Cuadritos, periodismo de historieta

febrero 10, 2012

Padres y ratones en pequeño formato

Truchafrita está entre los más destacados autores de Colombia

¿”Hacerse los ratos significará lo mismo en Holanda que en Argentina”? Sea cual sea la respuesta, eso le agrega un plus a Jet Boy, Jet Girl!, de la europea Anna Bas Backer, una de las dos “Burlesquitas” de autores extranjeros que lanzó el sello Burlesque hacia fines del año pasado. El otro es una selección en pequeño formato de varias “anotaciones en cómic” de Cuadernos Gran Jefe, del colombiano Truchafrita.

Jet Boy, Jet Girl! es una anécdota de amor punk y bisexual que transcurre entre fiestas y recitales. Chica conoce chico, pero chico la deja por otro (chico, claro). Así de simple y sin usar más que un puñadito de palabras. Bas Backer arma la historia con un tono de plena actitud carpe diem. Los personajes disfrutan el momento y van viendo qué surge en el camino.

Desde lo gráfico, la holandesa hace juego con el espíritu punkie de su propia historia. Tiene un trazo ligero que va muy bien para lo que quiere contar y quizás la principal pista de ello es que se hace muy difícil imaginar a los personajes hechos de otro modo. Narrativamente la historia fluye bastante bien y utiliza con inteligencia la analogía agonística de los ratones (que en Argentina cobra un segundo significado), aunque hay una instancia a mitad del librillo en que hay que retroceder, revisar y buscar bien las pistas de lo que está sucediendo.

Desde Holanda, un triangulito amoroso punk

Truchafrita –uno de los más destacados de su país- ofrece  una historia diametralmente opuesta en todo aspecto. Al tono despreocupado y ligero de su colega él presenta recuerdos familiares serios y al estilo de dibujo suelto opone una precisión rigurosa en los trazos. Finalmente, si en la narrativa de la holandesa casi no hay palabras ni voces, en la del colombiano lo dicho y lo callado son elementos de suma importancia.

Cuadernos Gran Jefe ofrece un retrato del padre del autor. Un hombre protector de sus hijos, estricto y emotivo por dentro, pero poco dado a exteriorizar sus sentimientos. Un padre como los de antes, dirá alguno y algo de eso hay. Tanto que hasta resulta raro ver el trato “de usted” entre miembros de la misma familia.

El autor colombiano no ofrece a sus lectores una épica de su infancia ni una canonización de su padre. Tampoco una demonización. Ni siquiera, como a veces se destaca en las autobiografías, un retrato de la sociedad de su época. No: refleja una relación en la que los Cuadernos sirven para plasmar recuerdos y sugerir cómo, en cierta medida, uno puede ponerse en paz con la educación que recibió.

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