Cuadritos, periodismo de historieta

abril 18, 2012

La autoridad del gourmet

Filed under: Especiales — Andrés Valenzuela @ 10:00 am
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“¿Pero quién sos vos para decir eso?” La frase, palabras más, palabras menos, la debe haber escuchado o leído sobre su trabajo casi cualquier crítico de obras culturales, sea cine, música, literatura o historieta. En el campo de las viñetas lo escuchó Andrés Accorsi en incontables ocasiones. Lo leyó Diego Agrimbau alguna vez que criticó a un colega. Y también se discutió por aquí, claro. En general, quienes se quejan de esas críticas son los criticados o sus  allegados. Y el recurso por excelencia es tratar de desligitimar al crítico de turno, cuando no a la crítica como sistema cultural general.

La cuestión de fondo, en todo caso, sigue siendo la misma: ¿quién le da autoridad para criticar a ese chichipío?

Eso encierra otra cuestión: que esa autoridad existe. Que es simbólica, pero concreta, y que tiene efectos observables (la reacción de los criticados, uno de ellos).

¿Dónde está esa autoridad?

¿Está en el conocimiento del crítico? Podría ser. Alguien que sabe más sobre el lenguaje que critica tiende a elaborar análisis más profundos sobre una obra. ¿Sí? ¿Y sobre el resto de los temas? ¿El crítico no debería tener una cultura general más amplia que, además de leer formalmente una obra, le permita ponerla en relación con el mundo?

¿O la autoridad está en el propio crítico y su capacidad para argumentar o hacerse entender por sus destinatarios? Puede ser. Una crítica escrita con pluma más lúcida o más punzante siempre captura más adeptos que una anodina, aún si esta está fundamentada en mayores conocimientos.

Sin embargo, la legitimidad de un crítico nunca está en sí mismo. Si está en algún lado, es en la relación de lectura que genera con quienes atienden sus reseñas. Vamos, en sus lectores. Y no en sus lectores en simples términos cuantitativos. Sino en un sentido mucho más amplio.

“Seguir” a un crítico rara vez significa actar ciegamente sus recomendaciones y alabar todo lo que él elogie. Más bien, los lectores tienden a “recorrer” varios críticos hasta dar con uno con el que tienen puntos en común reconocibles, con los que concuerdan y con los que sienten que, a favor o en contra, pueden servirles para orientar mejor sus consumos culturales.

Esta legitimidad también la puede otorgar, según en qué círculos, otros críticos ya reconocidos, que saludan su labor. O los mismos autores criticados, si entienden en conjunto que sus observaciones -positivas o negativas- están bien fundamentadas (claro, como parte interesada, lo mismo que los editores, habría que observar con ciertos reparos un entusiasmo excesivo de los autores hacia tal o cual crítico).

El sub-sistema cultural en su conjunto tiende a reconocer a un crítico en cuanto advierte su posible influencia. Un reconocimiento que, sencillamente, se manifiesta en mayores facilidades para ejercer su tarea (por ejemplo, facilitándole libros para reseñar, amplitud de horarios o posibilidades para ver películas en el caso de los críticos cinematográficos de mayor peso, etcétera).

Porque sí, pese a lo que le gustaría creer a muchos, hay una cuota nada despreciable de influencia. En el nivel más básico, dando cuenta de la existencia de un producto cultural en la gran góndola de la oferta de entretenimiento: no importa cuán artística y elevada sea una obra, si está en el mercado, como tal compite con las demás por la atención del público. Es que en el universo de los bienes culturales, el crítico cumple una función orientadora.

El colega Andrés Accorsi suele comparar a un crítico con el forense. Un tipo que llega a la mesa de laboratorio con la historieta”fría”, para diseccionarla y ver qué sucedía dentro. Desde la perspectiva que se propone acá, el crítico está más cerca de un especialista en bromatología escribiendo en una revista gourmet: te cuenta qué ofrece en la carta, en qué estado de salubridad lo leés y cómo lo prepararon en la cocina. Porque a la postre, siempre está en el comensal decidir qué tiene ganas de comer.

15 comentarios »

  1. Un forense es un experto abalado por una universidad y por otras autoridades, igual el bromatologo. En cambio los criticos…
    Un critico de cine o de teatro (para alejarnos del comic)puede ser un tipo que esta ahi por que no hay otro y algo sabe, podria ser un periodista de espectaculos.
    Yo creo que los criticos de historietas, de argentina, mas importantes(para mi) son los 2 andreses, con los cuales muchas veces no estoy de acuerdo. Sin embargo en los medios de comunicacion hay otros criticos (al menos los que escriben de historieta)que como ya leimos son un desastre, conocen a Mafalda y a tintin, o eso parece cuando los leemos. Tambien algo que nos da confianza para leer a un critico es conocerlos y saber que de lo que dicen es creible y que no. Cual o cuanta es su objetividad. Un ejemplo burdo, si clarin habla mal de budu, no se puede creer.

