Cuadritos, periodismo de historieta

enero 30, 2013

Leyendo fanzines: los legitimadores

Raymond es una historia pequeña que podía prescindir de otros formatos

Raymond es una historia pequeña que podía prescindir de otros formatos

Se habla mucho sobre el fanzine como etapa en el crecimiento autoral de un dibujante o guionista novel. Se habla mucho, también, sobre la experiencia de autores consagrados o con trayectoria que deciden volver a hacer fanzines, ya en la madurez de su carrera, como espacio de libertad que se reivindica, en ellos, por fuera de las reglas del campo comercial. Son miradas válidas. No sé en qué medida alcanzan para definir la magnitud del fenómeno.

Una recorrida por el último Festival Increíble, dedicado justamente a esta clase de autoediciones, ofrecía una primera sorpresa (parcial): ahí estaba Gustavo Sala haciendo a mano las portadas de su nuevo fanzine Burlando, que cortaba y abrochaba Javier Hildebrandt, a modo de asistente. Más adentro se encontraba Brian Jánchez con su Comic Sans y, desde luego, sus libros publicados en Ediciones Noviembre. Y al lado, ese proyecto extraño y difícil de definir que son las “Burlesquitas” de Editorial Burlesque.

No es ningún misterio qué llevó a Jánchez a crear Comic Sans. De hecho, lo dice en el prólogo. Quería experimentar con el humor gráfico, pues lo consideraba muy difícil y consideraba que, en el mejor de los casos, lo suyo era la comedia. Además de una buena cantidad de viñetas, tiras e historietas humorísticas, el autor de McKosher despliega reflexiones sobre el acto del humor en distintos pasajes. La actitud de este joven autor, reconocido por el medio en distintas instancias, es comprensible: encuentra en el fanzine un espacio de experimentación que no se permite para proyectos más centrados en lo comercial o su llegada al público.

Para el autor, experimentar el humor

Para el autor, experimentar el humor

Lo de Sala, en tanto, sí es un claro ejemplo de autor que regresa al fanzine como espacio de libertad total, aunque resulta paradójico constatar con eso que justamente el marplatense goza de una enorme libertad en sus trabajos pagos. Será, quizás, el gustito de lo artesanal, o el retorno a un lugar de goce sin la presión de la entrega. Él sabrá.

Entre las Burlesquitas, y para esta ocasión, conviene chusmear Raymond, de Alejandro Farías y Leo Sandler. Sandler participó en varios libros y tiene uno (reseñado aquí hace poco) publicado, además de otro en camino. Farías tiene muchos títulos publicados e, incluso, co-dirige una de las editoriales de mayor crecimiento de los últimos cinco años, con una calidad de producción indiscutible. ¿Por qué publicar esta historia así? ¿Raymond exigía este formato? ¿O era un proyecto suelto imposible de acomodar en otros espacios?

Más allá de las respuestas a estas preguntas, lo que se propone este artículo es esbozar una hipótesis: que la circulación en el universo del fanzine y la autoedición de autores que –en teoría- deberían haber dejado la fotocopia y la engrapadora legitima el campo. Que ayuda a que el público lector se acerque a los fanzines de quienes recién empiezan con la cabeza un poco más dispuesta a sorprenderse con un nuevo talento. Y otra hipótesis más: que ese retorno también supone la posibilidad de elección estética, sólo posible por la existencia de un campo más amplio y consolidado. Unas ideas, nomás. Habrá que contrastarlas luego.

12 comentarios »

  1. “Y otra hipótesis más: que ese retorno también supone la posibilidad de elección estética, sólo posible por la existencia de un campo más amplio y consolidado.”
    ¿Porque esa elección sería posible SÓLO en el contexto que planteas? No me queda claro. Por otro lado, ¿estás asegurando que existe ese “campo más amplio y consolidado”? Te pregunto para entender mejor a dónde apuntan las hipótesis.

