Cuadritos, periodismo de historieta

agosto 12, 2016

“No me siento en plan cursi”

Otero es una de las invitadas de CBB7.

Otero es una de las invitadas de CBB7.

“Cuando volví a la historieta estaba medio desconectada, no sabía cómo volver, sentía que se me había pasado el tren después de haberle dicho que no a un libro”, recuerda la ilustradora e historietista Sole Otero. Se alejó del mundo de las viñetas durante 2009 y 2010 para terminar la carrera de diseño textil y cumplir con distintos encargos que debía ilustrar. Por entonces rechazó llevar al papel Sólo le pasa a Sole, publicada originalmente en el portal Historietas Reales y desde entonces no hay historietas suyas en papel en Argentina. De hecho, su primer libro en la disciplina llegó de manos de la editorial española La Cúpula.

“Era joven, tenía 27, pero yo sentía que estaba re pasada, re vieja”, recuerda. Pero entonces retomó Chicks on comics, comenzó con La pelusa de los días, que terminaría por instalarla y darle notoriedad internacional, y así retomó ritmo con las historietas. Ahora que la Pelusa es libro, prepara una novela gráfica que sí será publicada en el país y desarrolla un nuevo webcómic: Siempre la misma historia.

“Las Sólo le pasa a Sole de 2012 y 2013 son más directamente autobiográficas, después hice una especie de separación mía del personaje y aunque ya reflejaba lo que me pasaba, no era tan directo”, señala. “También hice una unificación de amigos para que queden dos o tres estereotipos de amigos de Pelusa”, analiza. Esos cambios –cuenta­- son producto de una visita al museo de Schultz en California.

Para Otero, la autobiografía sigue vigente, pero como “autoficción”. “Tomo lo que me pasa y lo generalizo a través de un personaje, es contar algo que pasó dándole una vuelta de tuerca para alejarlo de mí y acercarlo al lector”. En algunas tiras de Pelusa, incluso, dejó de contar cosas que le sucedían a ella y empezó a incluir anécdotas de amigas y conocidos. “También tuve que exagerar un montón de cosas que me pasaban, incluso cosas que sentía medio superadas pero las hacía para reflexionar sobre lo que había trabajado en terapia o en la vida”, comenta. “Hasta me pasó que me preguntaron si me costaba organizarme, porque Pelusa es muy enquilombada, cuando en realidad yo soy bastante ordenada. Pasa que uno trabaja sobre lo que le genera conflicto”.

En Siempre la misma historia Otero se permite ser más dura y hablar de otros temas.

En Siempre la misma historia Otero se permite ser más dura y hablar de otros temas.

En su nueva tira, Otero adoptó un tono más ácido, por momentos incluso soez, que contrasta con su trazo delicado. “El tono de La Pelusa se me había vuelto muy políticamente correcto, muy suave, y tenía ganas de subir el volumen”, confiesa. Un contraste similar ya lo había explorado en Salita roja, una tira de tres niñas de clases sociales distintas en un jardín de infantes, donde trataba temas durísimos. “Esa dureza es algo que también tengo”.

En Siempre la misma historia Otero se permite chistes más subidos de tono y también deslizar algún comentario político. “Meter otros personajes te permite hacer eso que en Pelusa no podía, con los cuentos puedo igual hablar de cosas que siento mías y analizar el rol de los personajes en sus cuentos”, considera.

La Pelusa llegó al libro y tiene otros proyectos, pero igual produce nuevas tiras.

La Pelusa llegó al libro y tiene otros proyectos, pero igual produce nuevas tiras.

¿La única dificultad de los cuentos? Que muchos no los conocen. “Salvo las adaptaciones de Disney, muchas veces la gente no los conoce, no saben qué pasó, con el de Ricitos de Oro por ejemplo algunas amigas me escribieron para decirme que no lo habían entendido”. A pesar de lo que dicta la intuición, advierte, “hay más gente que no sabe de cuentos de hadas que gente que sí”.

El contraste entre dibujo y tono del chiste, en cambio, no parece suponerle ningún obstáculo, aunque fluya más natural en La Pelusa de los días. “Lo que pasa con ese tipo de dibujo y el tono tan suave y dulce, es que tiene que ver conmigo pero termina atrayendo lectores que no son exactamente los que estoy buscando”, confiesa. “Comparten mis cosas diciendo ‘ay, qué dulce’ y yo no me siento en ese plan medio cursi, quiero salirme de eso”. Por momentos, reconoce, Otero se siente encasillada por su propio público. “Más allá de que no tiene nada de malo que me imaginen corriendo por la pradera tirando flores, quería salirme de eso”.

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