    Comentario por oenlao — abril 18, 2012 @ 11:51 am | Responder

    • Ojo, Carlos, quizás no hay un “título” de “crítico de historietas”, pero eso no implica falta de formación. Y lo mismo se aplica a cualquier periodista de cultura y/o espectáculos. Ponele, yo me recibí de licenciado en periodismo (en la UNLZ, bastante respetada en el ámbito de la comunicación) y allí vi cuestiones de estructura narrativa o de composición de imagen, por ejemplo.

      Comentario por Andrés Valenzuela — abril 18, 2012 @ 12:22 pm | Responder

      • No hay dudas de eso pero no es exactamente lo mismo. pero ¿Cualquier medico puede ser forense?

        Comentario por oenlao — abril 18, 2012 @ 2:13 pm

  2. Estos artículos los veo super interesantes y útiles para el debate.

    De hecho, me meto de lleno con un comentario que me hizo pensar después de leer lo dicho por Oenlao: si bien es cierto que los críticos no tienen “título”, tampoco los historietistas! O sea, sí, podés tener un título en comunicación si sos guionista, si sos dibujante, diseñador gráfico, etc.

    Pero nadie es un egresado universitario de la carrera de “hacer historietas”. El hecho de que se trate de un oficio también termina por enredar las cosas. De hecho, justamente por eso es que en el arte (para bien y para mal) cualquiera puede opinar, creo que debe ser una de las pocas (sino la única) actividad en dónde no hay que demostrar tener una opinión calificada para emitir un comentario sobre un colega/profesional. Y por otro lado, cualquiera que quiera, también, puede colgar un lienzo en blanco o dibujar con la mano izquierda (siendo diestro) 900 páginas y gritar que es arte… argh, ven? todo sería más fácil si esto fuera una ciencia exacta!

    Tenía un par de conceptos más pero la dejo ahí por ahora.

    Saludos!

    Comentario por Nico — abril 18, 2012 @ 1:05 pm | Responder

  3. Como humorista gráfico, a mí las críticas me han servido para verme el ombligo y tratar de mejorar. Vienen bien de vez en cuando, para no aburguesarse.

    Comentario por Marbot — abril 18, 2012 @ 1:39 pm | Responder

  4. Si el forense oficial basado en algun tipo de analisis quimico dice que murio por tal causa, no se puede discutir; si el bromatologo dice que tal comida esta contaminada, tampoco.

    Comentario por oenlao — abril 18, 2012 @ 2:24 pm | Responder

  5. Creo que hay “críticos y criticones” y los separa una delgada linea que es la subjetividad personal por sobre la opinión objetiva. Si el crítico parte de la idea a priori si me gusta o no tal estilo, o tema y después opino….seguramente sus opiniones son más duras que en el caso contrario. También es cierto que todos los críticos tienen sus gustos personales y en el cine por ejemplo que hay muchos uno a la larga los va conociendo y sabe cual seguir y cual no. El critico Pauls (hermano del actor) cada vez que recomienda una película, ya se que no me va a gustar y si a el no le gustó, seguro que me va a parecer entretenida.( son diferentes gustos). Son críticos que prefieren lo raro, alternativo y artístico por sobre el cine convencional y está bien que en una industria tan masiva como el cine, existan diferentes tipos de críticos. Por supuesto que el crítico no afecta en última instancia el recorrido comercial de un producto, pero si ayuda o no en su camino. En historieta hay pocos productos y críticos, porque el público es pequeño y sería bueno que al opinar se tuviera en cuenta si se colabora o no a la integración de nuevos lectores o apertura a nuevas temáticas de los lectores que hay, de forma que en última instancia todos desde su lugar ayuden a que aumente el público. No digo que hay que ser obsecuentes ni que todo lo que se publique este bueno solo por el riesgo que se asume al hacerlo acá. Pero si solo damos alabanzas a ciertos autores y temáticas y con los otros somos tan severos, la única manera que el publico aumente es que todos compartan el gusto del crítico….Por último tengamos en cuenta que siempre es enormemente más difícil y arriesgado “hacer” un producto cultural…..que comprarlo y hablar desde la comodidad del sillón, por ello la responsabilidad del crítico es mayor que la del simple lector, ya que con su bagaje profesional, puede entender la dificultades y metas que los autores quizá no pudieron alcanzar.

