Cuadritos, periodismo de historieta

enero 29, 2012

La llegada del lector-editor

Por Diego Agrimbau

Edición: Andrés Valenzuela

Con el crowfunding, Zuloaga consiguió editar su antología

Hace mucho que no escribo críticas u opiniones, así que voy a comenzar diciendo perogruyadas. Tengo que ponerme al día. Confío en que con el correr del texto llegaré a algo medianamente interesante que justifique esta convocatoria de Cuadritos. Así que ahí va. Sepan comprender.

Nosotros leemos historietas. Y algunos de nosotros, lo hacemos desde hace mucho. Hasta hace poco más de diez años, nuestras opciones de lectura estaban condicionadas por los vaivenes del humor editorial. Es decir, de los editores. La lógica era simple y era una sola. Había mucha gente haciendo historietas, algunas buenas; la mayoría, malas. ¿Quién separaba la paja del trigo? El editor. Pero no lo hacía exclusivamente por amor al noveno arte, sino también por cuestiones materiales: había que vender lo suficiente para perpetuarse hasta editar otro libro, y de paso, pagarse la vida. El editor corría el riesgo empresario, invertía capital y esperaba recompensa.

De esta lógica luego se desprende un abanico muy amplio de posibilidades comerciales, contractuales y legales entre  todas las partes de la industria: autor, editor, distribuidor, vendedor, lector. Así se mantiene este concierto hasta el día de hoy, entonando con mayor o menor énfasis siempre los mismos temas: royalties, liquidaciones mensuales, derechos de autor, etc. Claro que todo concierto tiene su discordia. Hechas las leyes no tardaron las trampas: números de ventas sospechosos, liquidaciones por royalties inexistentes, contratos leoninos, derechos vulnerados y toda la gama de denuncias que algunos autores se han animado a reclamar a viva voz.

Hasta hace diez años este sistema tan funcional como confuso era el único modo de creación de opciones de lectura. La única alternativa, siempre reptando por lo bajo, era la autoedición. Se fusionaba, siempre con algo de dolor e incomodidad, al autor con el editor. Las cinco partes se volvían cuatro: autor/editor, distribuidor, vendedor, lector. Y si la venta se hacía en forma directa, en eventos o a punta de pistola, hasta podíamos quedar en dos: autor/editor y lector.

En esa reducción de términos perdimos sistematización: la venta directa tiene todas las imposibilidades de la pequeña escala. El auto/editor casi nunca accede a números de venta capaces de sostener un modo de vida, por más frugal que sea. Está condenado, orgullosamente, a la artesanía comercial y a la manutención por otros medios.

Entonces vino Internet.

Con ella, un nuevo tipo de autoeditor. Uno que no estaba condenado a padecer cifras exiguas de lectores porque, de hecho, no tenía ningún límite en ese aspecto. Podía sumar todos los lectores que quisiera o mereciera. El costo era otro: en Internet todo es gratis. Lo único que había por repartir eran cifras de comentarios, de visitas, de suscriptores: migajas de capital simbólico. En algunos casos, las migajas se sumaron y los éxitos eventualmente aparecieron, en diferentes formas y magnitudes. Solo entonces Internet se convirtió en una alternativa real: todo aquel capital simbólico reunido podía reinvertirse en el mundo real, el de las cosas.

A partir de ese momento, las opciones de lectura ya no estaban condicionadas solamente por el mercado y la libre elección de los editores. De repente había muchas más historietas entre las que elegir. Claro que este nuevo concierto (electrónico) trajo un sin fin de nuevas discordancias: piratería, sistemas de pagos dudosos, Taringa, Blogger o WordPress, Creative Commons, etc. Fue entonces cuando las historietas comenzaron a migrar del papel a la pantalla, ida y vuelta, legal o ilegalmente.

Esta situación de “conciertos simultáneos” aparejó una serie de fenómenos nuevos que sería demasiado largo pormenorizar. Así que me quedo con uno: el nuevo lector/comentador. En el antiguo modelo de producción industrial, el lector apenas podía hacerse oír en el siempre breve correo de lectores. No tenía ni remotamente la inmediatez y la eficacia que tiene ahora un simple comentario en un blog. La pasividad del receptor se ha puesto en duda para siempre. El lector comentador, con firma y avatar, con su opinión argumentada y discutida, de a poco se ha ido convirtiendo en una especie nueva.

Womanthology lleva decenas de miles de dólares recaudados

Hernán Casciari, a bordo de su bitácora Orsai, generó uno de los éxitos más resonantes de la era de los blogs. El inmenso capital simbólico originado por sus cientos de comentarios por entrada se convirtió más temprano que tarde en libros publicados por editoriales tradicionales. Pero desengañado por las viejas mañas de estos editores, se decantó por hacer una revista autoeditada y vendida por Internet.

