Cuadritos, periodismo de historieta

julio 21, 2013

Steimberg, el manga y un poco más

Filed under: Bonus Tracks,Cómic argentino,Entrevistas — Andrés Valenzuela @ 12:00 pm
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“La intelección que podemos hacer de Los Simpson es siempre parcial, aunque seamos adultos con biblioteca”

A veces el fotógrafo llega temprano a la entrevista. Lo suficientemente temprano, al menos, como para que uno no haya prendido aún el grabador, entretenido hablando de nimiedades e intercambiando noticias con la figura de turno. A veces el fotógrafo tiene que seguir camino a otra nota y pide hacer primero lo suyo. Flash, flash, flash y a un taxi otra vez. El cámara de esta nota no usa flash y trata de evitar la luz artificial, pero es de los que siempre tienen que irse a otro lado. Cuando él llega, el cronista aprovecha para caminar por el lugar. Es una buena ocasión para chusmear bibliotecas y repisas de libros, siempre con las manos atrás y adelantando un poco la pera.

En esas exploraciones que duran lo que al fotógrafo le toma abrir el diafragma y cerrar tres ideas, suelen descubrirse detalles interesantes: algún boceto dejado de lado por el dibujante, alguna colección reunida concienzudamente, libros que coinciden. En el caso de Oscar Steimberg, es posible toparse con decenas de libros de humor gráfico e historieta argentina y europea. Libros de cine, de semiótica (por supuesto) y de diseño. Y también, libros de y sobre manga.

“En primer lugar es muy interesante la cultura japonesa, de la cual yo sé muy poco”, desliza con excesiva modestia. Los volúmenes que motivan la pregunta son suficientemente gordos, relevantes y tienen aspecto de haber sido leídos con detenimiento más de una vez como para no haber dejado nada en el entrevistado. Steimberg celebra “ese reconocimiento de los japoneses que están siempre probando, explorando, experimentando sobre los modos y recursos de la  comunicación, que nadie podrá saber de dónde salieron”.

En seguida desmiente su falta de conocimiento. Reflexionó -y mucho- sobre el desarrollo de la historieta japonesa. “Si bien se habla de la milenaria historia del dibujo secuenciado japonés, aún teniendo esa milenaria historia los japoneses se dejaron invadir la historieta occidental y por sus preocupaciones y modos de difusión, aunque agregando los temas propios” , considera y esboza una idea: “creo que los Simpsons tienen algo de manga, en el sentido de que en ellos puede entrar todo”. Es decir, así como se puede afirmar que el manga da para todo, otro tanto se puede declarar sobre la familia amarilla de Matt Groening.

“Para ver Los Simpsons y entender el conjunto de lo que se dice habría que entender múltiples cuestiones sobre la historia de la cultura, del arte, de la sociedad, que uno no siempre conoce”, evalúa Steimberg y asegura que “la intelección que podemos hacer de una historia de Los Simpson es siempre parcial, aunque seamos adultos con biblioteca”. Esto no impide el disfrute, advierte. “A los chicos les gusta, a chicos de cuatro años, que no pueden llegar previamente a ninguno de esos saberes, y nosotros, por otro lado, reaccionamos como chicos de cuatro años ante los Simpsons, porque también nos pasa lo mismo y nos parece totalmente soportable. Creo que el manga siempre tuvo algo de eso”.

**

La entrevista a Steimberg -de la cual este post es un humilde bonus trackse publicó originalmente en Página/12. Esta entrega aporta contenidos que no llegaron a la edición en papel y amplía algunos tópicos, restringidos por las obvias cuestiones de espacio, que siempre complican los extensos desarrollos de intelectuales como el autor de Leyendo historietas. Por ejemplo, un asunto que no permitió profundizar más fue la cuestión de “los bordes” en el noveno arte. A ver si en las líneas que siguen se puede ampliar la cuestión.

Los Simpsons y el manga: en ambos entra "todo", según Steimberg

Los Simpsons y el manga: en ambos entra “todo”, según Steimberg

Pensar los bordes, aclara, implica pensar “qué se hace con la continuidad, con las posibilidades pero también las amenazas de la coherencia interna, que siempre exige un determinado grado de repetición. Ahí es donde la historieta muestra sus posibilidades y sus particularidades”.

