Cuadritos, periodismo de historieta

septiembre 23, 2012

Podetti, en busca de una historieta irreverente y barata

Filed under: Cómic argentino,Entrevistas — Andrés Valenzuela @ 10:00 am
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“Se perdió la falta total de límites y brújula que tenía el dibujante cuando esto empezaba”

“La historieta no debería tomarse en serio a sí misma”, arriesga Esteban Podetti en el único momento en que concede una definición sobre sus muchas críticas a la historieta contemporánea. Veterano del medio, hoy publica en Historietas Nacionales junto a su amigo Diego Parés (hacen Chumbo, el hombre elefante), en Fierro su columna satírica El Cartoonero y mantiene su blog Yo contra el mundo, cuyos artículos fueron recientemente recopilados por Sudamericana. Es, además, un habitual artillero en redes sociales contra los modos contemporáneos de producir cómics.

El Cartoonero mismo parece una diatriba contra el estado actual de la disciplina, aunque Podetti asegura que se trata sólo de las historietas que a él le gustaría leer, pero que no existen, y que en condiciones ideales, además de escribir esa crítica apócrifa, la dibujaría. “Me encantaría leer una con un guión muy bueno, pero con un dibujante inepto, o una hecha por un desequilibrado y que en el estilo se vea lo que le pasa al tipo”, cuenta, “si tuviera más tiempo, escribiría el artículo y después intentaría hacer esa misma historieta, me parece que ahí se armaría perfecto”. Si aparece una crítica, reconoce, es sencillamente porque la disciplina, como cualquier otra rama del arte, “tiene mucho para ser criticado”.

“Algunas críticas son cosas más importantes, pero otras tonterías que a uno le irritan un poco”, admite y enumera una lista que va desde la denominación novela gráfica “para algo que existe casi desde el inicio de la historieta” hasta la interacción del dibujante con sus lectores. “Uno tiene una idea muy acabada y concreta sobre cómo es la historieta, y cuando uno es medio talibán, de cómo debería ser la historieta”, arranca, “entonces cuando uno siente que hay un montón de gente que no comparte eso, o no lo entiende, o no le interesa, nace la irritación, que uno poniéndose objetivo se da cuenta que es completamente ridícula e injusta: hablamos de de arte, de una cosa completamente subjetiva”.

The Wizard of Id, la única historieta en el horizonte de referencias de Chumbo

El guionista -no escapa a nadie que conozca su trayectoria- es ferviente defensor de los clásicos, de la historieta surgida del oficio. “¿Por qué uno se encuentra con esta necesidad de decir palabras muy grandilocuentes o de disfrazar la historieta de lo que no es?”, cuestiona, “si a a mí me gusta que la historieta salga en papel barato, si me parece maravilloso que tenga que leerse por episodios”. Ejemplifica con Pi Pío: “al leerla te das cuenta que (Manuel) García Ferré iba escribiendo lo que le salía y la historia iba yendo en direcciones impensadas, muy delirantes”.

En este mismo sentido, Podetti festeja la irreverencia en las viñetas. “Para mí, la historieta por antonomasia es Popeye, uno la lee con ojos de hoy y esos personajes parecen muy extraños, ¿cómo llegó el autor a ellos? Un marinero tuerto que es un viejo decrépito con dos brazos hinchados:  hoy sería impensado, ¡y encima era popular! Porque no estamos hablando del under”, considera, “este delirio se permitía en medios masivos justamente porque era una historieta y no estaba considerado algo mayor, por un lado no se esperaba nada de ella y al mismo tiempo no había aparecido esta mentalidad marketinera, esta teoría de los 60 y 70, que uno ya tiene dentro sin darse cuenta”.

Para el entrevistado, el ideal perdido e irrecuperable es la época previa a la construcción teórica. “Se perdió cierta inocencia, el esfuerzo y la falta total de límites y brújula que tenía el dibujante cuando esto empezaba y no tenía que tomar ningún referente, porque tampoco había”.

Su experiencia bloguera, recopilada en un buen libro

¿No es normal esto para el desarrollo de una disciplina que lleva más de 100 años, como el cine?

– Claro. Pero el cine no me da pena porque lo que me gusta a mí es la historieta. Ya sé que el cine está completamente arruinado. Pero la historieta sí me da pena, porque yo miro historieta. A mí mismo me gustaría hacer una historieta con esas características, pero no me sale.

¿Chumbo y el Hombre elefante no es un intento en ese sentido?

– Yo trato de hacer una comedia sin planteármelo demasiado. La única referencia que tenemos con Diego fue el Mago de Id, la historieta de Brant Parker. A mí lo que me parecía interesante era tener un lugar muy específico –en este caso un circo- con personas que viven situaciones cotidianas que a veces se van a un extremo, pero que ya por el hecho de ser personajes estrafalarios dan cierta gracia. Pero después la realidad es que hacemos lo que nos sale, lo que podemos. No sé si lo hacemos con esa inocencia primigenia o si estamos contaminados.

¿En qué medida uno puedo volver ahí atrás sin las lecturas previas que lo formaron?

