Cuadritos, periodismo de historieta

julio 17, 2011

Daniel Divinsky, a fondo

Filed under: Cómic argentino,Entrevistas — Andrés Valenzuela @ 10:00 am
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Con 69 años, Divinsky es una figura central de la edición nacional de historietas

“¡Quinito! ¿Cómo estás?”, exclama Daniel Divinsky al atender el teléfono. La interrupción dura apenas unos instantes, que bastan para dar un zambullón visual en la oficina repleta de libros, carpetas, originales, cuadros, reconocimientos a su trabajo y un sinfín de material a la espera de convertirse en libros publicados por Ediciones de la Flor. Por allí, se intuye, están las viñetas de La invención de Morel, la adaptación del libro homónimo de Bioy Casares, cuyos derechos acaba de comprar a la firma belga Casterman para incluir en la colección “Novela Gráfica” de la editorial.

Al repasar la historia de la editorial que capitanea con “Kuky” Miller y que nació como hobby de un abogado que no se sentía a gusto con el ejercicio del derecho, ve la década del 70 como el punto de inflexión. El primer gran hit del sello fue Paradiso, del poeta y ensayista José Lezama Lima. Una entrevista de Tomás Eloy Marttínez al autor en la revista Primera Plana convirtió la novela en un best-seller inesperado. Por entonces, De la Flor se dedicaba a la literatura, como casi todas las otras pequeñas editoriales del sector. Hasta que Quino -Quinito, como le han ganado las décadas de amistad y trabajo conjunto-, los consultó por un problema de derechos.

“Nos consulta como abogados que éramos, porque no conseguía cobrarle sus derechos a Jorge Álvarez”, relata, “él había diversificado mucho su actividad, como editor era eminentemente brillante, pero quiso hacer discos y eso ya no es lo mismo”. Con el sello discográfico Mandioca, Álvarez lanzó las primeras cosas de Manal y Moris. “Aunque los discos vendían razonablemente bien, no tenían ninguna posibilidad de competir con las grandes discográficas, entonces empezó a distraer dinero de la editorial para sus otras actividades y se atrasó en los pagos para con quien era su autor más vendido, que era Quino”, detalla Divinsky.  No hubo necesidad de juicio, pero a partir del #5, Quino propuso que De la Flor editara Mafalda. “Y ahí cambió totalmente la disposición de la editorial”.

Lo que sigue es historia bien conocida: la llegada de Roberto Fontanarrosa a la editorial, la profundización de la línea dedicada al humor gráfico y el sorpresivo exilio en Venezuela (ver recuadro). Más aquí en el tiempo, el relanzamiento de la colección “¿Quién es…?”, pensada para presentar nuevos humoristas gráficos, la colección de adaptaciones literarias bajo el rótulo de “Novela Gráfica” y la curiosidad inacabable del editor por el mundo de cuadritos que adoptó.

Su definición de "novela gráfica", asegura, es meramente operativa

“Creo que desarrollamos una especialidad dentro del nicho del humor gráfico y la historieta”, reflexiona cuando se le pide que ubique a De la Flor dentro del mapa editorial argentino. Aún hoy el sello publica decenas de obras literarias al año, pero su nombre es indisociable del dibujo. “Es lo que la identifica, y dentro del sector estamos entre los primeros, aunque por dimensión no somos los primeros para nada”, señala. Es que, para los parámetros del medio, De la Flor sigue siendo una editorial mediana, de esas que cada vez quedan menos en el mundo, que tiende a la polarización entre grandes grupos transnacionales y pequeñísimos sellos independientes.

“Pero por suerte aparecieron muchos otros sellos”, comenta Divinsky sobre sus colegas del mundillo comiquero, “hay una cantidad de autores que si dependieran solo de la posibilidad de salir por De la Flor, demorarían mucho en verse publicados”. Él, asegura, sigue “la estética del gusto”, que consiste básicamente “en que si pienso que me gusta a mí, le va a gustar a otra gente”. Entre esas montañas de papel que hay en su oficina no hay ni una astilla de bosque dedicada a una investigación de mercado.

Un caso emblemático de su procedimiento editorial, explica, es Sergio Langer. “Me parece un tipo brillante, pero algo en el dibujo me produce un rechazo enorme. Y lo confieso porque sé que es buenísimo y ha conseguido editar en otros lados. Por suerte hay otras editoriales y otros gustos”.

Sabe de lo que habla. Suele comprar material de otros sellos y hasta se encuentra con sus colegas más jóvenes para intercambiar experiencias. Alejandro Farías, de LocoRabia, contó tiempo atrás a Cuadritos de su encuentro con Divinsky. La editorial porteño-nicoleña no es la única en recibir sus elogios. También aplaude el trabajo de Javier Doeyo, recuerda los días compartidos con la gente de Moebius en la Feria del Libro de Frankfurt, Alemania, y destaca los libros “del francés que hace Viñetas Sueltas” (refiriéndose a Thomas Dassance, de Ex Abrupto).

