Cuadritos, periodismo de historieta

mayo 10, 2012

Historieta en la Feria 2012: rostros cansados pero satisfechos

“Por Billiken, Escuela de Monstruos pegó mucho entre los chicos de escuelas estatales, que lo reconocían”, comentaron en Pictus

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró sus puertas al público el lunes a las 10 de la noche. Un momento extraño en el que, cuentan los habitués, se multiplican los sonidos de cintas de embalar cerrando cajas y cajas y más cajas para retirar los libros que el millón trescientos mil visitantes que recorrieron la Feria durante 20 días no se llevaron. Es el momento de las últimas cuentas, de las risas que surgen cuando se afloja la tensión del trabajo constante, la del agotamiento. Y también es el momento en el que Cuadritos pasa por algunos stands comiqueros para que, a modo de termómetro, cuenten cómo estuvo la cosa.

Y la cosa, parece, anduvo bastante bien. Al menos a juzgar por lo que cuentan los cinco responsables consultados, por la visita constante en los otros stands y por las colas desesperantes en las principales firmas de libros. “Quejarse sería una inmoralidad, se vende cualquier cantidad porque acá viene todo el mundo”, define la cuestión sin ningún empacho Javier Doeyo, alma mater de Historietas Argentinas y uno de los veteranos del rubro en lo que a presencia ferial respecta. En su análisis particular, sin embargo, la concentración de stands de cómics en el Pabellón Azul puede resultar contraproducente. “Tanta oferta de historieta en el mismo sector divide la demanda, mirá -señala- tengo uno ahí y otro allá, casi pegados”, considera, aunque admite que “se laburó mucho y bien”.

La gente de Moebius, en tanto, demuestra un entusiasmo aún mayor. Martín Ramón, uno de los socios del emprendimiento señala que si de su primera experiencia en la Feria (en 2010) a la siguiente (2011) sus ingresos se triplicaron, lo mismo volvió a suceder desde entonces. “También tuvimos más gastos, pero no fueron tantos”, considera. La sorpresa vino de la mano de los tomos caros. “Nos sorprendió que vendieron muy bien libros de 100, 250 pesos, supongo que por la inflación ya no asustan tanto como antes”, evaluó y festejó el cambio. “No nos queda el mismo margen que a las editoriales, pero para nosotros fue buenísimo igual”.

En Moebius las firmas de libros son una estrategia para hacer conocer su oferta

A diferencia de las firmas de Ediciones de la Flor, siempre multitudinarias, las de Moebius fueron mucho más discretas. “Pero también nos sirve, porque la gente se para y conoce los libros”, explica. En este sentido, la convocatoria palermitana es un arma de difusión enorme. Ramón cuenta que promocionaron su nuevo local desde las bolsas en las que entregaban los libros y que notaron el impacto en la afluencia de clientes incluso durante el mismo transcurso de la Feria.

Como suele suceder, Moebius compartió stand con OvniPress, y los responsables del platillo volador consideraron “muy satisfactoria” esta edición. “Creemos que fuimos el stand de cómics que más gente convocó, y para nosotros lo más valioso es que se generaron nuevos clientes y se difundió la franquicia de la editorial”, informaron. Además, desde la editorial comentaron con particular entusiasmo la salida de la miniserie Siege junto al matutino Crónica y otros diez diarios regionales importantes. “Eso es muy importante para llegar a lectores que normalmente no pueden acceder a la historieta”, puntualizaron.

Julieta Arroquy y Decur se encontraron compartiendo espacio de firma con Quino

En el stand de Larp normalmente había menos gente, pero bastaba quedarse un rato para comprobar un comportamiento distinto de sus visitantes. La mayoría entraba, consultaba y compraba o se retiraba, sin darse mucho tiempo a revisar la oferta de las bateas. Una suerte de cliente-ninja que, sin embargo, conformó sobradamente a sus representantes. “Incluso fue más allá de las expectativas”, confió uno a este sitio, “incluso con Ymir nos fue mejor de lo que pensábamos, porque ayudó que estuvieron acá la mayoría de los autores ganadores del concurso”. El stand tenía agotado el último número de Death Note (el #12) desde el viernes, y al rato de comenzada la última jornada ya las empleadas informaban que se había terminado el stock del #11.

La experiencia en Pictus fue algo más modesta, reconocen. “Calculamos que nuestros resultados no están muy por encima que los del año pasado, más bien la cosa se mantuvo”, estimaron. Puestos a entender los motivos, entienden una combinación de factores. Por un lado, una ubicación no del todo buena para el stand. Por otro, cierta sensación de “bajón” con las compras de las bibliotecas populares impulsadas por la Conabip que “aportó la misma cantidad de dinero, pero como los libros están más caros, se vendieron menos ejemplares”, analizaron.

La cosa, queda claro, está bastante mejor que en el “Saló” barcelonés. Allí incluso el recuento de los grandes sellos arroja resultados de lástima. Navarro Badía, de Editores de Tebeos, cuenta en su blog que la editorial facturó 31 por ciento menos que el año anterior. Tampoco los artistas están satisfechos con el evento, tal parece que por motivos similares a los que esgrimen algunos argentinos para bajarle el pulgar cierto otro encuentro local. Claro que al menos de este lado del charco se encuentran alternativas viables. Hay caras largas en el Viejo Continente. En Argentina hay rostros cansados, pero billeteras entusiastas.

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