– Lo primero que me sale decirte es que en general no se puede. Ya está. La historieta hoy ya tiene 100 años, se hicieron un montón de cosas, hay un montón de posibilidades agotadas. No me rindo porque no me gusta pensar que realmente es así, sino que yo no puedo hacer algo nuevo y diferente. Mi posición es tratar de evitar al menos lo que está en boga, de moda. Tal vez sí, es un poco volver al pasado, porque ya se hizo un camino claro para dejar esto. Para establecer… no sé si lo dije cuando hablé de qué debía ser la historieta y es que sería bueno que la historieta intente siempre romper con algo. Que quiebre algún límite.  Esto se aplica a todas las artes. Más que nada porque sino es aburrido, y la historieta es divertida.

Chumbo el hombre elefante se publica cada sábado en Historietas Nacionales, un servicio de la agencia estatal de noticias Télam

¿En qué medida puede hacer eso un arte comercial?

– Bueno, la historieta siempre fue comercial. Eso siempre lo hizo dentro de sus propios límites y códigos. Fijate cómo Robeert Crumb, que es el héroe de la historieta no comercial, era muy clásico en sus historias y personajes. Son casi comedias de situación las historietas que plantea.

Llevaba las cosas al extremo.

– Claro, él rompía por los extremos, pero por otro lado no se salía de lo clásico. Por eso es muy divertido, porque todo lo que es la comedia americana tiene un código, un ritmo, una temática, que vos sabés también que no estás aburriendo a la gente. Son horribles esos intentos de arte donde para romper un límite y ser irreverente buscan aburrir: está bien, me estás molestando, pero no es esa la idea.

8 comentarios »

  1. El guionista Podetti tambien está haciendo una historieta buenisima en cada número de Barcelona, con dibujos de Podetti. Y tiene un libro que se consigue por ahí que se llama Moriremos cómo ratas, tambien con dibujos de Podetti.

    Comentario por Diego Parés — septiembre 24, 2012 @ 12:53 pm | Responder

  2. Aguante Podetti. Un capo lleno de soltura.

    Comentario por Pablo Iván Ríos — septiembre 24, 2012 @ 1:41 pm | Responder

  3. Estoy de acuerdo con eso y aquello pero no con lo otro.

    Comentario por oenlao — septiembre 24, 2012 @ 6:13 pm | Responder

  4. La verdad no entiendo a lo que se refiere Podetti con que se toma muy en serio la historieta. Me arriesgaría a opinar todo lo contrario por el nivel de las obras que leo en su mayoría con guiones pésimos y muy poca ganas de hacer las cosas bien. Lo otro que no comparto es esto del bizarro. Cuando cita lo de Popeye por ejemplo se me ocurre que esta lleno de personajes deformes y rarezas el comic actual. Es más peca de tirársela de bizarro todo el tiempo en algunos ámbitos.
    Pero bueno Podetti conoce bastante más que yo el medio y quizás con ejemplos a mano entendería a que se refiere.

    Comentario por Arekasadaro — septiembre 26, 2012 @ 12:12 am | Responder

  5. Yo creo que todo tiende a la uniformidad, a la normalidad, especialmente en lo que es masivo… El ejemplo más cabal lo podemos ver en la página de Clarín: Donde antes teníamos un periodista, un malevo y un extraño animal sin brazos hoy tenemos una familia, un niño y desde hace un par de días una señora de cuarenta años (y su gris familia)… Chistes sobre celulares y facturas, donde la única excepción es el linyera. A Langer, por haber creado el personaje de una vieja horrible armada con una motosierra lo condenaron al interior del diario. En la Fierro veo muchas historietas con personajes cotidianos: Maestras, pibes de barrio, estudiantes, chicas normales… Personajes y temas que antes poblaban los unitarios de televisión. Desde luego no es una regla inquebrantable (Viuti hizo una tira oficinesca que era maravillosa desde luego, y hay mucha basura que se pretende delirante) pero yo encuentro que lo cotidiano aplasta y agobia. Saludos!

    Comentario por Podeti — septiembre 26, 2012 @ 2:13 pm | Responder

    • Si en tanto mainstrean, digamos, le doy la derecha. Nos hace falta más fantasía. Mi genero (o setting) predilecto. Será cuestión de seguir tirando para ese lado. Yo creo que hay lectores para esto. Hay que ir viendo como articular las nuevas tecnologías para ir borrando al hombre del medio y dejar esto entre autores y lectores.
      Y retomo tu comentario de lo cotidiano aplasta y agobia, sólo para agregar que es un cotidiano de una cultura muerta programada por los grandes medios donde poco de vida y de humano queda. Es un muy pobre reflejo de lo que la vida puede ser sinos proponemos a vivirla en serio. Ahí la vida se vuelve fantástica y el genero costumbrista se borra y diluye en un sinsentido fuera de lugar.

      Comentario por Arekasadaro — septiembre 27, 2012 @ 4:42 pm | Responder

  6. A mi me parece que está sobrevalorado lo “loco”. No es un valor en sí mismo hacer una locura, la incoherencia es un merito si da algo bueno como resultado. La contratapa de Clarín es mala porque atrasa decadas y el nivel individual es menor al que podría tener. La de La Nacion es mucho mejor y no tiene nada más raro, un nene, unos amigos… renueva desde el cómo, no el qué.

    Comentario por Gonzalo — septiembre 27, 2012 @ 9:38 pm | Responder

  7. Ahhh, la vieja discusión del “cómo” y el “qué”, forma y contenido, etc. Desde luego se puede utilizar un tema apasionante y contarlo en forma aburrida. Sin embargo la uniformidad de temas es sintomática, y esto va también para La Nación.

    Comentario por Podeti — septiembre 28, 2012 @ 1:19 pm | Responder


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