Tras el éxito inesperado de ¿Quién es Montt? en la última Feria del Libro de Buenos Aires, se ilusiona con sacar nuevos títulos de la colección. Cuenta que está “charlando con Iñaki” y con Fernando Carpena, aunque tiene también un montón de carpetas de otros autores por revisar. “Cuando empecé a publicar era imprescindible que el autor estuviera publicando en un diario o en una revista locales, ahora no hace falta: basta con que publique en un blog frecuentado, como es el caso de Decur, el próximo de ¿Quién es…?“, analiza retomando el caso de Montt en Buenos Aires.

Divinsky está permanentemente buscando y curioseando nuevo material

Dentro del proyecto editorial, hoy Nik ocupa una posición central. El humorista de La Nación, creador de Gaturro, tiene ventas “desmesuradas” y Divinsky le reconoce un “papel económico importantísimo”. Por qué el gato naranja vende tanto le resulta un misterio. “Ha prendido en los chicos, cosa que no pasa con ningún otro humorista y ahora se están haciendo tiradas iniciales de 40.000 ejemplares, que es una barbaridad”. Un barbaridad, incluso para las ventas de los títulos mejor vendidos del mercado editorial más tradicional. “Y esas tiradas se venden en tres meses, el #17 salió para la Feria y ahora estamos armando la segunda edición”, ejemplifica.

“Uno de mis nietos, cuando tenía cinco años, lo llevamos a la presentación de uno de los volúmenes de Gaturro“, dice y recuerda su sorpresa cuando vio al chico levantar la mano para preguntar a Nik sobre uno de los personajes. “Yo no sabía que se lo habían leído, nadie le dijo que preguntara, ni él nos dijo, así que ahí hay un misterio, la verdad que no tengo ni idea de cómo ni por qué les llega a los chicos”.

En distintas notas usted definió “novela gráfica” como la adaptación de una obra literaria a la historieta, ¿por qué?

– Porque alguna limitación tenía que hacer. En realidad la hicimos en un acuerdo con (Juan Carlos) Kreimer, quien me propuso la colección  y la trajo ya con los primeros títulos, con su propia experiencia con la edición de los Libros para Principiantes, que son versiones libros introductorios sobre una cantidad de temas en cuadritos. Definimos que iba a ser eso. Estuvimos a punto de hacer una excepción, porque en definitiva inventar normas que uno pueda incumplir es una maravilla. Pero cuando propusimos a (Juan) Sáenz Valiente y (Pablo) De Santis hacer El Hipnotizador,resulta que la manejaba una agencia literaria que pretendía que eso fuese en un sólo libro, con el criterio de que en Europa se hacen libros de 64 páginas, y a nosotros un libro de tapa blanda con tan pocas páginas es un folleto. En definitiva no hubo acuerdo, pero ya después de tres o cuatro títulos íbamos a infringir nuestra propia regla.

Divinsky, el día de la exposición de Clara Lagos organizada por Cuadritos en el Espacio Moebius

Entonces es una definición pensada para la colección, pero no general.

– Para nada, ¿con qué autoridad uno va a decir…? Pese a esto la cantidad de ofertas que nos han llegado es enorme. Y algún día alguna la vamos a considerar, haremos alguna excepción. Pero no tenemos capacidad económica ni productiva para hacer tantos títulos diferentes. Sacamos estos tres o cuatro primeros, tenemos en preparación el de Morel, un Bukowski que ya hizo La Cúpula en España y compré los derechos para Argentina, Uruguay y Chile, le hicimos una propuesta a Anagrama por El País de las últimas cosas, de Paul Auster, y otra propuesta a la viuda de Italo Calvino para hacer El Barón Rampante.

En el último tiempo la presencia en librerías es una de las obsesiones del circuito editorial de historietas. ¿Con adaptaciones es más fácil entrar?

– Es una hipótesis de trabajo, no te sé decir. Una hipótesis pensando también en su uso escolar. Y tan equivocados no estamos, al punto que Fahrenheit 451 nos compró una edición la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares). Y ahí hay un comité de cómo 14 personas que decide qué comprar.

–  ¿Cómo ve el momento actual de la historieta?

– Dada mi veteranía, puedo comparar con fines de la década del 60, con los 70, los 80, o lo 90, y creo que es un momento de crecimiento exponencial. Yo no sé cómo sea Fierro, Comic.ar, y otras revistas que aparecen, pero ya se están manteniendo unos largos años. Las comiquerías se expandieron, incorporaron el manga y la historieta tradicional. Que aparecieron nuevos sellos, que no son de magnates que las solventan con lo que ganan en sus estancias, quiere decir que por lo menos ganan para vivir haciendo libros de género, y eso me parece excepcionalmente bueno.

***

“Manejábamos la editorial a miles de kilómetros”

En 1977, a De la Flor le prohibieron publicar Cinco dedos, un libro infantil con una fábula cuya moraleja era que la unión hace a la fuerza. “Como la mano que finalmente se unía y se defendía era roja, consideraron que era una incitación de los niños a la subversión“, recuerda Divinsky y cita textualmente el decreto que el gobierno militar emitió para impedir la circulación del libro. “Un disparate, y yo lo apelé, como había hecho ya en alguna ocasión con prohibiciones de publicaciones”.