    Comentario por Agustín — enero 30, 2013 @ 1:53 pm | Responder

    • Una elección sólo es posible en tanto y en cuanto tengas alternativas para elegir. Si vos no podés publicar en ningún lado y sólo te queda la vía del fanzine o la web, no estás eligiendo. Estás haciendo lo único que podés. Si Sala puede publicar en un diario, en una revista, afuera o donde sea, lo hace incluso, y saca un fanzine, ahí hay una elección. Si Ale Farías, que tiene una editorial, decide sacar una historia pequeñita en el formato de las Burlesquitas, no es porque no pudiera incluirla en su próxima antología. Es porque decidió llevarla por otro espacio. Si Brian Jánchez, con varios libros publicados y de buena recepción crítica, decide que quiere experimentar con el humor, podría haber probado con un formato más comercial y seguramente se hubiera publicado de ese modo. Pero no, el chabón va y lo publica como fanzine, en tren de experimentación y de no considerarlo un territorio fuerte en su obra (esto último lo intuyo, ¿eh?).

      Y sí, considero que existe un campo “más amplio y consolidado”. La pregunta sería “más amplio y consolidado” que qué. Y ahí te respondería: más amplio y consolidado que hace cinco años, cuando empecé a abordar la historieta profesionalmente. Tengo -por suerte- algo así como el 80% de las ediciones nacionales del último lustro. Es mucho y cada vez es más. Ojo, “más amplio y consolidado” no significa “estamos tirando manteca al techo y nadamos en dinero”. Pero sí significa que se abren posibilidades para explorar y cosas para hacer. No es menor.

      Por otro lado, lo que planteo son hipótesis. Y sólo eso: hipótesis. Son pasibles de ser falseadas y criticadas. Eso sí, espero un buen argumento para ello 😉

      Comentario por Andrés Valenzuela — enero 31, 2013 @ 1:53 pm | Responder

  2. Curioso, yo venía pensando ese vaivén entre “libro”, “revista” y “fanzine” más como un indicador de la poca consolidación y formalización de un espacio “profesional”… Digo, como que me cuesta pensar una diferencia tan grande entre un fanzine y el tipo de libros o revistas que se vienen publicando (y su comportamiento y el tipo de trabajo que los editores hacen). Como muestra de eso, la inclusión de más de un proyecto de corazón claramente “fanzinero” en la lista de publicaciones que está en este mismo sitio, junto a proyectos de corazón claramente “profesional”.
    Pero no me quejo, eh, celebrao la falta de formalización de casi cualquier cosa.

    Comentario por franlopez — enero 30, 2013 @ 2:06 pm | Responder

    • No sé, che. Si nos remitimos a la entrevista que le hice a Diego Agrimbau cuando volvió de Francia y contaba las experiencias fanzineras de tipos consagrados, me permito dudar lo que señalás como poca consolidación.

      Y el listado de publicaciones no puede distinguir “corazones” sino proyectos, del mismo modo que sus homólogos (los listados de Álvaro Pons) incluían desde las ediciones hipercomerciales hasta las editoriales más humildes, del mismo modo que el informe anual de la ACBD francesa contempla tanto a Dargaud como hasta la última asociación editorial no comercial (de las que habló hace poquito aquí mismo Claire Latxague), y del mismo modo que en el listado de publicaciones anuales de Argentina se incluye cualquier cosa con ISBN, y eso incluye hasta los informes de fin de año de la secretaría de cualquier cosa de Calamuchita. Es la tensión estadística, donde cualquier recorte es arbitrario.

      Comentario por Andrés Valenzuela — enero 31, 2013 @ 1:46 pm | Responder

      • Sí, no sé, en Francia tal vez sí hay un “espacio profesional consolidado”, qué se yo, no me importa.
        Aca, hoy, la mayoría de las publicaciones del “espacio profesional” rondan los 500 ejemplares (con un porcentaje muy lejos de ser marginal que ronda los 100 o 200), ¿cuál es la distancia con un fanzine?
        Lo que digo es, teniendo tiradas tan bajas en general y teconlogías de impresión que aumentan tanto las posibilidades de producción gráfica de tiradas por decenas, ¿no tendríamos que repensar un poco algunas categorías? ¿De qué nos sirve esa diferencia?

