si toma la edición de saldar un libro, no le importa quién va a pagar. A lo mejor es un buen momento, para decir, mirá, voy a saldar este libro, que no se vendió un carajo. Y que el autor tome una posición proactiva. ¿A cuánto? Libertador me da un peso por cada uno. No, pará que te lo doy yo. El editor le tiene que dar, hay que ir a ver, en qué estado están, los que sean. Es un momento para pegarle un control”.

¿Qué sucede con los ejemplares impresos? Muchos libros locales no señalan en su ficha inicial el volumen de su tirada. “Si el editor ya está en plaza, el autor puede ver dónde se imprimió. Si el libro dice que está hecho en talleres propios, yo optaría por pedirle al editor que me muestre su imprenta”. Sucede, explica, que hay un aspecto clave en la edición legal de un libro. “Existe algo que es la ley 11.723, que cualqueira recordará de haberlo leído en Mafalda, con el queda hecho el depósito que marca la ley“. Ese depósito, detalla, es una planilla que acompaña a cuatro ejemplares del libro en la que se consignan autores, editorial y -como declaración jurada- una certificación del imprentero sobre la cantidad de ejemplares que hizo. “Entonces, cuando una editorial dice que lo imprimió en talleres propios esa misma editorial llena la planilla y, si quisiera, pone lo que se le canta el orto. Yo imprimo mis libros en Gráfica Printer. Todos mis libros lo dicen y ellos certifican la planilla: si me facturó mil libros, no va a poner en la planilla 500. Claro, podría estar en complicidad con ellos y fraguarlo, pero ya es una asociación ilícita que a los efectos de un libro cualquiera, es complicado”.

Para él, bastaría con que el autor diga che, ¿vos podés poner acá que a los 30 días de la salida del libro me vas a dar una fotocopia del depósito que marca la ley? “No te digo que le pidas una copia factura de la factura de la imprenta, que ya es más violento, pero sí una fotocopia del depósito, si el tipo no se la da, que empiece a pedir, si el tipo dice que imprime en imprenta propia, y no tiene… yo no sé si hacer negocios con un tipo así”.

Todo esto, advierte, figura en la ley y considera que corresponde al autor saber también estas cosas. “Si el autor tiene una idea mínima de la cantidad de ejemplares fabricados, al final del período, están los ejemplares vivitos y coleando o está la mosca”, afirma, “y si no, te muestran los libros y se acabó la discusión; si a mí un autor me dice no puede ser que mi libro haya vendido tan poco, lo voy a buscar a la casa, lo llevo a mi depósito y se los hago contar. Si yo imprimí 5000 y vendí 1000, tengo que tener 4000. O 3000 y remitos en consignación por los otros 1000. No hay demasiadas vueltas”.

“Si todo eso está en el contrato, sí, te puede tocar un editor que te incumple todo. De que lo caguen no está exento nadie. Llevás el auto a arreglar, no te arreglan un carajo, te quedaste en la ruta: te cagaron. Le pasa a cualquiera. Pero en el contrato podés incluir elementos que te permitan defender tu posición. No por eso el editor lo va a dejar de firmar. Y si el editor no lo quiere firmar porque no quiere ningún control… ahí yo te digo, ¿te conviene laburar con él?”

7 comentarios »

  1. Hola. Una idea nomás: En lugar de 28 homenajes al Eternauta por año, los organizadores de eventos podrían ponerse media pila y organizar entrevistas como esta abiertas al público. Una salita, 50 sillas. ¿No?

    Comentario por Berliac — junio 26, 2011 @ 2:32 pm | Responder

  2. Muy interesante la nota.

    Estoy de acuerdo en que hay autores que se quejan y no hacen el quilombo correspondiente.
    Apartado aparte para los Autores que se animan a probar con Editores que cagaron a muchos otros, por si tienen suerte de que no los caguen a ellos, y así los editores cagadores siguen existiendo.

    El tema Saldos va obligatoriamente en todos los contratos? o te lo pueden saldar pese a que no hayas abalado/firmado eso como autor?

    Comentario por SaKi — junio 26, 2011 @ 6:34 pm | Responder

  3. Javier, acordate lo que hablamos en la feria del libro…
    ¡Re-edita a Shotaro!

    Comentario por Ivan Riskin? — junio 26, 2011 @ 11:59 pm | Responder

  4. Muy interesante che

    Comentario por Pablo Zambrano — junio 28, 2011 @ 7:30 am | Responder

  5. […] resto de la nota en Cuadritos, periodismo de historieta. └ Tags: comic, comics, contratos, costos, cuadritos, editar, editores, historieta, […]

    Pingback por Lisandro Lorea - Altuna cierra por un 50% de tapa, comentarios de Doeyo sobre el mercado editorial — junio 28, 2011 @ 10:55 pm | Responder

  6. muy buena la nota gracias javier, por tu claridad y a los periodistas ke trabajan estos temas muy interesantes.
    abrazo
    daniel de plottier

    Comentario por oscar daniel torres — junio 30, 2011 @ 11:34 pm | Responder

  7. […] editorial porteño-nicoleña no es la única en recibir sus elogios. También aplaude el trabajo de Javier Doeyo, recuerda los días compartidos con la gente de Moebius en la Feria del Libro de Frankfurt, […]

    Pingback por Daniel Divinsky, a fondo « Cuadritos, periodismo de historieta — julio 17, 2011 @ 10:06 am | Responder


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