    Comentario por Smilton — abril 18, 2012 @ 3:17 pm | Responder

  6. A la pregunta “¿Quién sos vos para decir eso?”, el crítico sólo puede responder (en un alarde de mesianismo): “Soy el que soy”. Porque si contestara con otra pregunta (“¿Quién querés que sea yo?”), no habría respuestas concluyentes.
    La autoridad del crítico es hasta cierto punto exterior a él, pero comienza en el momento en que el crítico toma la palabra. Tomar la palabra es un acto de poder, es un hecho que confiere autoridad (mínima y, como toda atribución de autoridad, discutible). Si le dan la palabra (una institución de la cultura cualquiera, pongamos un diario o una revista o una academia), hay una especie de transitividad ahí que interviene: la autoridad del crítico se enmarca en la autoridad de esa otra institución.
    Las disputas sobre la autoridad del crítico pasan al frente cuando no se puede seguir batallando sobre lo que el crítico tiene para decir de una obra. Decir algo sobre una historieta es, de alguna manera, intervenirla y transformarla. “¿Cómo vas a manosear esto que yo hice acá, esto que es mío?” El crítico es una especie de profanador: rompe el círculo sagrado de la obra de arte, “revela” alguno de sus “secretos”, le impone una valoración según un criterio que es externo a esa obra. Entonces la obra, como toda obra, pasa a ser una zona de disputas y el crítico un contendiente (relativamente) calificado. Descalificarlo es el primer paso para reducir su peligrosidad.
    ¿No puede haber autoridad sino a través de una institución? ¿Por qué necesitamos que exista una “carrera de crítico de x” para quedarnos tranquilos? Los logros académicos pueden certificar haber atravesado un circuito que exige una lógica, pero no dan la razón. Borges tuvo una labor crítica importantísima antes incluso de publicar su primer libro de poemas. Quiroga fue crítico de cine. Hitchcock, si no me equivoco, también fue crítico de cine. ¿Qué los avalaba? En Hitchcock, hoy a uno le parece claro, pero supongo que en su momento, mientras él estaba amasando su autoridad, varios se la habrán discutido. Lo mismo a Borges (sobre todo a Borges). Pero estoy hablando de gente de la que podemos deducir una autoridad a partir de un hacer: Borges hablaba de literatura porque la hacía, Hitchcock hablaba de cine porque lo hacía. Si bien hoy sigue pasando lo mismo (el affaire Agrimbau-El Tomi, que recordás, es interesante para ver cómo alguien que hace historietas habla de historietas), el crítico en el que piensa la nota es aquel cuya autoridad no se funda en el hacer: “vos no podés hablar de historietas porque no las hacés”.
    Pienso que a esa impugnación (que para mí es odiosa, es casi una forma de censura) hay que contestar: “yo puedo hablar de mi lectura porque leo”. Porque lo que diferencia al crítico de los lectores comunes, es la necesidad y la voluntad de escribir esa lectura. Después, creo que si alguien le da o no la palabra o si ese crítico hace o no hace méritos para que esa palabra sea oída, ya es otra cosa.

    Comentario por el_bru — abril 18, 2012 @ 5:10 pm | Responder

    • No vale, venía a contestar tranquilo luego de que los melli se duermieran, y vos pones todo lo que yo pensaba, más y mejor.
      Maldito
      (te extrañaba :p)

      Comentario por hernancarreras — abril 18, 2012 @ 11:52 pm | Responder

      • Vamos, Carreras. No se guarde nada. Usted seguro tiene algo más interesante para decir.
        (¿cómo están los mellis?)

        Comentario por el_bru — abril 19, 2012 @ 9:52 am

    • “Soy el que soy” y “¿Quién querés que sea yo?” (esa última pregunta es la clave de todo: del amor, del arte, de la política).
      Aplausos, como una foca pasada de frula (la comparancia es (c) de Rodrigo Terranova)

      Comentario por joandemena — abril 19, 2012 @ 11:42 am | Responder

  7. La frase “¿Vos quién sos para hablar?” es tan repugnante como su espejo, “¿Vos sabés con quién estás hablando?”. Al final a todos nos espera el olvido, ¿porqué vamos a estar legislando con tanta preocupación cada discurso, si basta con no leerlo para anularlo?