La dictadura reaccionó con otro decreto, que los ponía a él y a Miller a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, deteniéndolos e impidiendo su salida del país. En esas condiciones estuvieron 127 días, sin juicio ni causa legalmente iniciada. “Después nos liberaron, por la presión fuerte de los editores”, agrega sobre el apoyo que recibió de colegas argentinos y extranjeros. “Entonces decidimos irnos por un tiempo, y ya fuera del país nos dimos cuenta que la cosa se iba a poner más complicada. Nosotros no teníamos ninguna militancia política, pero eso no alcanzaba: teníamos una editorial progresista, no esquemática y no ubicable, y eso ya era suficientemente peligroso”.

“Misteriosamente”, asegura, Quino y Fontanarrosa decidieron ponerle el hombro a De la Flor, y la editorial siguió funcionando desde el exilio “en forma relativamente normal”. Quedó a cargo la suegra de Divinsky, que tenía una mínima experiencia comercial y un pequeño equipo trabajando medio día. “Nos consultaban la mayor parte de las cosas, en genral por carta, porque el teléfono era muy caro y no había telediscado, cuando alguien viajaba nos llevaba originales o traía propuestas. Tengo cartas guardadas con una minucia de 38 puntos a resolver, porque seguíamos trabajando y manejando la editorial a miles de kilómetros”.

10 comentarios »

  1. Buena nota, che. La parte en la que habla sobre novela gráfica es interesante ¿no? Digo, pensar que para ellos es una delimitación autoimpuesta sobre la masa de historietas publicables está bien, pero hay que ver qué condiciones impone sobre el rótulo (cuya definición no es estática y sus cambios se van a producir después de una serie de disputas, ¿no?). Pero es bueno que ya quede claro en qué estaban pensando estos tipos cuando decidieron publicar “novelas gráficas”.

    Comentario por el_bru — julio 17, 2011 @ 12:50 pm | Responder

    • Pero es una cagada porque después Clarín saca 3 o 4 títulos, como lo hizo hace poco (no se si ya termino o sigue saliendo) con el mismo criterio que De la flor, adaptaciones de novelas. Los editores masivos imponen esa definición de “novela gráfica”, y son los que llegan al publico por fuera del palo. Ademas de que los que arriesgan siguen siendo los editores independientes, apoyando a autores que aportan obras originales; los grandes se cuelgan de apellidos ilustres. Como negocio debe funcionar.
      Igual el concepto esta errado a un nivel mas alto, si la CONABIP compra una la adaptación de Farenheit 451 (doy por sentado que deben tener la obra original) de entre un mar de novelas gráficas de gran nivel, compran esta adaptación más por la obra en la que se basa que por la calidad de esta nueva “versión”. Es la misma subestimación hacia la historieta de siempre.

      Comentario por gonzalo — julio 17, 2011 @ 5:20 pm | Responder

      • Sí, claro: es la misma subestimación. Pero explicitar el criterio sirve por lo menos para estar en desacuerdo formalmente. Ahora todos sabemos qué es lo que pensó Divinsky en su momento y podemos decir “no me parece”. A mí no me parece, pero la tenemos adentro porque igual los que editan son ellos (Clarin y De la Flor y otros también). La colección que sacó Clarín era una parte de una colección mayor publicada en España por la editorial Sol 90. Ahí directamente ni siquiera hay un tipo que se ponga a pensar bien qué es una novela gráfica, pero no quiero ponerme a despotricar contra las deficiencias de Clarín porque ya me aburre eso.
        Lo que decís de los apellidos ilustres está bueno: fijate que hasta De La Flor arrancó colgándose de un apellido ilustre (Lezama, que ya venía con una trayectoria poética de cierta visibilidad fuera de Cuba pero que después de que Cortázar le editó Paradiso en Méjico, creo, alcanzó otra notoriedad como figurita). El problema es que, a la inversa que con la literatura, que es una maquinita de producir apellidos ilustres, con la historieta no pasa tan así: los apellidos de la historieta no se ilustran tan fácil, paradógicamente. Fijate que nadie se tomó el trabajo de editar algo parecido a una obra completa o una colección más o menos abarcativa de la obra de Fontanarrosa, que es un tipo que había alcanzado un reconocimiento bastante importante fuera del mundillo de la historieta. Y no te digo de Trillo, aunque no sé si llega al nivel de reconocimiento que tenía Fontanrrosa (¿lo tiene? yo soy muy ignorante y no me doy cuenta, en serio: me puedo estar equivocando, eh). Qué se le va a hacer.

        Comentario por el_bru — julio 18, 2011 @ 12:05 am

  2. ¿De Calvino no será “El barón rampante”? Quizás me equivoco…

    Comentario por sobrehistorieta — julio 17, 2011 @ 7:54 pm | Responder

  3. Sí, si no ya se venía “El bisonte demadiado”…

    Comentario por sobrehistorieta — julio 19, 2011 @ 12:29 am | Responder

  4. Corregido el título de la obra de Calvino. ¡Se entendía mal en la grabación! 😦 Mil disculpas!

    Comentario por Andrés Valenzuela — julio 21, 2011 @ 2:31 pm | Responder

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