Cuadritos, periodismo de historieta

marzo 11, 2012

Las maquinarias emotivas de Calvi

"A veces era bueno, y a veces era malo, malvado jamás", cita a Gaiman

La primavera de 2011 todavía no se instala y aún está fresco por la calle. Dentro del bar, con un pianista de fondo, Fernando Calvi empieza a desandar una entrevista que tendrá que esperar un buen tiempo. El suficiente para que firme contrato para, finalmente, publicar Altavista en las condiciones que él quería: las dos partes juntas y en los cuatro colores de rigor.

Ante el grabador de Cuadritos, este otrora discípulo de Carlos Trillo no se queda en el análisis minucioso de una de las obras más intensas y discutidas de la nueva etapa de Fierro. También se vuelca a hablar de la multitud de proyectos que lo ocupan desde hace rato: las crónicas culturales en la revista Ñ, su papel como jurado en el Premio que esa misma publicación lanzó, y El maquinista del General, su proyecto actual para la revista que sale cada mes con Página/12. Incluso, hasta acepta adelantar una pizca de una historieta digital que lo tiene ocupado junto a Quique Alcatena.

Un registro amplio

“No me gusta la sensación que percibe el lector cuando termina la primera parte de Altavista”, dispara Calvi. “La segunda parte surge de la necesidad de discutirme a mí mismo lo que había dicho en la primera, por eso a nivel del discurso me gusta que sea leído junto”. El autor reconoce que el primer tramo del relato funciona “muy bien” en soledad y que resulta “más vendible, atractiva y popular” que su continuación, que requiere indisolublemente de la primera para funcionar.

“Yo no quería es que hubiera un tomo uno y nunca un tomo dos”, destaca sobre los motivos que lo llevaron a buscar un libro que supera el centenar y medio de páginas. “En un mercado más estable, completo podría ser en dos tomos. Con los saltos editoriales a los que estamos acostumbrados, yo quería asegurarme que cuando el libro estuviera en la calle se pudiera leer todo lo que hay y probablemente vaya a haber de Altavista”. Aunque hay una tercera parte escrita, Calvi duda sobre cuánto lo siga representando como autor. “Además, sería más bien una aventura de Barragán, como si fuera el Corto Maltés, pero no depende de las otras”. El segundo pasaje de la historia, agrega, sirve para cerrar cabos sueltos. “En la segunda parte cierra por qué tiene una sombra en la cara, por qué compra esa casa”, acota, “también me gusta eso, gana una unidad que de otro modo no tendría”.

¿Por qué el segundo tramo de Altavista tendría menos llegada? Calvi opina que es más “arisco” y que eso mismo fue lo que le interesó. “Cuando hice la primera, yo estaba parado en un lugar que entiendo que resulta atractivo en cierto punto: el desamor, cierta tristeza; en la siguiente parte se combate un poco eso”, reflexiona. “¿Cuánto tiempo vas a sentir tristeza sin ser un depresivo que tiene que tomar pastillas ya? ¿Cuánto tiempo te vas a bancar a una persona que te hace sentir triste?”, cuestiona.

Lo único que se puede ver hasta el momento: el logo del proyecto digital en compañía de Quique Alcatena

“Al final de Anansi Boys, (Neil) Gaiman dice sobre un personaje algo que para mí es brillante: a veces era bueno y a veces era malo, malvado jamás”, ensaya una nueva explicación y observa que “el estado natural de la gente es a veces ser buena y a veces mala”, de modo que ver al Barragán “malo” en la segunda parte resultaba “inevitable”. Malo “bancándosela, malo contento, abrazando eso que todos tenemos y soltándolo cuando ya el enojo se acabó”.

“Uno está triste un rato. Contento otro rato. Enojado un rato. Lo que me gusta de Altavista es que tiene un registro mucho más amplio. Uno como autor nunca es una sola obra. Es todas las obras que hizo, hace y hará. Pero me parece que Altavista completo me pinta un poco mejor que sólo la primera parte. Aún en las cosas miserables, que son las que me interesa que exponga un artista, porque las partes cool o más bellas son más fáciles de exponer”.

A Calvi los contrapuntos anímicos le parecen fundamentales. “Y un equilibro, porque sino está esa idea de que se es sincero sólo si habla mal de uno mismo”, advierte, “y uno puede creerse, gustarse y enojarse consigo mismo, y hasta estar enojadísimo con la persona que uno más quiere, y que todo eso esté en la obra”.