“Creo que hubo un determinado momento en que los autores, dibujantes, guionistas, narradores, algo de lo que el dibujante tiene de diseñador -porque siempre hay un trabajo de página, de cuadro y de secuencia-, que todo ello no dejó de tomar la escena. No dejó de crecer la toma de la escena por esa problemática. Lo mismo que la relación del personaje con la historia. Yo había venido percibiendo en algunos autores esa cierta toma de la escena por algo que no podría definirse exactamente ni como perosnaje, ni como contexto, ni como paisaje, ni como ambiente, ni como primer plano ni como segundo.

Por ejemplo, en una historieta de (Diego) Agrimbau, Los canillitas, que sale últimamente, los globos de la historieta señalan con esa punta que tradicionalmente señala al sujeto de ese fragmento de discurso, señalan un lugar del paisaje urbano. Es decir, hacen suponer que en un lugar que no podemos ver porque hay una casa, un cartel, un árbol que se interpone hay alguien o algunos hablando. Uno podría decir realmente si ese globo habla sobre el discurso de alguien que está ahí o es el discurso de eso compuesto por alguien, y esos objetos se interponen entre la historia y el personaje supuesto. Esto a mí me parece que es tematizado por muchos autores. En algunos casos puede verse de manera más centralizada. Pero el hecho es que uno a veces está dibujando historieta y otras queriendo decir algo para lo cual la historieta sería un soporte intercambiable, ¿no?

Hay cierta competencia entre determinados personajes que vienen apareciendo hace tiempo en las historietas de (Miguel) Rep y las visitas de determinados soportes tradicionales de la escritura cada tanto, y es un papel escrito a mano. Y esto se da no únicamente en términos de la escritura, también en términos de la elección de los objetos. Las faltas pistas que daba Sabat en sus dibujos. Bueno, estoy metiendo en un mismo paquete el dibujo de humor y la historieta, por esta relación entre texto e imagen dibujada.

En Rep hay cierto desplazamiento enunciativo, que interesa a Steimberg

En Rep hay cierto desplazamiento enunciativo, que interesa a Steimberg

En la época de (Carlos Saúl) Menem aparecía un sello de un leoncito. Cuando aparecía en una imagen de Menem uno podía pensar bueno, está bien, es una representación del poder, tiene su gracia, ¿no? Ningún político llega a la condición de rey de la jungla, poenrle un león es una cosa cómica. Pero después el leoncito empezó a aparecer en otros textos, o aparecía otro personaje con Menem y el leoncito lo tenía el otro. Al final te dabas cuenta que el leoncito no indicaba absolutamente nada, pero para eso era necesario ver una serie. Si era un chiste interno, lo tenías que componer vos, porque él no te daba ninguna pista, no cerraba ningún sentido.

Después me enteré que a Sabat le gustaba comprar en una papelería de Estados Unidos un sello como estos. Pero por supuesto esto no está en el sentido del dibujo, sino que sirve nada más para el anecdotario. Lo notable de esto es ese cederle un lugar a ¿qué?, a una intuición estética personal, a un disfrute de una asociación libre, en el sentido de los surrealistas, con elementos prediseñados, preconstruidos. En ese caso, como en tantos otros de la actualidad, hay una mostración del momento del hacer. Mirá cómo lo represento a Menem, mirá lo que hago”.

16 comentarios »

  1. y que mangas tenía?

    Comentario por Zambrano — julio 23, 2013 @ 8:24 am | Responder

    • Tenía un as en la manga, puesto que podía leer sobre cómo leerlos, aunque quizá, prescindiendo de tal lectura. Es una cultura de estatura, una cosa de academia. A mí me parece raro escribir sobre algo y no digo no practicarlo, sino siquiera intentarlo. Al menos tenía bocetos, pero son cosas que se pueden guardar y nunca confrontar con la gente. Seguro que me re equivoco, pero creo que más poderoso que analizar una ficción o dar una opinión, es intentar hacer algo. Claro que puede salir una sanata como las que hago yo, a las que un dibujo de Diana Raznovich les pasa el trapo bien pasado a mis giladas. Pero bueno. Salió un fanzine re copado, yo no sé si lo leyeron, de un tal “11X”, que pretende irrumpir en el terreno con un movimiento llamado “El Pongodolfismo”. Eso mereció un sesudo análisis por parte de otro crítico. El caso es que ese crítico también hace cómics -por la vía autogestiva del fanzín-. Y eso está “piolanga” porque el autor le vende sus matufias al lector en la cara, y éste lo puede interpelar -o prepotear, según sea el caso-. En cambio, una persona que escribe en un área de su competencia, puede que de una visión incompleta, puesto que habla de una experiencia que no experimentó. Se me ocurre un escritor de rock que no sabe agarrar una guitarra ni fracasó con una banda “pero sabe mucho de música”. Yo no sé si es tan así. Igual yo tengo un blog -como Zambrano-. Puedo ser crítico de blogs, quizá. Je je. Pero retomando la pregunta ora curiosa, ora insolente de Zambrano, cabe interrogarse no sobre los mangas que tenía Oscar Steimberg, sino sobre los guiones de historieta que hizo o las historietas que dibujó para otros o para sí mismo. Bueno, eso me parece a mí. Vale decir, eso le parece a un chambón que tiene un blog y que bien puede decir cualquier cosa. ¿Con qué propósito? Y, quizá con el propósito de hacerse notar y, lo que es peor, no comprar el flamante libro de Oscar Steimberg. ¿Es esto justo? No, no lo es. Pero qué pasa: Cualquier cosa que uno saca de una pluma, sean guiones, dibujos o hasta reseñas y críticas, son pasto de… críticas.