El éxito fue inmediato, en gran parte, por el involucramiento de sus lectores. Lo revolucionario del sistema de venta de Orsai radica en haber sabido transformar a los entusiastas lectores/comentaristas en lectores/distribuidores/promotores/vendedores. Pronto Casciari salió a decretar -en un guiño de cómplice mesianismo con sus devotos lectores- “el fin de la industria editorial”. La exageración era más una valiente treta por ponerse en el centro de la discusión, antes que una declaración con algún viso de posibilidad cierta.

Muchas de las reservas que muchos tenían con el sistema de Orsai, entre los que me cuento, se centraban en la difícil posibilidad de repetir el milagro con otras publicaciones. Es muy fácil decretar el fin de la era editorial sin nunca haber publicado un libro. Pero Casciari no defraudó. Hace pocos días, recibí de parte de Horacio Altuna, un mensaje con su nuevo proyecto.

Ahora Orsai se convierte en editorial.

Pero el sistema comercial en el que se basa la Editorial Orsai, no es tan nuevo. Es una variante del crowdfunding, es decir el “Financiamiento de Masas”. Es un método que está siendo empleado desde hace no tanto tiempo para financiar todo tipo de proyectos. La lógica es igualmente simple, y eso es lo bueno: el autor propone una obra y los futuros lectores la compran por Internet en forma adelantada, confiando en que el autor no los defraudará. Además, también se ofrece un sistema de recompensas de diferentes precios, para que los “apoyadores” puedan colaborar con diferentes cantidades de dinero. Claro que para ayudar a la confianza, el autor suele valerse de todo tipo de artimañas: videos en youtube, imágenes, lo que sea que atraiga la atención del futuro lector.

Claro que la pregunta inevitable es… ¿funciona?

Como siempre hay casos y casos. En materia de cómic estrictamente, ya hay varios ejemplos exitosos en Brasil. Un caso pionero fue la historieta Violentina, que esperando sumar 2000 reales para conseguir su impresión, los autores terminaron congregando cuatro veces más de lo esperado.

Orsai supo capitalizar el enorme capital simbólico de su creador en lectores contantes, sonantes y "comprantes"

Aunque el ejemplo más resonante fue la historieta Achados e Perdidos. Los autores de esta historieta, Damasceno y Garrocho, hicieron uso de la plataforma de financiamiento masivo Catarse.me, el equivalente brasileño a Kickstart.com o la argentina Idea.me. La respuesta fue excelente. En este caso, se necesitaban 25.000 reales para llevar a cabo un libro de más de 200 páginas. Gracias a los cuatrocientos “apoyadores” que lograron recolectar, ya superaron los 30.000 reales. La experiencia puede seguirse acá.

Como no puede ser de otra manera, la mayor cantidad de proyectos fructíferos se han producido en EEUU, gracias a la plataforma Kickstarter. El más llamativo es una antología de mujeres, que intentando juntar 25.000 U$D, ha terminado recolectando U$D 100.000.

En nuestro país ya existe la plataforma Idea.me, con algunos proyectos de autores vernáculos. El caso exitoso más cercano a nuestro medio es el del libro ilustrado Cuatro Gatos Negros Flacos, realizado por Christian Montenegro (ilustrador e historietista que integró el colectivo El Tripero formado por los ex alumnos de Alberto Breccia en los 90’s), la escritora Did Grau y la diseñadora Laura Varsky.  Este interesante proyecto ya llegó a los 10.000 dólares para financiar su realización y producción.

El cambio de paradigma es significativo: a través del crowdfunding una parte del rol del editor recae en el propio autor, que sigue encargándose de la hechura material y conceptual del libro como cualquier autoeditor, pero el riesgo empresario, la inversión económica, la parte que más párrafos se lleva en un contrato, es asumida por los lectores. Sin contratos, sin cláusulas de venta de derechos, sin letra chica. Tan solo un pacto electrónico entre lectores y autores. Sin intermediarios más allá de la plataforma virtual elegida.

Imagino (y esto sí todavía es ciencia ficción) comunidades de lectores que directamente salen a buscar a sus autores preferidos con el dinero juntado, con la propuesta armada, instándolos a realizar una nueva obra. Imagino a ese conocido coro de lectores de historieta clásica argentina, que tanto fatigan los foros y los blogs reclamando buenas historietas de género, reuniendo sus voluntades y sus billeteras para lograr que sus postergados autores regresen de una vez por la senda de la historieta perdida. Puedo imaginar muchas cosas. Pero por ahora sólo quiero sentarme a ver qué pasa.

No creo que a partir de esto uno pueda salir a reclamar el fin de la industria editorial como la conocemos. El aporte de los buenos editores fue, es y será inestimable. ¿Qué hubiera sido de nuestras lecturas sin Boris Spivacov, sin Andrés Cascioli, sin Daniel Divinsky, sin Jorge Álvarez, sin Héctor Germán Oesterheld? Pero sí creo en la diversificación. Creo en las posibilidades. Creo en que cuantas más opciones tengamos para editar y para leer, mejor.

Mucho mejor.

10 comentarios »

  1. Excelente artículo y muy acertado según mi punto de vista. Yo quiero pensar que se va a poder mantener el sistema propuesto por Orsai. Espero que así sea.