Maquinando en una ucronía

El maquinista del General surgió de un chiste en una serie que descartó

Desde que terminó Altavista, Calvi no se quedó quieto. Continuó con Bubbles (Europa), con Bosquenegro (infantil), participó como jurado del Premio de Historieta Ñ (revista en la que también publica crónicas culturales tras la máscara de las viñetas) y avanza en un proyecto de historieta digital (Totem) junto a Alcatena del cual apenas consiente decir que “es una alegría enorme como subirse al mejor juego del mejor parque de diversiones” y que se trata de hacer algo que los apasiona de la forma en que creen que debe ser hecho. Inútil reclamarle más datos. Su única respuesta es “¡Pronto!”

En Fierro, mientras tanto, se presentó con El maquinista del General, como un modo de romper con lo que venía haciendo hasta ese momento. “Tenía una tercera aventura de Barragán, un guión que me sigue gustando desde lo técnico, pero me molestaba un poco la idea de que yo era el tipo que hace Altavista, que soy consciente que es una cosa muy particular dentro del medio, desde lo tonal y desde lo formal”. Calvi no quiso que se confundiera los recursos que había elegido “porque la historia y el personaje lo necesitaban” con “un yeite de autor”.

Su segunda opción, confiesa, era una serie “de género”, de investigadores de lo oculto. Venía bien, pero promediando los capítulos se dio cuenta que, como Altavista, esta también “era una carta”. En la relectura, afirma, descubrió que era una carta a sí mismo. “En Altavista encontré muchas cosas que no era plenamente consciente de que las estaba diciendo”, señala. La tónica se repetía con los detectives paranormales y rompió también con eso. “Me molestaba sentir que estaba tocando la misma canción variándola sutilmente. Parecía otra cosa pero en el fondo era lo mismo. Así que tiré todo”.

Sin embargo, de esa misma serie surgió El maquinista… “Había un chiste muy zonzo sobre la cuestión de hacer películas con CGI y cómo los actores empiezan a ser tipos que sólo ponen las voces. Y también cómo eso va a potenciar cosas como hacer Casablanca 2, por ejemplo. Y me daba mucha gracia el chiste del Maquinista del General, con El Maquinista de la general, de Buster Keaton. Me parecía gracioso como juego de palabras zonzo”.

Crónicas culturales en Ñ. Esta, dedicada a la saga literaria Game of thrones

El autor considera que “eso paralelamente puede jugar con cierto conflicto mío con la izquierda, que es con la que más me identifico ideológicamente” y recuerda el clima político que atravesaba el país cuando se gestó la historia. “Un período de polarización que me llamaba mucho la atención, supongo que no fue consciente, pero que eso me llevó a armar una historieta que en un punto usa como escenario esos años ’50 gloriosos del peronismo, pero completamente ideales, porque no es una historieta realista ni costumbrista”.

Calvi rechaza la idea de una alegoría detrás de El Maquinista. “No como 1984, por ejemplo, que es del stalinismo y aplicable a otros gobiernos de esos tenores, sean de derecha o de izquierda”, analiza, “la mía es una historia de ciencia ficción que extrapola cosas del peronismo y después juega con clichés del género”.

¿Pero la buena ciencia ficción no habla de nuestro mundo?, interroga el cronista y el entrevistado asiente. “Sí, habla de nuestro mundo, pero no en directo. Una alegoría es una forma de ejemplificarte algo. Lo que me molesta allí es que hay sólo una lectura y un mensaje posible, una vez que se entendió, ya está la obra. El Maquinista pretende ser leída como quiera ser leída por cada lector”, apunta, aunque reconoce que hay símbolos y que es susceptible de admitir una lectura política.

Las otras máquinas

Calvi es uno de los jurados del Premio de Historieta Ñ, junto a Daniel Divinsky (Ediciones de la Flor) y Horacio Altuna. “Leer y opinar sobre más de cien obras con colegas que uno respeta es muy interesante, ver qué lee cada uno, qué cosas están bien y cuáles mal para cada uno”, repasa la experiencia. “A veces el acuerdo en que algo era bueno o interesante era unánime, otras ni de cerca”.

