Cuadritos, periodismo de historieta

marzo 21, 2014

Apocalipsis Now – Entrevista a Mike Mignola

La entrevista, portada de la sección Cultura&Espectáculos de Página/12.

La entrevista, portada de la sección Cultura&Espectáculos de Página/12.

Un gusto de esos que el oficio permite una vez cada tanto: llamar a Mike Mignola y hablar hasta tener que decirle al tipo “perdón, se nos acabó el tiempo y usted tiene otra entrevista ahora, muchísimas gracias” (porque tampoco da robarle minutos al colega que venía después).

Mañana se festeja el “cumple” de Hellboy en todo el mundo y Mignola aborda la cuestión en esta extensa entrevista. También comentan el asunto los hermanos Max y Sebastián Fiumara, hoy dibujantes de Abe Sapien, y acompaña la producción una sentida columna de Leo Oyola. Para los gustosos del anclaje local, se recomienda buscar las referencias a la visita del editor y guionista Scott Allie al festival Crack Bang Boom del año pasado.

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“Estoy creando mi propio mundo fantástico en el infierno”

El célebre dibujante recorre las dos décadas de publicación y analiza el presente del niño-demonio, que peregrina por distintos círculos infernales. Mientras tanto, el mundo se acaba: “Venimos cocinando el Apocalipsis desde hace un largo rato”, señala.

Cuando un personaje de historieta cumple años, sus editores suelen producir algún tipo de material especial: aventuras clásicas, una recopilación editada con todos los chiches y hasta algún anuncio rimbombante sobre el futuro de la serie. Al que le toca cumplir años esta vez es a Hellboy, el niño-demonio creado por Mike Mignola y publicado durante veinte años por Dark Horse. El sello del caballito negro lanzará una edición especial de gran tamaño, con ilustraciones de las dos décadas, llamada Hellboy: the first 20 years, y completará con una celebración que se repartirá entre distintas ciudades de Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Argentina. En la escena local, donde OvniPress tiene la licencia del personaje y publica sus comics, el festejo será en el espacio Moebius, de la Galería Patio del Liceo (Av. Santa Fe 2729, local 13) mañana sábado a partir de las 17, con la presencia de los mellizos Sebastián y Max Fiumara (quienes dibujan la serie Abe Sapien, parte del universo “infernal”) y del escritor Leo Oyola (ver recuadros).

En entrevista exclusiva para la Argentina, de Página/12, Mignola recorre las dos décadas de publicación y analiza el presente del personaje, que peregrina por distintos círculos infernales mientras la Tierra se acerca a un Ragnarok que –advierte– no hay forma de evitar.

“Más que militancia, lo mío fue estar en el lugar correcto en el momento preciso”, dice Mignola.

“Más que militancia, lo mío fue estar en el lugar correcto en el momento preciso”, dice Mignola.

“La verdad es que nada salió como esperaba –reconoce Mignola–. Pensé que haría una historia y listo, capaz si funcionaba haría unas cuantas más, pero jamás imaginé que tendría spin-offs, muñecos, tomos recopilatorios y ni qué hablar de las películas que dirigió (Guillermo) del Toro.” Hellboy resultó ser un fenómeno difícil de medir: veinte años de historias cortas como parte de antologías primero, series y miniseries luego, títulos derivados, prestigio y reconocimiento para un autor que, afirman quienes lo conocen, no se siente del todo cómodo acaparando la atención de los fanáticos. “Lo increíble es que no me haya cansado –reflexiona el maestro de las sombras y los plenos negros en las viñetas–. Antes de él jamás había hecho ningún personaje con regularidad y el hecho de aún hoy poder disfrutarlo me sorprende, supongo que hice un buen trabajo al crearlo”, considera y confiesa que aunque a veces se alejó del demonio rojo y lo dejó en manos de otro guionista o de otro dibujante, siempre volvió porque lo extrañaba.

“Lo que sucedió cuando tuve que abrir el juego a otros autores es que por entonces estaba comenzando el trabajo en la segunda película y era muy difícil hacer las historietas y la preproducción del film todo a la vez, ¡sentía que no estaba haciendo nada bien! También pasó que se me había ocurrido un arco argumental enorme y me di cuenta de que no podía manejarlo solo, que necesitaba ayuda”, recuerda.