        Comentario por franlopez — enero 31, 2013 @ 2:50 pm

  3. Antes que nada, gracias por la reseña, Andrés.
    El tema me parece muy interesante, y es algo que se viene charlando desde hace mas de una década. En mi caso particular, el tema de hacer fanzines siempre me gustó. Así empecé, y me gusta por la posibilidad de hacer algo “ya”, y también por la cuestión sentimental de volver al primer amor en cuanto a cosa publicada se refiere. En el caso de las Burlesquitas en particular, me parece una pegada porque es como que amplía un poco el concepto de Fanzine. Hay autores de todo tipo, la mayoría tipos/as que han publicado en libros o revistas, lo cual no quiere decir que eso sea mas o menos legítimo que un fanzine. Eso sumado a lo cuidado de la colección, la estética y sobre todo los contenidos, nos ponen frente a publicaciones de primera. Que siguen siendo fanzines, están hechos casi artesanalmente y se publica lo que a uno se le canta. Un fanzine entonces tiene mas que ver con la idea y el proceso de hacerlo que con la presentación final, y eso es algo digno de experimentar. Igualmente, hacer la Burlesquita estuvo buenísimo.

    Comentario por Leo Sandler — enero 30, 2013 @ 4:16 pm | Responder

  4. La idea del fanzine como espacio de libertad no me convence. ¿Tenemos un circuito comercial tan movido que puede imponerle restricciones a los artistas? Me interesa mas la hipótesis del fanzine como mercado, alternativo pero mercado al fin. Con venta directa a un público comiquero sofisticado y que “se pone la camiseta”. Si mal no recuerdo, pagué Burlando 10 pesos, y compré 3 mas para regalar. Que no se me malinterprete, lo que sacó Sala con el fanzine le habrá alcanzado para dos fines de semana con suerte. ¿Pero acaso con sus ediciones comerciales saca mucho mas?
    Y no hay que omitir que la renovación de la revista impresa artesanalmente sucede justo cuando mas historieta digital se consume.

    Comentario por cosmoramas — enero 31, 2013 @ 1:27 pm | Responder

    • Sobre Sala, podemos esbozar la siguiente cuenta. Al menos su primer recopilatorio de Bife angosto agotó su tirada de 2000 ejemplares y hubo que reimprimirlo. Si la memoria no me falla, estaba 35 mangos de precio de tapa. Si su contrato con De la Flor era más o menos standard, recibió 3.5 pesos por ejemplar vendido. Una tirada agotada implica la venta de algo menos de esos 2000 ejemplares (descontando los que le tocan al autor, los de cortesía y prensa). Sumale algunos extras para redondear, con la segunda edición de ese mismo recopilatorio y te da una cuenta de 7000 pesos en regalías. No es gran cosa, pero yo te vivo mes y medio con esa plata. Y es un material que él ya amortizó porque Página/12 ya se lo pagó en sus publicaciones semanales.

      A Sala no le faltan proyectos en los que ocuparse: publica en España, saca libros aquí, publica en P12, en revistas, y debería preparar su libro para el mercado francés. O sea, si quiere ocuparse, tiene con qué. Sinceramente, yo si tuviera todo eso entre manos no sé si me pondría a engrapar fanzines en el Festival Increíble, pero está bien, a mí la época de los fanzines no me resultó tan importante como a él.

      Comentario por Andrés Valenzuela — enero 31, 2013 @ 1:42 pm | Responder

      • Sí, Sala es uno de los (¿el?) que mas trabaja y publica, prácticamente no deja títere con cabeza y aun así una tirada agotada de De la Flor le alcanza para vivir mes y medio (¿si no paga alquiler?). No lo veo mudándose a la Pedrera todavía. ¿Y los que no son Sala? Yo sólo digo que en un mercado en el que apenas un puñado puede vivir de la historieta (historieta, no ilustración) las ferias de fanzines constituyen un mercado legítimo, ínfimo, seguro, tal vez mas chico que el de los artistas a la gorra, pero… mercado al fin. Subrayo: si es así, es porque el mercado comercial local también es magro y la etiqueta comercial le queda un poco grande.

        Comentario por cosmoramas — enero 31, 2013 @ 5:44 pm

  5. Yo la mística del Fanzine no la entiendo ni la comparto. Dicho esto para mi este tipo de situaciones hablan de una pasión por hacer historietas importante. Sobre todo teniendo en cuenta que hay nombres de gente que podría mas bien apuntar por otro lado. Elijo pecar de optimista y decir que yo a la historieta argentina la veo cada día mas vital.