      Puede que no sean los mangas que tendría Oscar Steimberg, pero uno que me llamó la atención fue “Applicant for death” de Juan Gotoh. O las consabidas cosas del afamado Shintaro Kago. O el genial gekiga de Yoshihiro Tatsumi (de este efectivo mangaka debe tener buen material, Oscar Steimberg, puesto que es clásico). Y bueno. Saludos cordiales. Me gusta mucho su blog y si concluye, bueno, todo concluye al fin, nada puede escapar. Todo tiene un final, todo termina. No es eterna la vida. Fue bueno mientras duró. Chau chau adiós. Quizá mañana sea tarde.

      Comentario por jacintolaraJacinto — julio 23, 2013 @ 11:00 am | Responder

  2. Después dicen que Un Faulduo es “ilegible”…

    Comentario por Nicolás Zukerfeld — julio 25, 2013 @ 2:00 pm | Responder

  3. Bueno, pero don Riskin -quien apareció en Un Faulduo y ahora publica en Fierro- no creo que reniegue de la legibilidad de nada. Desconozco el caso de los otros invitados de Un Faulduo. Sólo tengo dos números, pero los presté. A mí me pareció legible. En cuanto a experimentación, me parece más loco lo de Shintaro Kago y lo de Chris Ware. Lo que sí me pareció ilegible -pero no por aparecer en Un Faulduo- es cada página de Lucas Nine. Ora en El tripero, ora en la Fierro, prefiero los dibujos de Nik. Está bien que no le sale copiar bien a Garfield, pero igual aprecio su esfuerzo.

    Igual, ahora que releo mi comentario, noto que está pésimamente redactado. Me cuestan las oraciones largas. Menos mal que no usé punto y coma. Igual recuerdo que leí un libro de un dibujante llamado Kalondi que estaba prologado por Steimberg. No por Saul Steinberg -el afamado dibujante rumano- sino por Oscar Steimberg. Quizá valga la pena leer sobre cómics en lugar de leer (o intentar -hacer-) cómics. Quizá me consiga con mi próximo sueldo alguno de los libros que republicó Eterna Cadencia.

    Quería recomendarle también, al inquisitivo Zambrano unos mangas que me gustaron: Ciguatera (se consigue -o conseguía- vía comicalt). Shigurui, Holyland, Onani Master Kurosawa, Sundome, Mon Seul y después algunos NTR -netorare- como el clásico de Takeda Hiromitsu, Tsubomi Hiraku wa beni no Hana. Ah, y ese de los carruajes de Hiroaki Samura. No serán toda la experimentación que puede anhelar un lector entrenado para concatenar significantes evasivos, no será la reconstrucción del sentido donde convergen Chopi, la transmuerte y los homeroparlantes, pero creo que como paneo por el manga, están simpáticos.

    ¡Saludos a todos!

    Comentario por jacinto larami — julio 25, 2013 @ 8:20 pm | Responder

  4. Andrés,

    No sé bien cómo responder tu comentario. Digo, no puedo dejar de pensar en “Intrusos” con Jorge Rial promociando esos videos de cámaras ocultas filmando a los invitados de Un Faulduo en un café diciendo “No, no, yo una vez colaboré con esa revista, pero no sé… era gente muy rara… me decía que haga una historieta, pero lo que ellos hacían era… no sé… ilegible…”

    Comentario por Nicolás Zukerfeld — julio 26, 2013 @ 10:38 pm | Responder

    • Pero yo no filmé a nadie. Nomás reseñé una revista por el contenido de ella. Donde una de las invitadas la describe en sus páginas como “ilegible”. No fueron palabras mías, sino de la colaboradora que ustedes mismos convocaron. Además, en esa reseña se argumenta y se señalan aspectos de la revista y no se hace juicio sobre si esa presunta ilegibilidad es positiva o negativa. A vos te cayó mal, parece, pero a otros compañeros de tu revista (que comentaron en el post correspondiente) no les pareció mal, o no lo dijeron.