Muchos dibujantes y guionistas pasaron por las páginas de Hellboy y sus títulos derivados, algunos con la talla de Arthur Adams. Pero probablemente los más relevantes sean John Arcudi, Duncan Fegredo y Scott Allie, quien primero fue editor de la serie y ahora también hace los guiones de Abe Sapien. De visita en la Argentina, en agosto pasado, para el festival rosarino Crack Bang Boom, el propio Allie contó que se ganó su trabajo corrigiéndole una sombra a Mignola. El autor reconoce esto, aunque advierte que no fue decisivo. “Si sólo me hubiera corregido, no se hubiera ganado el puesto, lo importante fue que lo hizo pese a que lo habían prohibido –destaca Mignola–. La jefa le dijo ‘revisale sólo la ortografía’ y él vio algo que no cerraba en el dibujo y me lo dijo.” La anécdota ilustra lo enorme de la figura del historietista para ese momento. Hellboy era el mascarón de proa de la editorial y a nadie se le ocurría contrariar a su creador. “Pero yo necesitaba alguien que me ayudara a mejorar mi trabajo, no que me dijera que sí a todo.”

–Cuando creó Hellboy, Dark Horse estaba en crecimiento. En el mismo período en que otros autores también reivindicaron sus derechos, fundando Image. ¿Cómo recuerda esa época?

–Para mí jamás fue una decisión política. Ni tenía objetivos personales muy claros ni luchaba por mi propio material. Incluso, estaba muy cómodo trabajando para DC, pero la verdad es que sus personajes no me importaban nada. Sabía que podía trabajar con ellos, pero la verdad es que Batman no es mi estilo y un montón de tipos que conocía se iban para Dark Horse, así que me prendí. ¿Quería hacer Batman? ¿Aliens con superpoderes? ¡Me aburrían! Más que militancia, lo mío fue estar en el lugar correcto en el momento preciso. Seguro hubiera podido publicar Hellboy en otro lado, pero nadie lo hubiera notado. Si le prestaron atención fue porque al lado mío publicaba gente como Frank Miller o Arthur Adams. Ahí sí la gente prestaba atención.

Y la gente prestó atención: los críticos lo honraron con más premios Eisner, Harvey y Eagle de los que caben en una vitrina, nominaciones en los prestigios Hugo y dos films dirigidos por Guillermo del Toro. “Una gran experiencia”, considera el historietista, quien se deshace en elogios al cineasta, aunque mejor ni preguntarle por una posible tercera parte porque está harto de las manos levantadas en cada convención pidiéndole que responda una vez más que no tiene ni idea de si eso volverá a suceder. Eso sí, aclara que la primera estaba mucho más cerca de su obra, pero que igual tuvieron “grandes aventuras” con Del Toro, y reconoce que no sabe si la serie seguiría en pie de no haber sido por las dos películas. “Es increíble cuánta gente se acercó a leer después de que salieron”, acota.

–Las películas hacían menos hincapié en un costado muy importante de la serie: los mitos y el folklore. ¿Cómo los integraba al universo Hellboy?

–Descubrí pronto que si no me esforzaba por integrarlos y darles una explicación coherente, funcionaban mejor. Si trataba de hacer un plan racional, la cosa se venía abajo. Puede que en algún lado de mi cerebro todo se ordene, pero la verdad es que tampoco quiero sacarle la belleza al misterio explicando mucho cómo los mitos se conectan con el universo. Le toca al lector unir las piezas o descubrir las inconsistencias y preguntarse qué sucede ahí.

–Otro elemento inusual en Hellboy es que las peleas no duran mucho. Son sucias y cortas.

–Es gracioso, porque pese a eso mucha gente decía “bueno, pero al final lo arregla todo a los golpes”. Y no es así. Cuando armo la trama de una historia, sé que tengo que incluir cierta cantidad de acción. Pero a medida que fui creciendo, me fui aburriendo más y más de todas las peleas. La verdad es que me divierto más dibujando otro tipo de escenas de acción. No sé, el personaje saltando por una ventana, por ejemplo, o un derrumbe. Dos tipos que se pegan no me interesa mucho, aunque sea importante. Lo que más me preocupa al dibujar es el tono y el ambiente de la historia, en eso me concentro.