    Comentario por Arekasadaro — enero 31, 2013 @ 10:37 pm | Responder

  6. me parece que a mucha gente le sigue costando entender que el fanzine también es un formato como cualquier otro, no está mal que cada uno lo use como quiera, esa es la idea pero es una visión muy incompleta y estrecha la del fanzine como “un paso previo a”. Es como la gente que piensa que el cortometraje es un salto previo a un largometraje (lo cual no quiere decir que algunos lo utilicen para eso) Hay cientos de directores que se quedan en el cortometraje y no les interesa hacer películas, eso también es una elección. O la gente que cuestiona ¿Para qué vas a escribir una carta si existe el mail? Son diferentes maneras de comunicarse. A veces no tenés ganas de hablar con mucha gente, a veces las charlas mas interesantes surgen entre una, dos, tres, o pocas personas. Y si, a veces solo tengo ganas de hacer un fanzine.:)

    Comentario por Razz — febrero 5, 2013 @ 12:04 am | Responder

  7. En efecto todo lo que escribís, Andrés, no me sorprende porque es el punto de vista de un actor del campo de los cómics industriales (industria que ahora mismo no vale la pena discutir si existe, si está en formación, en recuperación, o en forma platónica). Quiero decir, esta mirada sobre el “campo” de los zines (aunque yo lo llamo “movimiento”) en relación a la industria de los cómics podría no existir. A ver: que podrían mirarse a los zines por lo que son, y no “en relación a”. Pero bueno, entiendo que este artículo es tan sólo uno más en una larga tradición, y por eso no me queda otra que discernir:

    Primero y principal es contra-natura que el movimiento de los zines busque o necesite legitimación, y así ser incluido en la corriente principal de la cultura, porque es la diferenciación respecto de la misma lo que le otorga identidad. En síntesis: que el campo de los zines necesita de qué diferenciarse – el “mainstream” – para definir su propia identidad. Este conflicto existe dentro del campo de los zines desde sus orígenes y va a seguir existiendo, ya que consciente o inconscientemente ciertos actores pueden inclinar la balanza hacia el lado de la exclusión (los más), y otros hacia el lado opuesto (los menos). Un ejemplo del segundo caso es el que elegiste: en Burlesquitas es evidente que desde varios ángulos su intención es 100% inclusiva, es decir, diversas tácticas coquetean con incluir el proyecto dentro de la corriente principal. El más visible es el diseño y el precio, ambos fijos (tipo “colección”), métodos propios de una editorial ligada a leyes de mercado. Como dice Sandler en su comentario, “lo cuidado de la colección, la estética y sobre todo los contenidos, nos ponen frente a publicaciones de primera”. De primera, es decir, legitimadas. Por eso, como también dice Sandler en su comentario, en Burlesquitas “hay autores de todo tipo, la mayoría tipos/as que han publicado en libros o revistas, lo cual no quiere decir que eso sea más o menos legítimo que un fanzine”. Yo digo: de acuerdo, no lo vuelve más legítimo, pero estas decisiones “editoriales” parecen buscar legitimación. Por esto mismo, quizá, encajen en tus hipótesis surgidas del punto de vista “desde el cómic”, pero se contradicen directamente con una mirada “desde adentro” que considere a los zines no como una serie de productos dispersos sino como un movimiento heterogéneo compuesto de células de asociación libre que actúan independientemente en diferentes partes del mundo e internet. Esta otra mirada nos ahorra la noción de “Si vos no podés publicar en ningún lado y sólo te queda la vía del fanzine o la web, no estás eligiendo. Estás haciendo lo único que podés”, propia del punto de vista del cómic industrial, y nos permite ver el fenómeno como una elección política, o sea, el formato/forma/contenido del zine como una alternativa a las leyes del mercado, una alternativa que vuelve innecesario todo tipo de jerarquías basadas en mediciones y que tiñen gran parte de la crítica de historieta:

    * La jerarquía del “quién vende más” (por ejemplo el ranking de ventas de 365comicsxaño).

    * La jerarquía de prestigio: los años de trayectoria de un autor, o del país de origen de las editoriales en las que se publica – la chapa del “traducido a más de 20 idiomas ” -, la cantidad de seguidores o comentarios en un blog, etc.

    * La jerarquía por decisión arbitraria: premios otorgados por “autoridades” decididas arbitrariamente, o casos como el TOP 100 que están organizando Accorsi y Saracino, en donde los votantes son de número limitado y convocados por sólo dos personas.