      Comentario por Andrés Valenzuela — julio 27, 2013 @ 1:33 am | Responder

      • Buenas y santas. Yo le mandé a un amigo este extracto de la revista:

        Un Faulduo nº9, páginas 14-15.

        Por Cecilia Guerra Lage.

        […]

        La semejanza entre los significantes contenidos en estas imágenes: un color, una forma, un encuadre, un gesto, una palabra.
        La yuxtaposición entre estos criterios hizo visible la operatoria a través de la cual Un Faulduo devora la realidad para darle nueva vida bajo las leyes del Faulduomundo.

        […]

        En este punto tengo que confesarme una lectora crispada: Un Faulduo es un texto ilegible. Por lo menos, para el antiguo lector acostumbrado a leer siempre el mismo relato: alguien quiere hacer algo, y para eso, tiene que superar obstáculos. Así es la vida. O por lo menos, así es como organizamos la materia de esa vida.

        Sin embargo en la revista, la acción cuando no está congelada se posterga en infinitas digresiones, se repite o se acelera sin relación de continuidad en el paso de una viñeta a otra. Minada así la secuencialidad narrativa, ¿qué nos queda a nosotros como lectores? Nada más y nada menos que la descomunal tarea de armar una historia con estos fragmentos sin tiempo.

        Es decir: Un Faulduo es un texto ilegible porque, a pesar de que la revista ya tiene como cinco años, nunca fue escrita. Es el lector el que la escribe cada vez que la lee. Es un texto sin centro en el que las viñetas y las columnas de prosa poética gravitan separándose unas de otras, formando constelaciones aleatorias en la imaginación del lector. ¿Dónde más los autores podrían tener más libertad que en el margen? Incomprendidos en el ámbito de la historieta, ignorados en las artes visuales, los Faulduos se ensañan en continuar el experimento moderno de las “obras abiertas”, cuya expresión extrema podría ser Finnegans Wake.

        Y vuelvo a la carga: Un Faulduo es un artefacto de comunicación border. Porque se burla del lector, disloca las convenciones que hacen al género “revista de historietas” y a su pacto de lectura. Parafraseando aquel hit lacaniano de “no escribo para ser entendido”, puedo decir que Un Faulduo desprecia la comunicación.

        No hay por qué domesticar el habla a la lógica de una comunicación estandarizada, lineal, lela.

        […]

        Comentario por jacinto larami — julio 27, 2013 @ 7:13 am

      • la famosa “frase sacada de contexto”, no tan alejada de Rial después de todo. Lo que me gustaria saber, como integrante de Un Faulduo, de donde sale la jactancia de leer aquella ilegibilidad como algo que nos proponemos, creo entender que no dice eso en el texto de Cecilia, que además parte como una crónica de un evento en particular, intentando explicar a Un Faulduo de un modo general tal vez, pero nunca refiriendose al contenido del número reseñado.
        La idea de dar por hecho que nos proponemos o pretendemos ser ilegibles me molesta más que la idea de ilegibilidad, no termino de entender por ejemplo porque no se puede decir nada de una historieta que es una adaptación de un poema de Kerouac y si mencionar las páginas de Langer. Prefiero pensar que a lo que se refiere Cecilia es que la legibilidad de un texto no de depende exclusivamente de este, a veces demanda sacudir un poco, solo un poquito, la pereza del lector.

        Comentario por Nicolás Daniluk — julio 27, 2013 @ 2:11 pm

      • Bueno, yo no creo haber sacado la frase de contexto. Y ahí otro lector compartió gran parte del texto de Cecilia, como para poner en autos del asunto a los otros (potenciales) comentaristas que no hayan comprado la revista.

        Ahora bien, yo interpreto algo de la revista que leí y releí. Ustedes, parece, pretenden expresar otra cosa distinta a la que yo interpreté. Evidentemente, no nos entendemos. Quizás yo no estoy capacitado para comprender la historieta vanguardista que ustedes producen. Quizás en el proceso de experimentación ocurren algunos desajustes que dificultan la comprensión. No sé.

