Cuadritos, periodismo de historieta

septiembre 27, 2009

Leche con vainillas después de la escuela

Laura Vazquez Hutnik, durante la presentación de Historias Corrientes en Unicomic

Laura Vazquez Hutnik, durante la presentación de Historias Corrientes en Unicomic

En Oficio, arte, mercado, de próxima aparición, Laura Vazquez Hutnik explora la historieta argentina entre 1968 y 1984. De su ensayo (se habló aquí en Cuadritos) se desprende que ese período fue clave en la confirmación de la etapa actual del medio. Sin embargo, muchos dibujantes jóvenes apuntan a los ’90 como nodal en la presente configuración editorial. La investigadora defiende su elección. Aunque no desconoce el papel fundamental del menemato, destaca la importancia del período que estudió. “A partir de la segunda mitad de la década del setenta y con mayor énfasis durante la siguiente, la producción nacional de historietas sufre cambios trascendentes”. A esos cambios se abocó su trabajo.

¿Investigará entonces la década del 90?

– No es mi objetivo actual, ya que estoy comprometida con una investigación biográfica, pero no lo descarto. Aunque allí se mezclan cuestiones personales. Como investigadora y crítica, me resulta difícil abordar un período en el que muchos de mis afectos están involucrados. Es como estudiar tu propio entorno: si puedo establecer la famosa vigilancia epistemológica bourdiana, lo haré. Sino, una generación más joven de estudiosos que pueda mirar los ’90 de otra manera, podrá hacerlo. Todavía para mi son muy cercanos.

Además de su faceta de investigadora, y aunque asegure que “sólo es un hobby”, Vazquez Hutnik dedica parte de su tiempo a los guiones de historieta. Con ellos ya colaboró con Dante Ginevra, Federico Rübenacker y, ahora, Alejandra Lunik.

Sus historias parecen tender a la cotidianeidad, por un lado, y por otro, al relato fragmentado, ¿lo ve así?

Es una buena apreciación. No sé si se trata de algo que voy a mantener, pero en los guiones que publiqué es una característica fuerte. Salió de manera bastante inconsciente. Escribo guión en mis ratos libres y la única manera que tengo para hacerlo es contar en pocas imágenes una idea y armar un buen remate. Siempre me imagino la historia filmada, como en un videoclip, escena tras escena. No podría armar un personaje sin “verlo” antes en mi cabeza. Lo mismo las situaciones. Y como son realistas pasa casi todo de la calle. Una mujer gorda en el supermercado puede terminar siendo la panadera de Entreactos o el enano de Fierro pudo haber sido un tipo muy feo al que se le paró la pija en público. Esas cosas existen, si terminan siendo surrealistas es porque las saco de contexto o las exagero, nada más. No hace falta crear un gigante color violeta de cuatro cabezas decapitadas para usar  un cacho la imaginación, ¿no? (more…)

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