Cuadritos, periodismo de historieta

mayo 4, 2014

Multiplicación de mutantes

Filed under: Cómic USA,Noticias,Reseñas — Andrés Valenzuela @ 11:00 am
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Publicado en Página/12. Como es la habitual sección de crítica de historieta, también hay pequeñas reseñas y la columnita de noticias: argentinos en el Eisner, las primeras preventas y Perramus como premio Alija.

Multiplicación de mutantes

Los dos tomos publicados en la Argentina por OvniPress se sostienen en aquello que hizo grande en primera instancia a los mutantes de Charles Xavier: el buen manejo narrativo de los guionistas para hacer foco en los conflictos humanos de los personajes.

 

Si algo enseñó Volver al futuro, es que los viajes en el tiempo son peligrosos. Que al saltar al pasado cualquiera puede alterar la vida de una ciudad chocando en la esquina equivocada y que quizás es mejor no conocer a papá y mamá antes de su primer beso. Claro que el clásico de Robert Zemeckis no parece existir en el universo de los comics mutantes, así que esa es una lección que los X-Men jamás aprendieron. Eso lo atestiguan muchas de sus mejores historias (incluyendo Días del futuro pasado, pronta a llegar al cine) y lo repiten constantemente las múltiples iteraciones temporales en X-Men: La batalla del átomo, que recientemente editó en la Argentina OvniPress. Los dos tomos publicados por el sello local recopilan la saga que en Estados Unidos Marvel Comics espació entre All-new X-Men, Uncanny X-Men, Wolverine & the X-Men y los dos números especiales de Battle of the Atom.

X-Men: la batalla del átomo es una saga prototípica en muchos aspectos. Por un lado, porque se sostiene en aquello que hizo grande en primera instancia a los mutantes de Charles Xavier: el buen manejo narrativo de los guionistas (en este caso, Brian Michael Bendis) para hacer foco en los conflictos humanos de los personajes, antes que en el villano de turno o el siempre inminente fin de la existencia. Desde luego, aquí existe la sombra de un futuro aterrador, pero todas las disputas son hacia adentro de los distintos grupos mutantes. O mejor dicho, hacia adentro de los muchos grupos de X-Men de distintas eras que pululan en esta historia.

Allí hay otro elemento típico de las sagas mutantes: los viajes en el tiempo, que los personajes insisten en realizar, aunque la experiencia (o los guionistas anteriores) hayan demostrado que no son una buena idea. La historia acá puede enrevesarse un poco, así que es mejor dar una breve sinopsis: el colectivo mutante atraviesa un cisma y hay dos grupos de X-Men. Uno liderado por Cíclope, el otro por Wolverine. Bestia viaja al pasado para traer a los X-Men originales, confiando en que éstos puedan traer algo de sensatez y de la inocencia perdida a sus contrapartes actuales. Hasta allí, tres equipos-X. Pero luego llega desde el futuro un grupo más de X-Men, para advertir que si esos chiquilines/originales no se vuelven a su tiempo, se pudre todo. El resultado es una mezcolanza totalmente excesiva de mutantes de todos los tiempos y lugares, algunos de ellos (como Iceman o Bestia) repetidos hasta tres veces, y con no menos de tres grupos (sobre cinco, luego aparece otro más) X-men en una misma escena.

Lo extraño del asunto es que Bendis y sus varios adláteres se las arreglan para que la lectura resulte clara y prolija sin perder épica. Aquí destacan el notable Stuart Immonen y el excepcional canadiense Chris Bachalo, quienes tienen el don de la buena narrativa, la composición juiciosa de los paneles y, desde lo estilístico, la virtud de no dibujar a las superheroínas siliconadas cual vedetongas.

El guionista machaca constantemente con las referencias para que el lector no se pierda. En su publicación original esto funciona mejor que en la recopilación, donde resulta algo redundante, pero aun así, dentro del género de superhéroes, Bendis y compañía construyeron una de las sagas más redonditas desde Guerra Civil, hace ya siete años.

Desde luego, allí hay otro motivo por el cual La batalla del átomo es prototípica: sigue el modelo de Marvel en el que cada saga parece cambiar el statu quo de su universo ficcional, pero en el fondo casi no cierra líneas argumentales ni cambia nada. Sólo se multiplican las series y los nuevos problemas que darán lugar a nuevas sagas. Porque como con los genes mutantes, siempre hay un superpoder nuevo y otra revista para vender, aunque haya que viajar en el tiempo para hacerlo.

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