    Si en vez de observar cuestiones técnicas como el tipo de impresión y número de tirada (una vez más, mediciones) como lo hace Fran López en su comentario reconociésemos la existencia de una política detrás de la elección del zine como medio, y pasásemos a analizarla, la diferencia entre un campo y otro se haría evidente, y considerar a los zines un “mercado” resultaría ridículo, porque a esta diferencia política habría que sumarle, y en relación, ciertas diferencias no menores. Por ejemplo, en contraposición a los zines, la industria del cómic:

    * Es parte de la industria editorial en general, y como tal se ve afectada de forma directa por el funcionamiento de la economía del país. Ejemplo de esta relación es la desaparición casi total de la industria del cómic a raíz de la crisis de fines de los años 90.

    * Las remuneraciones, los precios de venta al público, la categorización de contenidos (por edades, por sectores de consumo), la tercerización de trabajo (distribuidoras, puntos de venta, publicidad, etc) y otros aspectos fundamentales se rigen por las leyes del mercado.

    * Considera a los cómics como un producto de consumo.

    * Mantiene una relación con el Estado: está sujeta a tasas impositivas, las publicaciones deben están registradas (ISBN), obtienen ayuda o avales de organismos culturales oficiales como fuente de capital simbólico (“de interés cultural”) o real (subvenciones).

    Por último, quiero acotar algo sobre el caso Gustavo Sala: la paradoja que mencionás no sé si lo es tal. Es muy raro que hables de una “libertad total”, y afirmes que “el marplatense goza de una enorme libertad en sus trabajos pagos”. La libertad existió no hasta que se metió con la comunidad equivocada, sino hasta cuando lo hizo en el medio equivocado, y he aquí otro ejemplo de diferencia política entre zine y medios mainstream: Hildebrandt, o quien le manufacture los zines a Sala, jamás va a tener que pedir perdón públicamente como lo hizo Página/12. Si por “libertad total” querés decir que los contenidos que maneja Gustavo Sala son prácticamente los mismos que cuando hacía fanzines (y su vuelta al formato cierra el círculo), esto se debe más al hecho de que las tendencias historietísticas de hoy – sobre todo en el humor – se nutren de lo que ayer era “under”, incorporando lo explícito a la corriente principal de la cultura. Si tomamos la revista Fierro como símbolo de lo “mainstream” en Argentina, podemos ver que chistes de pedofilia y campos de concentración conviven con propaganda gubernamental tranquilamente de esta forma invirtiendo completamente el concepto de “under” y ubicándolo como nuevo statu-quo (lo cual para muchos habla de la tolerancia de un gobierno de turno, pero para mí habla más de su capacidad de marketing). Así, mientras la escatología de Gustavo Sala, la violencia verbal gratuita de Diego Parés o la misoginia de El Tomi se exponen en el Recoleta y en la Biblioteca Nacional, a lo “profundo” y “artístico” se lo condena desde la sección El Cartoonero. Desde dentro puedo decir que ciertamente los zines son una alternativa para quien busque lecturas distintas a este tipo de contenidos ayer marginales y hoy oficiales: basta con hojear las publicaciones en las mesas del Festival Increíble y ver cómo contenidos feministas (Clítoris), “artísticos” (Un Faulduo), o Manga (Yo Nen) entre otros, encuentran su lugar fuera de un mainstream que ciertamente los deja afuera a propósito. De todas maneras esta no es una victoria garantizada: existe el riesgo de alejarse demasiado de la institución del Mercado y toparse a las espaldas con la institución del Arte, y el círculo vuelve a empezar. Pero eso merece un artículo aparte.

    No niego ni condeno que el lector de historieta se acerque al mundo de los zines con una mirada capitalista. Sé que es difícil hacer a un lado la visión tradicional, y entender que si los zines se mantuvieron en vigencia mientras que una crisis hizo desaparecer la industria, a pesar que sus actores principales abandonaron el barco ni bien hubo una revista que les ofreció un billete, y a pesar de la legitimación que le quieren hacer necesitar, es porque sus reglas y ambiciones son otras, y se basan en la camaradería, la falta de competitividad, la libertad de contenidos, el trueque y otras formas de intercambio sin dinero, la abolición de jerarquías, en fin, todo eso que yo llamo anarquía.

    Gracias por permitir estas reflexiones y perdón por lo extenso del comentario. Abrazo!

    Comentario por Berliac — febrero 6, 2013 @ 2:32 pm | Responder


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