Aún falta para ver la portada definitiva del libro, pero ya tiene contrato firmado

De cualquier modo, señala, es “extraño” estar frente a la montaña de proyectos esperando saber “si merecían o no ser editados, el adelanto o la mención”. Es que, explica, él tiene claro que “los criterios son algo muy elástico”, aunque en esta ocasión ayudaba no saber quiénes eran los autores.

Aunque la del Premio fue su participación más “íntima” con la maquinaria editorial de la revista, su primera participación allí fue cuando el suplemento cultural del matutino porteño Clarín abrió una página para que historietistas volcaran su experiencia. “Ahí hice algo basado en una experiencia que tuve, una cierta epifanía en una operación”, revela, “me había impresionado mucho sentir que me iba a morir”. Se sintió al final del camino aunque, resultó, sólo había sido un problema con la anestesia.

“Intuyo que gustó, porque cuando se empezó a armar el proyecto de crónicas culturales fui convocado con quienes están ahora”, comenta Calvi. La propuesta lo sedujo por varios motivos, desde el lugar de la historieta en diarios y revistas hasta la libertad de formato que le ofrecía, tras cuatro años restringiendo su grilla a las nueve viñetas de Altavista. “El hecho de jugar con el diseño de la página y que cada una sea como pinte según el tema, me interesaba muchísimo”. Además, destaca que “siempre es fascinante que ‘historieta’ y ‘laburo’ estén en la misma frase”.

Desde que comenzó recorrió obras de títeres, películas, libros y recitales, entre otros espacios. “Como experiencia, me tentaba un poco que me manden a cubrir un recital de Kiss”, desliza y afirma que es un trabajo “super interesante” por la inmediatez que exige entre experiencia y puesta en papel.

Encontrar cosas que lo motiven es clave para su trabajo. “Me doy cuenta que no tengo cierta carga de historietista o dibujante profesional, que es la capacidad de sentarme a hacer una historia de género y punto”, reconoce, “si yo no puedo lidiar con lo que me está pasando, sino me sirve de descarga o para estudiarlo, pierdo empuje”.

8 comentarios »

  1. Qué grosso Calvi… Espero anioso el libro de Altavista para releerla toda de un saque…

    Comentario por Andres Accorsi — marzo 11, 2012 @ 2:01 pm | Responder

  2. que gran noticia que Altavista vaya a salir en libro por fin!. Recuerdo que en el Dibujados anterior le pregunte a Fernando Calvi si iba a ver un dia un libro de Altavista. Y el me dijo: Que lindo seria eso no?. Que bueno que se cumplio!

    Comentario por Pablo Ontivero — marzo 11, 2012 @ 5:29 pm | Responder

  3. Qué bueno que esté por salir el libro de Altavista. Y la historieta con Alcatena.
    Me encantaría poder leer lo de Bubbles y lo nuevo de Bosquenegro.

    Comentario por Fran López — marzo 11, 2012 @ 8:44 pm | Responder

  4. Quiero ese libro ya!!. Para leerlo de corrido y disfrutar de la poesía…
    A Calvi dan ganas de colgarlo en la pared. A sus historietas quiero decir.
    Es muy bueno Calvi. Y nos hizo el logo del Congreso Viñetas Serias 2012!.
    No tengo nada más para decir: compren todo lo que haga!!!!

    Comentario por laura vazquez hutnik — marzo 12, 2012 @ 1:15 pm | Responder

  5. Sin dudas, en el parnaso de los historietistas argentinos de todos los tiempos.
    Un grande.

    Comentario por Luciano Saracino — marzo 12, 2012 @ 4:05 pm | Responder

  6. Sus razonamientos tacitos seran nitritos para los descomponedores.

    Comentario por oenlao — marzo 12, 2012 @ 7:42 pm | Responder

  7. Calvi abre caminos! genial que poder leer altavista en papel!!

    Comentario por erica villar — marzo 13, 2012 @ 8:55 pm | Responder

  8. […] Cómics, una iniciativa de Fernando Calvi y Quique Alcatena que lleva largo tiempo de gestación, tal como adelantara el autor de Altavista a Cuadritos. En Tótem ambos historietistas llevan una serie. La de Calvi se llama Punto […]

    Pingback por Tres nuevas historietas digitales « Cuadritos, periodismo de historieta — septiembre 19, 2012 @ 10:02 am | Responder


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