        Sobre por qué mencionar las páginas de Langer y no otras: las reseñas de Cuadritos tienen limitaciones (autoimpuestas) de formato que obligan a elegir qué aspectos destacar de un libro (o una revista antológica o lo que fuese). Normalmente, esa elección se basa en a) lo que me parece más destacable de la obra de turno, b) lo que apoya la argumentación de la reseña.

        Comentario por Andrés Valenzuela — julio 27, 2013 @ 2:49 pm

  5. Yo leí en un texto que Duchamp quería fastidiar y se indignó cuando a poco de exponer el mingitorio ése que ya me tiene cansado, un crítico, en su día, en el día de la expo del mingitorio, agarró y halagó la sinuosa curvilinealidad de la obra y qué sé yo. Y Duchamp se indignaba, él quería hacer “una joda”, digamos. Pero bueno, recuerdo una vez que Agrimbau reseñó un número de la nueva Fierro cuando apenas salía y criticó negativamente -pero justificando y no agrediendo- una historieta de El Tomi. El Tomi no lo tomó de muy buen modo. Yo creo que toda crítica es constructiva si está bien fundamentada (eso creo que lo dijo Fer Baldó, a raíz de aquello). También creo que no hay mala publicidad. Si de algo sirve, yo compré dos números de Un Faulduo por la reseña que en este blog se hizo entonces. Pero lo que quiero traer a colación es algo que le dijo Agrimbau a El Tomi. No lo recuerdo muy puntillosamente, pero más o menos, era algo así como que si una persona hacía algo para que sea visto por otras, debía asumir que en tanto lo que hiciese suscitase una reacción, habría críticas. Pueden no gustar y puede no haberlas. La gente califica las cosas con “me gusta” y quizá eso queremos todos, acaparar esos clics de ratón de los otros, como si fueran una aparición benéfica y una lectura profunda de nuestros garabatos.

    Nik vende su obra como pan caliente ni se calienta por sus muchos detractores y Duchamp se enojó -o apenas refunfuñó- con quien pretendió justificar el mingitorio aquel como algo más que un mingitorio o una provocación o un mero chiste. En Wikipedia, sobre The Residents, se menciona una teoría, la teoría de la oscuridad. ¿Qué postula esta simpática teoría? Esta simpática teoría afirma que el artista sólo puede crear arte puro cuando las expectativas e influencias del mundo exterior no se toman en consideración. ¿Es para enojarse que haya quien instile el rumor de que Un Faulduo es ilegible? Si en cambio se rumorease que es más legible que Naruto fusionado con Gaturro, ¿acontecería el éxito? No sé. Very difficult, diría el afamado Apache. Pero ¿y Chopi? ¿Es esta la reacción del buen Chopi? ¿Es que acaso pretende que la gente corra a adentrarse en el Faulduomundo?

    Creo que debemos recordar a Luis Almirante Brown un momento. Su intención, es tender un puente entre la alta cultura y las masas, ¿bien? Es por ello que si él dice “Laxas horas que se desvanecen” hay una reacción. Pero si en cambio dice “Mi pionono se derrite / debe ser por ese upite”, la reacción es mucho mayor.

    Comentario por jacinto larami — julio 27, 2013 @ 5:46 pm | Responder

  6. Personalmente si hay algo que valoro es la crítica. La considero, la valoro y hasta, de vez en cuando, la ejerzo. Quizás lo que particularmente más me irritó de la crítica de Valenzuela sea algo que se destila del comentario de mi compañero Daniluk: la pereza. Quiero decir; uno agradece en principio que reseñen sus materiales (para bien o para mal), lo que quizás sí esperaba sea que de este blog y con Valenzuela como crítico, saliera algo más. Ahí sobrevino cierta decepción, porque uno espera de la crítica siempre algo más. Y mientras leía el artículo en cuestión notaba que el procedimiento crítico (el “ataque” en términos musicales) se apoyaba en la tésis de otra persona (invitada a colaborar, sí, que estemos de acuerdo con lo que escribió, otra cosa) distinta), que había escrito en otro contexto y sobre otra cosa (que no era la revista en sí misma) y que además ni si quiera pertenecía al grupo. Ésto, teniendo otros muchos materiales dentro de la publicación para analizar, me hacía pensar en cierta pereza crítica. Con esto no estoy intento decirle al crítico en cuestión ni cómo debe escribir, ni qué queremos escuchar (está de más decirlo), sino que al terminar la lectura, sentí que el texto se apoyaba o sostenía en la tésis de la ilegibilidad para evitar “trabajar” los otros materiales de la publicación. Y si no era adrede, era algo que el texto destilaba. Las preguntas eran claras: ¿Por qué no reseñar historieta por historieta?, según la crítica por algo muy concreto: son ilegibles. Por ende, que no valen la pena de reseñar. Aun nosotros estando de acuerdo con el texto de Cecilia Guerra, ¿sigue siendo inútil reseñar historieta por historieta? Lo entenderíamos por una cuestión de espacio/formato, pero esto es otra cosa. Digo, es como ver una película que se declare “hermética” y no querer/poder criticarla porque la película declara su hermetismo.