    Comentario por joandemena — abril 19, 2012 @ 11:43 am | Responder

  8. Ya lo dije otras veces, pero lo vuelvo a repetir: creo que ponerse a definir (¿qué es un crítico? ¿qué es la novela gráfica? ¿qué es la nueva historieta argentina? ) es un acto un tanto soberbio, es de alguna manera decir que hace falta a estas alturas, después de tantas décadas de historia de la historieta, definir por qué Massota fue quién fue, etc. Nos guste o no lo que hayan opinado, el trabajo de los críticos ya está hecho, y en esto de definir las cosas no sólo se da (sin mala fe, eso sí) una especie de niguneo hacia todo ese trabajo, sino que además ponerse a definir termina siendo, indirectamente, un indicador de la inmadurez de la supuesta crítica de historietas actual en este país. Si existe ( o existiese) una crítica seria, su seriedad estaría marcada inicialmente por una autoconciencia que haría accesorio, un mero jueguito, ponerse a definirse a sí misma. Autodefinirse, tras décadas de historia de la historieta, es practicamente un acto adolescente, cómo quien se define emo o cumbiero. No se me ocurre otro motivo para intentar definirse a uno mismo con tanta historia detrás.

    Ahora, si lo que se busca es re-definir algo ( qué es o debe ser un crítico HOY), estaríamos hablando de roles, y todo rol es en pos de algo, exige una toma de posición. Y ahí empieza el forcejeo, porque esa posición es literal. Estoy algo en desacuerdo con Bruno cuando dice “si alguien le da o no la palabra o si ese crítico hace o no hace méritos para que esa palabra sea oída, ya es otra cosa”, porque esa “otra cosa”, para mí, el eje de la cuestión, lo único discutible. La discusión casualmente debería ir por el lado de “¿Qué institución(s) es la que hace del crítico un crítico?”. Porque convengamos que la institución de la que habla Bruno existe, tácitamente, pero existe, es el hueso alrrededor de donde vuelan las moscas. Existe no en su conformación, quizá, pero sí que existe desde sus espacios (que avalan), y sobre todo su discurso. Ser crítico hoy es alcanzar una de esas posiciones limitadas, manotear un cacho de la torta de La Historieta Argentina. Dentro de ese marco, decí lo que quieras que está todo bien.

    Comentario por Berliac — abril 19, 2012 @ 4:03 pm | Responder

    • Mientras sea a favor de la institución, por supuesto, ¿dónde se ha visto un crítico que critique?

      Comentario por Berliac — abril 19, 2012 @ 4:08 pm | Responder

    • En cuanto al segundo párrafo, entiendo que digas que de lo único que se puede discutir es de los anclajes institucionales de la crítica, esa “otra cosa”, pero también hay que ver que la pregunta de la que partía (pregunta enunciada en la entrada de Andrés y que invitaba a estas reflexiones) es “¿de dónde viene la autoridad del crítico?”, y yo estaba tratando de correrme de pensar la atribución de autoridad solamente desde espacios institucionales como las revistas, los diarios, las universidades, etc. Se puede discutir de eso también, pero no veo por qué no podemos discutir todo lo otro. Porque yo puedo decirte que la crítica en sí es una institución de la cultura moderna, que nace con la modernidad y particularmente con las formas modernas de la democracia liberal, y podemos discutirlo. Y después podemos discutir cómo un discurso crítico particular establece relaciones con determinadas instituciones y qué consecuencias trae eso. Pero cuando escribí lo que escribí me parecía importante que no se soslaye el hecho fundante de la escritura: sin una forma de registro, la crítica y el crítico no tendrían visibilidad, y esa visibilidad es importante en términos institucionales, legales y también políticos. Después, si una institución te da o no la palabra o si tenés muchos o pocos lectores, puede haber en el medio cuestiones de mérito, pero también puede no haberlas. Pero tomar la palabra, que es el gesto que yo propongo como fundante del crítico, es en mayor o menor medida una cuestión de voluntad.
      En cuanto al hecho de las definiciones (o re-definiciones, que para mí es más o menos lo mismo, pero podemos discutirlo), no sé qué tan inútil puedan ser, pero no en términos operativos, sino en términos políticos: no sé cuánto me sirve que me digan o que me conformen las definiciones nuevas o viejas sobre lo que es la crítica, la historieta, la novela gráfica, pero seguramente sea importante por cuestiones de poder que alguien imponga un nombre, marque un territorio y decida unas funciones. Y además, pienso que es sano para la vida de una institución que por una parte se preserven los lazos con su historia, pero también que se critiquen y transformen esas bases; y las definiciones nuevas que van surgiendo, además de dejarnos ver luchas de poder, nos ponen de frente con el devenir de esa institución. Una institución que no piense sus fundamentos en treinta años algún problema tendrá.

      Comentario por el_bru — abril 19, 2012 @ 6:35 pm | Responder


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