–Allí se nota la influencia de Lovecraft, entre otros autores.

–Ciertamente hay elementos lovecraftianos, pero no son tantos. Sí está en esta idea de los grandes poderes en segundo plano, pero también traigo cosas de muchos otros escritores del pulp, que me abrieron los ojos a un terror que no eran sólo vampiros y hombres lobo. El truco está en cuánto explica uno al lector. Yo soy muy cuidadoso en cómo compongo mis historias, me preocupo de no explicar de más ni quitarles la magia a los mitos que recorro. Lovecraft no explicaba. Otros que vinieron después sí, pero él no, hay toda un área gris que me encanta, cierta cosa incognoscible de los alienígenas.

–Ahora tomó una decisión poco habitual: Hellboy murió y está en el Infierno. Se viene el fin del mundo y no hay vuelta atrás. Es algo muy inusual para el comic comercial norteamericano.

–Venimos cocinando el Apocalipsis desde hace un largo rato. Marvel pretende seguir con sus personajes por muchos años, así que no puede hacerlo, pero nosotros sí. Desde el comienzo supe que esto iba hacia algún lado y luego terminaba.

–¿Eso no le cierra puertas?

–Me gusta la idea del Ragnarok, la de que un mundo termina para que otro comience. Así que este final puede dar origen a nuevas series, distintas. Al mismo tiempo, estoy creando mi propio mundo fantástico en el Infierno. Y la verdad es que mi mirada del Infierno puede ser infinita y que Hellboy puede pasárselas ahí para siempre y puedo tener innumerables historias ambientadas allí, así que no siento estar limitándome posibilidades. Con algo de suerte, cuando eso suceda y ya no tenga más historias, seguro estaré muy viejo y no me importará mucho.

–¿Y el universo que Hellboy deja atrás?

–Bueno, será muy interesante ver cómo termina. Porque sí se termina. No lo salvamos. Me gusta cómo desde el comienzo se plantearon algunos pequeños problemas que fueron emparchándose, o que crecieron un poco, y luego otro poco, hasta que es imposible arreglarlos. Ahora la Tierra sufrió tanto daño que ya es imposible dejarla como antes o reconstruir las ciudades, como pasa en otros comics. Estamos alterando el mundo tan radicalmente que lo convertimos en otra cosa. Eso no puede irse apretando un botón.

–Suena a parábola ecologista. ¿Es un tema que le interesa?

–Soy consciente del asunto, pero no me interesa mucho. Quizás influya en mis pensamientos un poco, pero creo que simplemente me gusta la idea de unos tipos peleando contra algo que en última instancia no pueden derrotar. Podrás arreglar alguna cosita, pero no volverlo al estado anterior.

–Volviendo al origen de Hellboy, cuando había hecho una historia corta de Batman. ¿Se imaginaba terminando un mundo?

–Esa historia era más de fantasmas, Batman no me importaba mucho. Al principio pensé en hacer un investigador de lo paranormal. Pero me iba a aburrir porque no dejaba de ser un hombre común y corriente. Ahí encontré el boceto con una criatura y el nombre. ¿Qué imaginaba? Que quería eso: historias fantásticas que me permitieran dibujar monstruos.

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El sueño que empezó en Facebook

Los Fiumara dibujan la serie regular dedicada a Abe Sapien. Foto: Carolina Camps.

Los Fiumara dibujan la serie regular dedicada a Abe Sapien. Foto: Carolina Camps.