    Comentario por sebastianmctián Martínez — enero 29, 2012 @ 10:46 am | Responder

  2. ¿y para cuándo el proyecto editorial Cuadritos en estructura crowdfunding?! La clave es tener una comunidad bien amplia y curar bien los proyectos

    Comentario por eavogadro (@eavogadro) — enero 29, 2012 @ 2:53 pm | Responder

  3. Vamo’ a ver que pasa. Suena lindo, por lo pronto. Apoyo el comentario del eavogadro, por cierto 😉

    Comentario por Zambrano — enero 29, 2012 @ 9:10 pm | Responder

  4. Yo personalmente en mi sello de zines http://www.zinemateca.com uso el sistema de print-on-demand. Con excepción de eventos puntuales relacionados con la edición independiente, para los cuales hago tiradas que no pasan los 30 ejemplares y que hasta ahora en cada evento agoté, sólo imprimo el ejemplar una vez que el lector lo pagó por las diferentes vías que ofrezco. En lo que va del proyecto, algo más de un año, puedo decir que llevo recaudado el 300% de la inversión inicial, dinero que por supuesto viene siendo reinvertido en el proyecto con excepción de algún que otro whisky. En forma de pago, el autor recibe los originales de impresión de su obra para que imprima y venda (o regale o lo que sea) por su cuenta en su país de origen y por supuesto se quede con todo lo que recaude de aquí hasta que él/ella lo decida.

    Comentario por Berliac — enero 29, 2012 @ 11:20 pm | Responder

  5. Muy bueno el artículo. Un ojala! en el tema Editorial Orsai y un bien ahí! a Mr Berliac (que anda muy en la onda de la cuestión).

    Acá lo más complejo es revivir la cuestión de que hay que pagar para que las cosas vean la luz y uno pueda disfrutarlas. Con tanto consumo con parche en el ojo casi obligado (debate que no viene a la cuestión) tenemos un mercado muy chico que no esta acostumbrado a ponerse (así en criollo). Por eso el crowdfunding versión argento viene muy flojo (por lo menos desde el seguimiento que le he hecho). Pero yo le tengo fe a que de a poco la vayamos armando.

    Comentario por Arekasadaro — enero 30, 2012 @ 3:34 am | Responder

  6. Ok, recordemos, agreguemos y demáses que ORSAI (y acalro que soy un ferviente admirador, que las compro y que me emocioné envigo y en directo con la chela de Casciari en TED y de hecho hinche mucho las bolas para darle aire en los programas de radio que producía) esta bancada también por el éxito mediático y financiero de muchas obras suyas. sin ir más lejos, la obra de teatro de Gasalla.
    a que voy? el sistema es genial, pero esta misma reacción de autor hinchado las bolas de su editor, dentro del noveno arte, se llamó IMAGE. recuerdan?
    claro que sí, ojalá haya mucho ORSAI y sus paralelos en historieta, cine y demás
    pero no perdamos ciertos detalles porque los golpes son duros cuando los proyectos no salen como uno pensaba.

    Comentario por Luis Diaz — enero 30, 2012 @ 11:06 am | Responder

  7. creo que el crowdfunding viene flojo en argentina xq no estamos todavia tan acostumbrados a mover plata x via internet como los europeos, yanquis y demas. O al menos es lo que a mi me pasa.

    Comentario por Zambrano — enero 30, 2012 @ 8:43 pm | Responder

  8. Luis Diaz puso los puntos sobre las ies sobre ORSAI. Bien ahi!

    Comentario por pepelui — enero 30, 2012 @ 8:56 pm | Responder

  9. Sí Luis, estoy de acuerdo con vos. Hace rato que me gira ese tema en la cabeza, como único “ruido” que me hace la experiencia Orsai o, más que la experiencia, el discurso. En la charla ejemplar y emocionante de Casciari en Ted, él habla de ver morir al sistema tradicional de edición, de los grandes medios hegemónicos que nos dicen qué y cómo consumir cultura… PERO, tiempo después lo veo con Altuna de la mano en la revista Viva, precisamente de Clarín, EL mega-grupo, el anti-ejemplo. ¿Entonces? Ok, te financiás la revista Orsai que no lleva publicidad, etc, con la guita de Gasalla, de Clarin… pero estás diciendo otra cosa. Repito que es el único PERO que le puedo poner a Casciari, porque me parece impecable en todo lo demás. Y, sobre todo, me parece punta de lanza para nuevos tiempos en lo que a hábitos de consumo cultural se refiere. Ojalá se aclaren los puntos oscuros. Abrazos.

    Comentario por Dante Ginevra — febrero 1, 2012 @ 10:33 am | Responder

  10. Me sorprende mucho, habiendo leido la propuesta de Orsai, en la que apunta a un lector/comentador maduro que los primeros comentarios fueran “canté pri” “llegué segundo” o “top ten”, como si leer un post (del contenido que fuere) antes que otro tuviera algún mérito en sí mismo.

    Comentario por JuanManuel Tumburus — febrero 11, 2012 @ 2:54 pm | Responder


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