Cuadritos, periodismo de historieta

junio 16, 2013

Postales premiadas

Pasaron cinco días de la ceremonia de entrega de los Premios Banda Dibujada y tras la celebración, la historieta argentina sigue su curso. Hay una delegación nacional y algunas exposiciones en Lyon BD, se acercan nuevos eventos y las imprentas avanzan con libros flamantes de aroma a tinta fresca. Y sin embargo, vale la pena detenerse un poco para ver qué dejó la ceremonia de la Alianza Francesa. Eso es, justamente, lo que hoy ofrece Cuadritos a sus lectores: unas postales sueltas, guiños, instantes, momentos que quizás ayudarán a completar la crónica publicada el jueves.

Desde lo estrictamente estadístico, se podría señalar que nuevamente Max Aguirre y la dupla Mazzitelli-Alcatena se llevaron sendos premios. También vale destacar la aparición inesperada de ganadores de editoriales por fuera del núcleo duro de la publicación de historietas: V&R Editoras con Titeuf, Casadepapel con Relatos (in)mortales, Ediunc con Historieta y resistencia, y Capital Intelectual, que con Mundo buñuelo no sólo rescató a Dani the O, sino que también se llevó el galardón que inspira estos Premios: mejor historieta para niños de autor nacional. Para algunos sellos hay pequeñas victorias: Batracio, por ejemplo, colándose en esa competitiva sección, con Tiburcio, o La Duendes colando algunas nominaciones. Para otros habrá módicas decepciones. Será el caso de Agua Negra, que pese a cosechar nominaciones en cuatro categorías, no se llevó siquiera una mención.

En última instancia, la repartija de premios es meramente anecdótica y cada quien discutirá tal o cual ganador o nominado desde el gusto o desde su criterio –que no necesariamente atiende al del jurado o una mirada estratégica de este en torno a los premios mismos- . Lo importante en todo caso será que hay 32 títulos seleccionados de un modo u otro. 32 títulos publicados por 17 editoriales distintas. Lo cual dice algo acerca del estado de la historieta argentina.

Luego, claro, los premios dejan lo emotivo.

Por ejemplo, el recuerdo cálido entre el Fabián Gordillo, miembro del jurado, y Clemente Montag, quien junto a Comiks Debris recibió una mención especial en reconocimiento a la recuperación de Coco y Cilindrina. Ostuni rememoró cómo Montag llegaba en moto a la redacción con su hija pequeña en brazos, para entregar sus dibujos. Al oirlo, el dibujante volvió a subirse (esforzadamente) al escenario para un segundo agradecimiento. “Para mi familia soy el abuloco”, contó y recordó que en época de vacas flacas fue el propio Ostuni quien le dio trabajo. “Gracias a eso pude alimentar a esa beba, que hoy es esa mujer que se sienta al lado mío”, señalo Montag a una joven de alrededor de 30 años que a su vez tenía una niña en brazos. La joven sonreía mientras aplaudían a su padre y su hija intentaba capturar el zapato de cierto cronista.

“Después hablamos en casa, Max”. Saracino amonestó entre risas a Aguirre, quien se subió al escenario a zancadas para simular en beso apasionado al guionista, que con el moñito “francés” oficiaba de maestro de ceremonias junto a Nando. “Quiero agradecer a Pictus, que me tuvo confianza para publicar el libro, claramente le tienen confianza a cualquiera”, sonrió Aguirre con el diploma en la mano. Con Jim, Jam y el Otro se llevó la categoría de Humor Gráfico y sobre la tira que publica cada día en La Nación, consideró que sigue “tratando de entender en voz alta la vida, los amigos y el amor”.

Tras las risas de Saracino y Aguirre, volvió la cuota emotiva. Sorprendentemente, lo hizo a través de Eduardo Mazzitelli, quien al recibir su reconocimiento destacó la ocasión social que significan los Premios. No sólo resulta una ocasión de encuentro para los más jóvenes. Él, por ejemplo, conoció el martes a Ernesto García Seijas tras años de trabajo conjunto. “Teníamos una amistad telefónica y jamás nos habíamos encontrado”, reveló.

“¿Por qué hacemos lo que hacemos?”, propuso pensar Saracino en un punto de la ceremonia, mientras el premio principal se acercaba y buscaba, también, subir la tensión del auditorio de la Alianza Francesa. “Creo que es como los primeros besos, porque esos primeros besos que dimos y que nos dieron fueron lindos y no se olvidan, como yo no olvido haber leído mis primeras historietas”, reflexionó. “Creo que escribimos buscando nuevos besos, así que no sean tímidos y cuando se suban al escenario a buscar sus diplomas, pasen por acá y dennos un beso, que nos gusta”.

El homenaje a Oswal, en tanto, dejó varias frases sobre las que pensar. Dos surgen del trailer del documental que realizadores quilmeños realizaron en torno al creador de Sónoman (de la que, además, se reveló la portada de su segundo volumen). La primera frase es del propio homenajeado: “creí que había creado a Oswal, pero inventé una prisión, porque jamás me pude librar de él”. Si no lo hace en la película, alguna entrevista debería interrogarlo sobre esto.

Además, junto con Saracino, Oswal recordó a su coequiper Enrique Sánchez Abuli. Con el guionista español acaban de publicar un nuevo libro en el Viejo Continente. “Un día me tocan el timbre, en mi casa en Quilmes, y cuando fui a atender, era Abuli”, contó Osvaldo Viola. El escritor había aprovechado la invitación al festival Montevideo Comics no para cruzar el charco y conocer Argentina (país que jamás había pisado), sino para visitar a su viejo amigo en el conurbano bonaerense. Lo hizo, incluso, superando su terror a los barcos. “Yo le decía que sí, que se hunde un catamarán por semana en el río, que hay piedras en las que encallar, que siempre aparecía alguno ahogado”, bromeó el maestro de ceremonias, también invitado al encuentro uruguayo. Juntos compartieron las horitas de travesía fluvial y los nervios del español.

Puesto a dar consejos para las nuevas generaciones, Oswal recomendó la osadía. “(Carlos) Meglia era osado, me recordaba a eso que era yo cuando llegué a la conclusión de que era un mediocre, pero eso no me inmovilizó, sino que me ayudó a darme impulso”, afirmó y confesó que cuando era joven Sónoman le parecía una obra floja, llena de defectos. Con el tiempo, sin embargo, le tomó aprecio y encontró en ella “la virtud de las ganas de hacer que tenía”. Aunque se mencionaron otros trabajos de su carrera, es claro que el hombre del poder músico-mental es su gran obra. “En las agencias de publicidad me preguntaban si iba a poder hacer algo después de Sónoman”, contó.

Vaya si pudo hacer cosas.

3 comentarios »

  1. “Creí que había creado a Oswal, pero inventé una prisión, porque jamás me pude librar de él”. Concuerdo en que alguien debe indagar en los matices de este comentario.

    Muy cálida la crónica Andres 🙂

    Comentario por Arekasadaro — junio 16, 2013 @ 1:51 pm | Responder

  2. Andrés, muy linda crónica del martes, refleja el sentimiento que todos vivimos ese día. De ese evento me llevo para siempre el merecidísimo reconocimiento a Oswal, estoy muy felíz que podamos homenajearlo mirándolo a los ojos y expresarle toda la admiración que le tenemos gran parte del mundo del dibujo y la historieta.

    Comentario por Fabián Gordillo — junio 17, 2013 @ 11:42 am | Responder

  3. Hermosa crónica, Andrés.
    Felicitaciones.

    Comentario por Luciano Saracino — junio 17, 2013 @ 3:09 pm | Responder


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