“Llegamos porque le pedí amistad en Facebook a (Mike) Mignola”, confiesa con sonrisa entre tímida y pícara Max Fiumara. Enfrente, Sebastián, su hermano mellizo, lo mira con aprobación. Comparten un estudio cerca del Hospital Alemán con tableros de dibujo enormes y tabletas digitales igual de grandes. Se entremezclan tintas, lápices y papeles con los modelos con los que trabajan, como la estatuilla de Abe Sapien, el compañero de Hellboy, que les esculpió especialmente su amigo Pablo Blanco, y con la que terminan posando. “Al día siguiente me aceptó y comentó muchos de mis dibujos”, continúa su historia Max. “Mi primera reacción fue pensar ‘este no es Mignola’”, recuerda. El mítico dibujante miraba con aprobación sus trabajos junto a Joe Kelly en Four Eyes y los realizados junto al guionista Luciano Saracino para la antología De amor, de locura y de muerte, que adaptó a la historieta el clásico de Horacio Quiroga. “Lo de Spider-man casi ni lo miró.”

Mignola le ofreció trabajo y sus deseos, en Dark Horse, son órdenes. Si él dice “este pibe trabaja acá”, ese muchacho tiene páginas para dibujar. A Sebastián le llegó su oportunidad al poco tiempo. Nadie les cuestionó una línea ni les pasaron ningún instructivo. Si el creador de la serie los había llamado era porque tenían con qué hacerse cargo. “Igual uno mismo intenta elevar la calidad de su laburo, porque estás con Mignola y lo admirás tanto como dibujante que querés dar todo lo que tenés, aunque es evidente que ellos cuidan mucho todo estéticamente.”

Juntos, los Fiumara dibujan la serie regular dedicada a Abe Sapien, el –como lo definen– “amiguito de Hellboy”. Hasta su llegada al título, el personaje sólo tenía miniseries esporádicas y una participación constante en B.P.R.D., el título dedicado al grupo de investigación paranormal. “No sé si aprovecharon que quedó en coma para armarle su propia serie o si lo dejaron en coma para poder hacerlo, pero la cuestión es que se despierta mutado y no sabe cómo ni por qué”, explica Sebastián. El nuevo personaje mutado “está basado en un boceto de Mignola, pensando cómo sería Abe más monstruoso y menos humano”, completa Max y entre ambos explican que en la serie se lo relaciona con el fin del mundo y como un paso evolutivo para la humanidad.

La influencia argentina en la serie no se limita a las tintas de estos mellizos. Es que el editor y guionista Scott Allie decidió ponerle “Rosario” a una ciudad vinculada con el desarrollo del personaje, en recuerdo de su paso por la ciudad que cobija al festival internacional de historieta Crack Bang Boom. “Allie pide que dibujemos muchos perros callejeros, porque se acuerda de que, cuando vino, vio un montón.”

***

Beber en rojo

por Leo Oyola*

Mi maestro, Alberto Laiseca, defiende de forma acérrima y con gran amor a los monstruos. El me enseñó, entre tantas otras cosas, que la verdadera definición de la palabra no es la que privilegiaron diccionarios y el saber popular. Esa que especifica que estamos ante un engendro que va en contra del orden normal de la naturaleza. Puras macanas. El monstruo es algo único en su especie. El hecho de ser distinto lo vuelve original. Y lo que no es conocido para el resto de los mortales inspira en una primera instancia desconfianza, y en una segunda –y muchas veces inmediata– temor. El monstruo y el hombre una vez que tienen contacto ninguno de los dos vuelve a ser el mismo. Y he ahí otro de los preceptos de Lai y también de su obra: la humanización del monstruo. Hellboy comparte la mayoría de nuestros pecados y vicios. Le gusta la joda, la noche, fumar, emborracharse, mirar televisión. Compartiríamos mesa y nos amaneceríamos con él escuchando sus anécdotas. Sin embargo, ninguna de esas cosas son las que lo vuelven más humano. Todo pasa por el corazón de este personaje que no tiene ningún problema en meterse en el barro, en ir de lleno hacia lo oculto, para defendernos más allá de que nuestros actos cotidianos demuestren que no lo merecemos. Porque, como le narran de chico, “cuentan que en el inicio de los tiempos el hombre, la Bestia y los seres mágicos vivían juntos bajo Aiglin, el Arbol Padre. Pero el hombre había sido creado con una sombra en el corazón. Una sombra que ningún poder, conocimiento o posesión puede iluminar”. El corazón de Hellboy no posee esa sombra. Y por eso, después de haber conocido a este monstruo, ya nunca más volvimos a ser los mismos.

*Escritor

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