    Insisto: acá no se trata de estar en desacuerdo con un resultado (bueno, malo) sino con un procedimiento. Un procedimiento crítico. Particularmente no me molesta que nuestra revista sea para algunos “ilegible” sino, en todo caso, que se use eso para no ejercer la crítica.

    Saludos

    Comentario por Nicolás Zukerfeld — julio 29, 2013 @ 1:10 pm | Responder

    • Bueno, esto es interesante. Que me traten de vago es algo definitivamente nuevo.

      Comentario por Andrés Valenzuela — julio 29, 2013 @ 2:16 pm | Responder

      • Bueno, tan novedoso e interesante como decir que Un Faulduo se “propone” ilegible. Personalmete, queria señalar que discrepo con la interpretación que le das al texto de Cecilia, donde para vos dice una cosa para mi dice otra totalmente distinta, ni en el texto ni en la revista veo una referencia a nuestra intencionalidad de ser indesafrables, pienso que tal vez hubiera sido mas interesante y enriquecedor plantearlo como cuestiones ¿es un faulduo legible? si no ¿por que?¿que es lo que no funciona? o como deberia funcionar o donde está el problema.
        “Una revista que se propone ilegible” termina pareciendo una excusa para no decir nada, ni siquiera por qué es ilegible, ademas utilizando como referencia un texto de un invitado, justamente, una persona por fuera del grupo que usa lo ilegible como término para explicar su punto de vista, su forma personal de abordar a un faulduo. Por lo demas, claro, agradecidos que nos reseñes y que haya un espacio aca para que podamos discrepar y discutir.
        Saludos.

        Comentario por Nicolás Daniluk — julio 29, 2013 @ 8:46 pm

      • Yo sé que soy un pobre chobi de ocasión, que no corta ni pincha, pero qué pasa: Si bien soy un mero lector que ni siquiera tiene a mano el material -que demanda más re lecturas para su re construcción- opino que el texto de Guerra Lage es la “punta” por la cual “entrarle” al número nueve un lector que recién se acerca al Faulduomundo. Sí, bueno, ya sé que nadie me preguntó, pero si bien hay alguna fricción en estos comentarios, no hay en ellos pereza ni ilegibilidad (el comentario número 6 es más claro que el agua).

        Pero creo que es necesario el pensar meditativo. Entre los sesenta comentarios de este posteo del afamado Diego Agrimbau, podemos presenciar a lo que lleva la susceptibilidad ante la crítica. Cierto es que no he reparado en si aquella crítica fue perezosa o “vaga”, digamos. Pero a lo que quiero arrimar ese amistoso y sereno pensar meditativo, es a lo siguiente: No escalemos en la agresión. Aprendamos del pasado, miremos al futuro con el corazón. Y además, podemos pensar meditativamente si el alcance de una reseña debe explorar exhaustivamente cada recoveco. ¿Qué tan exhaustivo debe ser un pantallazo? ¿Hasta donde su intelección? ¿Comprará Arekasadaro Un Faulduo por una reseña extendida? En fin. Tenemos papa argentino, haya paz. En sueños interrogué a Pongodolfo y me dijo “Un Faulduo no es Spiderman, no jodamos.

        Comentario por jacinto larami — julio 30, 2013 @ 10:01 am

  7. Andrés,

    No te preocupes. Particularmente no es mi intención tratarte de “vago”, sino que creo que la crítica es “vaga” (o en realidad “perezosa”). La crítica como material en sí mismo, como interpelación me parece que tiende a la pereza.

    Saludos.

    Comentario por Nicolás Zukerfeld — julio 29, 2013 @ 9:53 pm | Responder


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